viernes, 9 de septiembre de 2011

Monumento al Cacique Maracay o el calvario silencioso del patrimonio artístico urbano (I)

Monumento al Cacique Maracay, posiblemente hacia la década de 1960 (Foto col. M. Ruffino, extraída de Maracay Forever).


El barrio Brisas del Lago amaneció el pasado 4 de septiembre sin la presencia de su habitante más conspicuo: el cacique Maracay. Desde siempre destacó en el barrio su imagen solitaria oteando el horizonte del lago Tacarigua, sin que, en el transcurso de más de medio siglo, el mítico personaje pareciera preocupado por su integridad física, aun cuando a comienzos de la década de 1970 ya le habían sido sustraídos su arco y sus flechas. Aparte de sus perdidos implementos de caza y de guerra, sólo se echaba en falta por esos años lo que parece haber sido una pequeña placa metálica sobre su moderno pedestal, el cual también era el hermoso surtidor de una fuente que, por cierto, a la vuelta de poco más de una década de inaugurada, acusaba abandono.

Monumento al Cacique Maracay, en 1971 (Foto col. A. Fernández, extraída de Maracay Forever). 


Recientemente el lago, reclamando sus espacios de otros tiempos, agregó este monumento a sus islas, y, rodeada de agua y de bora por todas partes, la figura del cacique se hizo en la distancia más solitaria y vulnerable.

Monumento al Cacique Maracay, en octubre de 2010 (Foto de D. Diez, extraída de Maracay Forever).


Dicha obra, tan emblemática al sur de la ciudad como el toro de Las Delicias al norte, no escapó esta vez a la barbarie: al resguardo de una madrugada dominical, la mole de bronce, con 4 metros de envergadura y 800 kilos de peso, fue desprendida y sin duda dejada caer desde lo alto de su pedestal. Cuarenta y ocho horas después, emprendida su búsqueda luego de cursada la denuncia por parte de los residentes del barrio, la estatua fue encontrada a corta distancia de su emplazamiento, sumergida a metro y medio de profundidad. Su brazo izquierdo, el que una vez sostuvo el arco y las flechas antaño robadas, ha sido amputado y desaparecido, y su brazo derecho muestra cortes que hacen pensar en un trabajo dejado a medias (Ontiveros, 2011). Hay que decir que la rápida reacción de la Secretaría de Patrimonio Histórico de la Gobernación de Aragua y del Comando de Guardacostas de la Fuerza Armada -con el apoyo de cuadrillas vecinales- evitó lo que pudo ser un mal mayor: la total segmentación de la obra en trozos transportables, y su daño irreversible o su desaparición definitiva.







Proceso de rescate y traslado a la Base Sucre de la escultura luego de su localización bajo las aguas del lago, el 06 de septiembre de 2011 (Fotos de El Siglo. La quinta es de El Periodiquito).


La coordinadora de la Secretaría de Patrimonio Histórico, Amalia Preziuso, declaró a la prensa que la escultura, hoy bajo custodia en la Base Aérea Mariscal Sucre, será reubicada en el término de unos dos meses en la Plaza El Ancla (cruce de las avenidas Mérida y Constitución), para lo cual se construirá un pedestal similar al actual. La reubicación favorecería, según Preziuso, el reguardo de la obra del vandalismo, así como su mantenimiento (Otaiza, 2011).

Escultura del Cacique Maracay (IPC, 2006).


Hasta aquí todo bien dentro de lo que cabe, pero quedan en el aire fuertes inquietudes: ¿la escultura será restaurada?, y en tal caso, ¿quién se encargará de la restauración? Por otra parte, ¿dos meses son suficientes para poner la estatua a punto en términos cualitativos y hacer una digna réplica del pedestal?

La obra se atribuye a Alejandro Colina, pero, a menos que esté firmada, la marcada diferencia estilística con otras realizadas por este escultor en la misma época siembra dudas al respecto. Ello no impide, sin embargo, reconocer su valor artístico y su significación patrimonial, factores que determinaron su inclusión en el Registro General del Patrimonio Cultural Venezolano, y por tanto su amparo bajo la Providencia Administrativa 012/05, la cual, en su artículo 21, determina que “toda intervención de los bienes culturales inscritos en el Registro General del Patrimonio Cultural que pudiera afectar los valores que motivaron su inclusión en el mismo, deberá ser previamente autorizada por el Instituto del Patrimonio Cultural [IPC]”… La cuidadosa selección de quien haya de encargarse de la restauración de la obra tiene que ser, entonces, absolutamente prioritaria. Deben confluir en esa persona el conocimiento, la experiencia y el talento, y es preciso que la misma cuente con el aval del IPC. Conviene asimismo advertir que la escultura se encuentra estrechamente vinculada al pedestal-fuente concebido para soportarla. De hecho, es posible que los altorrelieves que lo adornan sean obra del mismo autor. Por último, importa recordar que la redoma conformada por el conjunto escultórico (estatua y fuente) -conocida como Redoma El Indio- ha sido igualmente incluida en el Registro y en consecuencia es también sujeto de la mencionada Providencia (IPC, 2006).

Redoma El Indio en 2009 (Foto de D. Diez, extraída de Maracay Forever).


El artículo 7 de la Carta Internacional sobre la Conservación y la Restauración de Monumentos y Conjuntos Histórico-Artísticos (Carta de Venecia, 1964) señala que un monumento es inseparable de la historia de la cual es testigo y del lugar en el que está ubicado, de manera que el desplazamiento de todo o parte de él sólo puede consentirse cuando lo exija su salvaguarda. El artículo 8 del mismo documento dispone que “los elementos de escultura, pintura o decoración que son parte integrante de un monumento sólo pueden ser separados cuando esta medida sea la única viable para asegurar su conservación”. Es probable que, tal como se presentan las cosas, las circunstancias obliguen la desarticulación entre el bronce del cacique Maracay y el pedestal-fuente que lo complementa. A la vista está que se trata de la medida más viable, por lo menos hasta que estén garantizadas las condiciones de preservación del monumento como un todo en su emplazamiento inicial, para lo cual tal vez haya que esperar unas cuantas décadas. Mientras tanto, es obligación de los organismos competentes (IPC, Gobernación del Estado Aragua y Alcaldía de Girardot) procurar y velar también por la conservación del pedestal-fuente original.

Este caso de agresión al patrimonio de los maracayeros, impactante por la significación del monumento y por el brutal ensañamiento de que ha sido objeto, no es en modo alguno singular. Representa más bien -y perdón por el lugar común- la punta del iceberg. En próxima entrada se hará un recuento somero pero sustancial de otros actos lesivos a la estatuaria urbana -por comisión o por omisión- que quizá constituyan sin que nos percatemos el caldo de cultivo para la progresiva destrucción de nuestros bienes culturales.


FUENTES:

Carta Internacional sobre la Conservación y la Restauración de Monumentos y Conjuntos Histórico-Artísticos (Carta de Venecia). (1964). [Documento en línea]. Disponible: http://www.icomos.org/ [Consulta: 2009, Noviembre 12].

Insólito: encontraron la estatua del Indio Maracay en el Lago de Valencia, después del robo (2011, Septiembre 06). Noticias24. Disponible: http://www.noticias24.com/actualidad/noticia/312274/antisociales-remueven-estatua-del-indio-maracay-y-la-dejan-abandonada-en-el-lago-de-valencia/

Instituto del Patrimonio Cultural. (2006). Municipios Girardot y Linares Alcántara, estado Aragua [Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano. Oriente: AR 03-17]. Caracas: Autor.

Maracay Forever. (2008?). [Página Web en línea]. Disponible: http://www.facebook.com/group.php?gid=7923738725 [Consulta: 2011, Septiembre 7].

Providencia Administrativa N° 012/05 (Instructivo que regula el Registro General del Patrimonio Cultural Venezolano y el manejo de los bienes que lo integran). (2005, Junio 30). Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, 38.237, Julio 27, 2005.

Ontiveros, J. (2011, Septiembre 7). El Indio permanecerá resguardado en Base Sucre. El Aragüeño [Periódico en línea]. Disponible: http://w.w.w.el-aragueno.com.ve. [Consulta: 2011, Septiembre 7].

Otaiza, J. (2011, Septiembre 7). Vecinos hallaron las plumas perdidas. El Aragüeño [Periódico en línea]. Disponible: http://w.w.w.el-aragueno.com.ve. [Consulta: 2011, Septiembre 7].

Trimarchi, K. (2011, Septiembre 07). ¡Sobrevivió el Cacique Maracay!: Rescatado El Indio de las aguas del Lago, sin parte de un brazo y sin el penacho. El Siglo. En: Aragua Sin Miedo. Disponible: http://asmenlinea.blogspot.com/2011/09/sobrevivio-el-cacique-maracay-rescatado.html

martes, 6 de septiembre de 2011

Apartamientos judíos en el cementerio “La Primavera” de Maracay (I)



Plano de "La Primavera" de Maracay. Los rectágulos rojos señalan la ubicación aproximada de los dos apartamientos judíos existentes en dicho cementerio. Las líneas blancas delimitan áreas que pertenecieron a este recinto funerario y que en los últimos años han sido ocupadas por desarrollos urbanísticos espontáneos y planificados.


Un artículo sobre la muerte en el judaísmo (Muerte, s.f.) señala que cuando los judíos llegan a cualquier lugar de la diáspora (1) una de sus primeras preocupaciones en la organización de la vida comunitaria es asegurar un lugar digno para enterrar a sus muertos, para cuyo efecto se suele buscar un lugar cercano al núcleo de población (s.n/p).

Acosta (2006, p.46) extrae por su parte la siguiente cita de la página Web del “Centro Comunitario Lamroth Hakol, de Argentina:

Un judío debe ser sepultado en un cementerio comunitario judío. Este acto manifiesta que así como uno quiso ser parte de la comunidad en vida, quiere seguir siendo parte de la misma aún después de su muerte…Los cementerios comunitarios judíos -a diferencia de otros cementerios privados-no son propiedad de inversores particulares, por lo tanto no tienen fines de lucro. El dinero que ingresa se redistribuye totalmente en la comunidad, para ayudar a familias e instituciones necesitadas. Ningún judío deja de ser enterrado en un cementerio comunitario por no tener medios para pagar… los únicos cementerios que pertenecen a la comunidad judía organizada y que se consideran judíos por estar bajo la supervisión rabínica, conforme a las normas de la tradición judía.

Ambos textos pueden tal vez explicar la presencia de dos apartamientos judíos (2) en “La Primavera”, un cementerio de carácter general, y por tanto abierto a diversas profesiones de fe y corrientes de pensamiento. Si bien el primer apartamiento data de la década de 1930, años críticos en la dilatada historia del pueblo hebreo, el segundo habría comenzado a funcionar hacia la década de 1970 (veintidós años después de la creación del Estado de Israel luego de culminada la segunda guerra mundial), según puede colegirse de la lectura de las fechas de fallecimiento entre las lápidas que se conservan en ambos apartamientos: la fecha más tardía observada en el primero es la de Hudie Edelstein, 1968; la más temprana en el segundo corresponde a Sose de Rosentul, 1971. De manera que, aun considerando una eventual actitud discriminatoria por parte de las autoridades municipales en Maracay durante los años 30 y 40 del pasado siglo, la existencia del segundo apartamiento no deja de restar fuerza a la posibilidad de una motivación involuntaria para la creación de los apartamientos en cuestión por parte de la comunidad judía local.

Estos recintos son de reducida superficie, están confinados por cercas y puertas en herrería artística de extrema sencillez, poseen monumentos modestos y carecen de imágenes religiosas. En tal sentido son reflejo de las costumbres funerarias del pueblo hebreo y de la comunidad judía local, y como tal poseen significación especial dentro del conjunto de bienes culturales del cementerio “La Primavera”.




Detalle de la herrería artística de forjado que delimita el apartamiento judío más antiguo (posiblemente de la década de 1930). Se trata de un enrejado de sencillo diseño compuesto de barras de hierro con puntas entorchadas y sujetas por pletinas perforadas, y de volutas simples fijadas mediante abrazaderas.


A propósito de dichos recintos, es oportuno señalar que en el judaísmo existen normas precisas que rigen el ritual funerario, y que en general han sido seguidas por la comunidad profesante de esta fe en Venezuela.(3)

Señala Bodrodowski de Adaszko (2006) que el código de la Ley Judía o mishná dicta la colocación en el piso de la persona fallecida para acercarle a la tierra de donde proviene y habrá de retornar. Se cierran los ojos y la boca, y sus manos y brazos son extendidos y dispuestos a cada lado del cuerpo, el cual se cubre con una sábana pues se considera deshonrosa la exhibición del cadáver (Fallecimiento, s.f.). Se coloca una vela encendida cerca de su cabeza en señal de respeto a su alma y para facilitar el ascenso de la misma al cielo. Se procede luego al lavado del cuerpo del mismo modo en que es lavado al nacer, labor a cargo de los miembros de la sociedad piadosa (Jevrá Kadishá) de la comunidad. Luego de un lavado meticuloso – proceso que incluye el corte de uñas y el peinado, pero que no admite el maquillaje-, el cadáver se coloca en una mortaja en señal de igualdad ante la muerte entre todos los seres humanos, y a objeto de ser sepultado directamente en tierra de acuerdo con lo escrito en Génesis (3:19): …”ya que polvo eres y al polvo volverás”. Por esta razón la ley judía prohíbe la sepultura en mausoleos y la cremación. En países donde la legislación no permite el enterramiento directo (como es el caso de Venezuela), se recurre al uso de ataúdes en madera de pino, poco resistentes a los agentes naturales de desintegración o se les practica orificios para favorecer la acción de dichos agentes y la integración de los restos a la tierra (Muerte, op.cit.; Bodrodowski de Adaszko, op. cit.).

Salvo en casos de excepción, debe procurarse el enterramiento lo antes posible, preferiblemente el mismo día del fallecimiento (Fallecimiento, op. cit.). En el cementerio se lleva a cabo una breve ceremonia donde se manifiesta la aceptación de la Justicia del Decreto Divino (Tziduk Hadin) y el rabino reflexiona sobre la muerte y la persona fallecida. Seguidamente se realiza a los dolientes directos mayores de 12 años la rasgadura de sus ropas (Keriá o Kriá) en señal de dolor y angustia por la pérdida del ser querido. Luego de la aceptación, por parte de los dolientes, de los designios divinos mediante el recitado del Kadish (plegaria que culmina con las palabras…”el que hace la paz en las alturas nos dará la paz a nosotros”; Muerte. op.cit., s.n./p.), se procede de inmediato al enterramiento y despedida. No se acostumbra colocar flores por ser éstas símbolos de vida, hecho que puede explicar la ausencia de floreros en la mayoría de los monumentos funerarios observados en los apartamientos judíos de “La Primavera”. Cumplido el mes de fallecimiento –e incluso la primera semana- puede colocarse una losa (Matzevá) en el lugar de sepultura, pero se acostumbra hacerlo más bien al cabo de un año, ocasión en que culmina el duelo y se rinde homenaje (Iortzait) al difunto o difunta. La piedra es considerada un símbolo de respeto y afecto pues mantiene vivo el recuerdo de la persona fallecida (Muerte, op. cit.; Bodrodowski de Adaszko, op. cit.).

Señala el primero de estos últimos autores que, más allá de la colocación de la Matzevá, en los cementerios judíos no se hacen monumentos funerarios, lo cual no concuerda con su presencia en los apartamientos del cementerio maracayero. En todo caso, tal como anota Bodrodowski de Adaszko, éstos no deben ser ostentosos, y, a pesar de la oposición de los religiosos en extremo, además del nombre del difunto o difunta y la fecha hebrea de fallecimiento, el epitafio puede incluir el nombre secular y la fecha gregoriana de deceso. El empleo de imágenes humanas en las sepulturas se considera una violación al segundo mandamiento (“no harás para ti escultura ni imagen”), y aunque la presencia de un retrato del difunto o difunta no está prohibido, es en cambio considerado de mal gusto (op. cit.), por lo que es posible que el referido precepto haya estigmatizado su uso en “La Primavera”.




 Obelisco a la cabecera de uno de los monumentos funerarios presentes en el apartamiento de mayor antigüedad. Además de la estrella de David, muestra inscripciones en hebreo y español, así como las fechas gregorianas de nacimiento y deceso.


Los dos apartamientos, denominados “Panteón de la colonia [judía]” en los libros de inhumaciones de "La Primavera", se localizan muy próximos uno del otro en el sector centro-oriental del cementerio y presentan una morfología similar: una planta rectangular confinada, con un solo vano de entrada guardado por una puerta metálica a dos hojas. Dicho vano comunica desde el exterior a un espacio con un mesón (donde se coloca el ataúd durante la ceremonia previa al enterramiento), transpuesto el cual se llega al área de sepulturas propiamente dicho. Ambos lucen muy descuidados y muestran señales serias de vandalismo, reflejado en la sustracción de lápidas y del material de revestimiento de los monumentos.




Pórtico del apartamiento judío más reciente (posiblemente de inicios de la década de 1970). Al centro se divisa el mesón para la ceremonia previa al enterramiento.



NOTAS:

(1) Voz griega que designa la dispersión del pueblo hebreo a través del mundo en el siglo II de la era cristiana (García-Pelayo y Gross, 1979).

(2) Se utiliza en este trabajo el término apartamiento en la acepción de “acción y efecto de apartar o apartarse” (Real Academia Española, 2001), a fin de diferenciar estos espacios confinados (no necesariamente de forma involuntaria) de otros existentes en “La Primavera”, como el Mausoleo de Juan Vicente Gómez y el Panteón del Aviador Caído, también separados del resto del cementerio por muros o rejas, separación que, sin embargo, no connota una motivación religiosa.

(3) De Lima (2005) muestra el caso excepcional del Cementerio Judío de Coro, en el cual son frecuentes las imágenes religiosas católicas como posible resultado de la integración a la sociedad local -no siempre voluntaria- de la comunidad judía sefardita radicada en la capital falconiana.



FUENTES:

Acosta, M. (2006). La dinámica de la simbología funeraria: Transformaciones materiales en el cementerio judío de Linniers. Acervo [Revista en Línea], 5(1), 42-55. Disponible: www.acervohistoricozulia.com/descargas/acervo_rev1-vol5.pdf [Consulta: 2010, Febrero 18].

Bodrodowski de Adaszko, S. (2006). Historia, rituales religiosos, costumbres, leyendas y preceptos en los entierros judíos. Acervo [Revista en Línea], 5(1), 56-72. Disponible: www.acervohistoricozulia.com/descargas/acervo_rev1-vol5.pdf [Consulta: 2010, Febrero 18].

De Lima, B. (2005). Dolor y amor, ángeles y plañideras: Cementerio judío de Coro. Apuntes [Revista en línea], 18(1-2), 56-69. Disponible: http://revistas.javeriana.edu.co/sitio/apuntes/sccs/tabla_contenido.php?id_revista=30 [Consulta: 2009, Octubre 9].

Fallecimiento. (s.f.). [Artículo en línea]. Disponible: http://www.kehilacordoba.org/_sentir_ciclodelavida_fallecimiento.asp [Consulta: 2011, septiembre 4].

García-Pelayo y Gross, R. (1979). Pequeño Larousse Ilustrado. Buenos Aires: Ediciones Larousse.

Muerte. (s.f.). [Artículo en línea]. Disponible: http://www.sefarad.as/ciclovi/muerte.htm [Consulta: 2011, Agosto 29].

Real Academia Española. (2001). Diccionario de la Lengua Española (22ª. ed.). [Libro en línea]. Autor. Disponible: http://buscon.rae.es/draeI/ [Consulta: 2011, Septiembre 5]

sábado, 20 de agosto de 2011

La Casona de La Trinidad: epicentro patrimonial mariobricense. La Colina La Trinidad y el campo agrícola experimental.



COLINA LA TRINIDAD


Estribación de la cadena montañosa del litoral central que se adentra en sentido norte-sur sobre un valle coluvio-aluvial delimitado por el parque nacional Henri Pittier, el primero decretado en el país (1937), y cuyas tierras pertenecieron antaño a la hacienda La Trinidad.





Vista de la colina La Trinidad en su vertiente noroeste, desde la avenida Universidad (Foto Asociación Civil Hacienda La Trinidad, 2005)


Esta colina alcanza una altura de 572 m. sobre el nivel del mar (y de apenas 120 m. sobre el nivel del valle) y en ella se asienta la casona de la referida hacienda, construida allí hacia 1740 para mantener una conveniente visualización de las tierras y las labores agrícolas. Desde su cúspide se obtiene una magnífica panorámica de sus alrededores, así como de Maracay y del lago de Valencia (antiguamente conocido como lago Tacarigua).




Vista de la Casona sobre la colina La Trinidad (Foto Vicente Amengual Sosa, 1975ca.).


Actualmente predomina en ella una vegetación gramínea, la cual sufre con frecuencia la acción del fuego, aunque un vestigio boscoso en su ladera suroeste permite suponer una cobertura original con especies arbustivas semi-deciduas, tal como puede constatarse en colinas similares y cercanas, y menos intervenidas (Asociación Civil Hacienda La Trinidad, s.f)

Aparte del ya comentado atractivo panorama sobre la ciudad y el lago que permite esta colina, la misma es también representativa del valor espiritual que posee El Limón para comunidades de diversas profesiones de fe y corrientes de pensamiento. Al respecto, en Arvelo (2003, pp. 210-211) puede leerse lo siguiente:

Hay quien dice que El Limón y sus alrededores poseen una energía especial, [y que] tal vez por ello, de propósito o casualmente, se concentren en el área tantos grupos, sociedades e instituciones que de algún modo tienen que ver con la salud corporal, el fortalecimiento del espíritu y el rescate de los conocimientos y valores ancestrales del ser humano, en la búsqueda de una mejor forma de vivir, sana, sabia y armónica, consigo mismo y en relación con su entorno social y ambiental…. El hermano Moor nos informa que “por el movimiento de precisión equinoccial de la tierra, ésta cambió de polo magnético. Esto sucede cada dos mil quinientos noventa y dos años, y por ello ya se está manifestando el geomagnetismo en El Limón. Se comenzó a manifestar a finales del año 1948, por eso es que el hermano La Ferrier fundó la Gran Fraternidad aquí. Sin embargo el proceso es largo para que lo podamos ver y sentir en su totalidad, nosotros los seres humanos, que sólo vivimos 100 años. Este proceso aún no se ha manifestado en su plenitud. Pero ya se siente aquí… es tal el magnetismo de El Limón que estudiosos de esta materia, entre los que está el Soami Tilaa, que nunca habían venido por esta parte del mundo, nos han visitado ya, atraídos por la emanación magnética que existe y se siente ya en nuestro Limón”.

Un artículo de prensa del astrólogo José Hernández, publicado en dos partes en el diario El Nacional (06 y 13 de septiembre de 1998) ya daba cuenta de esta circunstancia al anunciar y explicar las razones por las cuales entre el 20 y el 23 de septiembre de ese año El Limón sería centro de celebración en Venezuela del evento “III Kumbha Mela en América, peregrinaje por la paz”. Dado el interés de dicho artículo en relación al valor espiritual del área montañosa que rodea El Limón - a la cual pertenece la colina La Trinidad-, sus dos partes son transcritas en las notas (1) y (2), respectivamente.



CAMPO AGRÍCOLA EXPERIMENTAL

De este modo se identifica una porción de tierras de alta calidad agrícola en el costado sureste de la colina La Trinidad que pertenecieron a la antigua hacienda La Trinidad, y que en 1936, luego de la muerte de su entonces propietario, el general Juan Vicente Gómez, pasaron a manos del Estado.

Adscritas actualmente al Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas-INIA, estas tierras han sido utilizadas desde 1945 para producción agropecuaria de carácter experimental, con ciertas restricciones derivadas de la posible existencia en el área de sitios funerarios precolombinos, lo cual les confiere un valor agregado de carácter arqueológico y antropológico.




Vista parcial, desde la colina La Trinidad, del campo agrícola experimental en sentido norte-sur (Foto Asociación Civil Hacienda La Trinidad, 2004).


Testimonios sobre la existencia de restos enterrados de una arcada de acequia permiten suponer que este sitio estuvo sujeto a un sistema de cultivo bajo riego, tal vez para la producción de añil, rubro que dio prosperidad y fama a la hacienda durante la colonia. En la actualidad se encuentra subutilizado y sometido a una fuerte presión urbana.

La preservación de esta porción de tierras y su aprovechamiento apropiado en el contexto de La Casona y sus alrededores, contribuiría a la consolidación de un Sitio de Significación Cultural (3) sin parangón en el país.



NOTAS:

(1) El equinoccio de otoño y el Kumbha Mela (José Hernández. El Nacional, 1998, Septiembre 06).

En la parte más ancha del globo terráqueo pasa una línea imaginaria que a manera de cinturón atraviesa el planeta dividiéndolo en dos hemisferios: el norte y el sur. Ésta, conocida como el ecuador terrestre, al ser proyectada hacia el espacio toma el nombre de ecuador celeste, y a manera de localización, también separa los dos hemisferios en el espacio sideral. El equinoccio otoñal es un acontecimiento cósmico que tiene lugar cuando el sol, luego de haber permanecido por seis meses en el hemisferio norte, pasa por el ecuador celeste y cruza la línea divisoria haciendo su ingreso al sur, donde permanecerá hasta el equinoccio de primavera, el 21 de marzo. Es conocido desde tiempos muy remotos que en los días de los equinoccios y los solsticios (cuando el sol se ubica más al norte del hemisferio norte o más al sur del hemisferio sur), la tierra se coloca en ciertas posiciones angulares en el espacio que hace que las energías cósmicas sean más accesibles. Los sabios de la antigüedad realizaban prácticas de elevación espiritual en estas fechas y en lugares especiales conocidos como los puntos donde el torrente geomagnético tiene mayor asentamiento. Es así que el próximo miércoles 23 de septiembre tendrá lugar este hecho cósmico con posiciones planetarias que tienden a condensar las energías y a desencadenar situaciones que lleven hacia una purificación y restablecimiento del orden establecido. Es un buen momento para retomar el rumbo, para reiniciar el camino de retorno hacia la paz, para purificarnos de las impurezas… Conocedores de la importancia del equinoccio, y con la idea de trabajar por la armonía y la paz, el próximo miércoles 23 será el día central del III Kumbha Mela en América, peregrinaje por la paz. Evento que se viene realizando desde el día 20 en El Limón, Maracay, y que, dentro de la programación del mismo, en aquel día corresponde un baño ritual (de acuerdo a la tradición del Kumbha Mela) en el Parque Nacional Henri Pittier, en la zona de Las Cocuizas. La Fundación Cultural Gran Fraternidad Universal, fundada por Serge Raynaud de la Ferriere, presenta este evento como se hacía desde la más remota antigüedad: una vez cada doce años, cuando Júpiter se encuentre transitando por la constelación del Aquarius del zodíaco sideral. Se toma también en cuenta que, de acuerdo al traslado de los puntos magnéticos del oriente al occidente (de la India y el Tibet a los países andinos), este peregrinaje es de norte a sur, a diferencia a como se hacía en las anteriores eras astrológicas, cuando el hemisferio norte era la cima del desarrollo en todos los niveles. La era del Aquarius le corresponde al hemisferio sur y en particular a Suramérica. El equinoccio de otoño es una oportunidad para todos nosotros. Arropémonos de las fuerzas cósmicas para retomar el rumbo de armonía y de paz.

(2) Venezuela centro magnético de la nueva era (y II) (José Hernández. El Nacional, 1998, Septiembre 13).

Según estudios esotéricos, Venezuela es uno de los centros fundamentales de la nueva era de Aquarius, y como tal alcanzará un importante nivel de desarrollo e irradiación en aspectos espirituales, iniciáticos, artísticos, científicos, culturales, etc. El motivo principal es el traslado del polo magnético desde el extremo oriente del planeta (donde se había establecido durante miles de años) a la Cordillera de Los Andes. Es un cambio cíclico que explica el por qué del auge de las diferentes civilizaciones, las cuales alcanzaron un importante nivel de desarrollo en ciertos puntos del planeta: la inca en Perú, la maya en Centroamérica y México, así como la china, egipcia, greca, indostana, tibetana y en otros tiempos, la atlante, lemuria y mu. La ciencia reconoce el aumento del geomagnetismo en los Andes sudamericanos, especialmente en Perú y Bolivia. Luego de varios años de investigaciones de instituciones geofísicas, se declaró a ese país como el de más alto geomagnetismo en sus montañas, y el fenómeno poco a poco va en aumento. Para llegar a esa conclusión se tomó en cuenta el magnetismo terrestre, las corrientes telúricas, los comienzos súbitos de tempestades electromagnéticas, las alteraciones en el interior y en la corteza terrestre, los influjos exteriores al globo localizados en la alta atmósfera, las mareas atmosféricas y la radiación cósmica. Los principales asentamientos magnéticos están acompañados de un despertar espiritual. Es por eso que durante milenios, los centros de la espiritualidad están localizados en Oriente. Hay un estrecho paralelismo entre los lugares que han sido centros importantes de la espiritualidad y los puntos geomagnéticos. La era del Aquarius, en la cual acabamos de entrar, se manifestará en el continente sudamericano, y es aquí, en Venezuela, cumbre de la cordillera andina, donde también se encuentra El Ávila y otros centros importantes en los valles de Aragua, donde se desarrollará en todo su esplendor. Ese es el motivo por el cual la festividad milenaria de Kumbha Mela, que consiste en un peregrinaje que se realiza en las zonas magnéticas y bajo configuraciones cósmicas muy especiales, se va a realizar partiendo de El Limón, Maracay, para luego llegar a Quito, Ecuador, en el sector conocido como la Mitad del Mundo…. Pasamos por un período de transformaciones; al final de ello emergerá una nueva humanidad más evolucionada. Ya se perciben ciertos cambios y una corriente de despertar espiritual en nuestro país. No es una creencia, ni mucho menos de una religión en exclusivo. Es una tradición. Porque el ser humano, desde la más remota antigüedad, ha sido un buscador de los más altos valores.

(3) Según la Carta de Burra-Australia (ICOMOS, 1979), un Sitio de Significación Cultural es un lugar, área, terreno, paisaje, edificio o grupo de edificios con valor estético, histórico, científico, social o espiritual para las generaciones pasada, presentes y futura. La significación cultural se corporiza en el sitio propiamente dicho, en su fábrica [todo material físico de creación humana], entorno, uso, asociaciones, significados, registros, sitios relacionados y objetos relacionados. Los sitios [así concebidos] pueden tener un rango de valores para diferentes individuos o grupos…. Su conservación requiere el mantenimiento de un entorno visual apropiado y [de] otras relaciones [sitios y objetos relacionados] que contribuyan a su significación cultural…. De acuerdo con las circunstancias, la conservación puede incluir los procesos de retención o reintroducción de un uso, retención de asociaciones y significados, mantenimiento, preservación, restauración, reconstrucción, adaptación e interpretación, y generalmente incluye una combinación de más de uno de dichos procesos.



FUENTES:

Arvelo, Elías. (2003). Cuentos de un pueblo… para su pueblo. El Limón: Asociación Civil Hacienda La Trinidad.
Asociación Civil “Hacienda La Trinidad”. [Página Web en línea]. Disponible: http://haciendalatrinidad.org.ve/ [Consulta: 2011, Agosto 15].

Consejo Internacional de Monumentos y Sitios-ICOMOS (1979, Agosto 19). Carta de Burra (Carta del ICOMOS Australia para Sitios de Significación Cultural).

Hernández, José. (1998, Septiembre 06). El equinoccio de otoño y el Kumbha Mela. El Nacional (Caracas, Venezuela).

Hernández, José. (1998, Septiembre 13). Venezuela centro magnético de la nueva era (y II). El Nacional (Caracas, Venezuela).

domingo, 26 de junio de 2011

La Casona de La Trinidad: epicentro patrimonial mariobricense. El Instituto de Educación Especial “Padre Leyh” y la tapia.




 El Instituto


Sobre el hoy denominado Instituto de Educación Especial “Padre Leyh”, señala la página Web de la Asociación Civil “Hacienda La Trinidad” que esta institución fue creada con el nombre de “Refugio para varones pobres y abandonados” en Gaceta Oficial del 12 de abril de 1924, (1) procediéndose hasta 1955 a la construcción y ampliación periódica de sus instalaciones al pie de la casona de la hacienda “La Trinidad". Dicha hacienda, que había sido otorgada a José Antonio Páez en retribución a sus servicios a la Nación y vendida sucesivamente, fue expropiada al general Cipriano Castro durante la década de 1910, pasando a ser después propiedad de Juan Vicente Gómez hasta el fallecimiento de éste en 1935. La idea de este refugio tomó cuerpo luego de que no se concretara allí la creación del Colegio Federal de Agricultura que había sugerido el científico Henri Pittier al general Gómez, para entonces Presidente de la República. Confiada la propiedad en 1924 a la orden benedictina de Saint Otilien, en calidad de comodato, se creó el refugio, el cual se transformó más tarde (1945) en escuela-granja y tomó el nombre de Colegio “Padre Antonio Leyh” en honor a su primer director. La referida orden administró la sede del colegio hasta 1972, fecha en que fue entregado al Ministerio de Sanidad [hoy Ministerio del Poder Popular para la Salud] (su organismo de adscripción desde 1945), luego de vencerse el contrato de comodato y no ser éste renovado por el Estado. En la actualidad, la institución funciona en una parte de estas instalaciones, específicamente en el primer patio, como Instituto de Educación Especial Padre Leyh, [creado como Psicopedagógico Padre Leyh (IPC 2006) en 1973 (Carta al Presidente 2007)], y hoy día dependiente de CORPOSALUD.






Dos vistas del conjunto arquitectónico del hoy Instituto de Educación Especial Padre Leyh. La foto superior, obra de J.M. Gómez Durán (1965) es de frecuente presencia en este blog. La segunda, correspondiente a la década de 1970, fue colocada en facebook por César Rodríguez. Ambas fotografías documentan la magnificencia de este conjunto arquitectónico que hoy día inexplicablemente muere de mengua.


Hacia 2006, el segundo patio fue objeto de intervención por parte de CORPOSALUD Aragua, para ubicar allí dependencias administrativas de dicho organismo.




Vista de la Casona de La Trinidad, ya en estado ruinoso, desde el segundo patio del conjunto arquitectónico que conformaba el Colegio Padre Antonio Leyh. (Foto Asociación Civil Hacienda La Trinidad, 2006).


Según puede inferirse de la observación de las fotografías disponibles de la Casona (antiguas y actuales), buena parte de sus instalaciones anexas ya habrían existido al menos desde la época en que Páez era su dueño. En el transcurso de los años en los que la orden benedictina detentó la propiedad en calidad de comodato, las instalaciones del período paecista habrían sido modificadas de manera irreversible, o más propiamente sustituidas por estructuras realizadas con un estilo nuevo y con técnicas y materiales constructivos más actualizados (hierro, granito, asbesto, concreto armado y bloque). En torno a dos patios fueron alzándose construcciones de hasta de tres pisos, con corredores externos en la planta baja y con acceso a los pisos superiores a través de escaleras, e incluso mediante un ascensor.(2) El resultado fue un vasto conjunto arquitectónico que disponía de cocina, comedor y almacén de alimentos,(3) aulas de clases, talleres, dormitorios, capilla, auditorio, y un gran tanque a cielo abierto que almacenaba el agua necesaria para todas las actividades internas de la institución.(4) En los alrededores del conjunto, una piscina, un campo de fútbol y un extenso huerto (5) con frutales y hortalizas ocupaban el tiempo de ocio de monjes y alumnos, y a veces también el de castigo.(6)










Vistas diversas de las instalaciones de la antigua Hacienda La Trinidad, en el estado en que posiblemente las habría recibido, en calidad de comodato, la orden benedictina de Saint Otilien. (Fotos: El Cojo Ilustrado 1898 y Orden benedictina de Saint Otilien. Fuente: Asociación Civil "Hacienda La Trinidad").




Esta interesante imagen muestra el contraste inicial entre las antiguas instalaciones de estilo colonial (derecha) y las nuevas -realizadas en estilos, materiales y técnicas constructivas más actualizadas-, que habrían de sustituirlas (izquierda). (Foto Orden benedictina de Saint Otilien. Fuente: Asociación Civil "Hacienda La Trinidad").






Transformación en el tiempo del primer patio. (Fotos: Orden benedictina de Saint Otilien e IPC2006, respectivamente). 






Transformación en el tiempo de la entrada sur al conjunto arquitectónico que conformaba el Colegio Padre Antonio Leyh. (Fotos: Orden benedictina de Saint Otilien y Asociación Civil "Hacienda La Trinidad", respectivamente).




Imagen del ya desaparecido tanque a cielo abierto en el patio central del antiguo Refugio para varones pobres y abandonados. Este tanque fue sustituido por otros tres construidos posteriormente sobre la colina La Trinidad (Foto: Orden benedictina de Saint Otilien. Fuente: Asociación Civil "Hacienda La Trinidad").




Busto del padre Antonio Leyh, colocado en un jardín lateral del primer patio, hacia el cual comunica la cocina (Foto: Asociación Civil "Hacienda La Trinidad", 2006).


Reporta IPC (2006, p. 53) que hacia el lado este del segundo patio se conserva una “edificación con paredes de adobes cocidos y tapia, cuya cubierta original de madera y tejas fue sustituida por un techo de láminas de asbesto. Se presume que esta construcción fue usada como sitio de almacén del antiguo patio de faenas de la hacienda y dedicada por los benedictinos a la lavandería del colegio”.




Vista general de las instalaciones al sur de la Casona de La Trinidad, probablemente de la época paecista, una minúscula parte de las cuales parece haber sobrevivido al tiempo y a la intervención benedictina. (Foto: El Cojo Ilustrado, 1898. Fuente: Asociación Civil "Hacienda La Trinidad").


La tapia (7)

El portal de la Asociación Civil “Hacienda La Trinidad” informa asimismo acerca de que “al sureste de la casona de la antigua hacienda puede aún apreciarse los muros de tierra apisonada [y mampostería (tapia con rafas)], en las que puede observarse con claridad tres etapas de construcción vertical. Esta estructura bordeaba el patio de secado del café y el cacao que se cultivaron exitosamente en la hacienda, y donde más tarde se ubicaron las vaqueras luego de que el General José Antonio Páez introdujera…. la explotación pecuaria. Estos muros se conservan casi intactos en sus flancos sur y este”.






Imágenes del sector sur de la tapia que bordea lo que fuera el patio de secado y luego la vaquera de la antigua Hacienda La Trinidad (Fotos Asociación Civil "Hacienda La Trinidad"). 



NOTAS:

(1) “….había muchachos de todas partes de Venezuela, ya que este colegio fue el primer internado para varones que hubo en el país” (F. Sucre y C. Guerrero. Arvelo 2003, p. 191).

(2) Cuenta Francisco Sucre: “….después que yo llegué al colegio [1926], siguieron construyendo cada vez más edificaciones: los dormitorios, los baños, las aulas de clase… la cocina… bien espaciosa, y el comedor que era bien grandote, con mesas que yo me acuerde, para sentar a veinte muchachos cada una, con sus bancos. Después hicieron la Capilla, en el medio, entre la Casona allá arribota y el comedor acá abajo… bien grande y bonita. ¿Sabes?, los hermanos pusieron un ascensor para subir desde el comedor y los talleres, pasando por los tres pisos de la edificación construida por ellos hasta la Casona en el cerrito, para no estar agarrando tanta escalera…. Cuando se hizo la piscina grande atrás del comedor, el ascensor se usaba mucho más que las escaleras. También había un ascensorcito como una cajita que servía para subir la comida desde la cocina hasta la Casona o la capilla, y cuando terminaban allá arriba, traer de vuelta la vajilla sucia a la cocina. Bien cómoda la cosa pues, sobre todo cuando los hermanos fueron envejeciendo y ya no podían estar con tanta subidera y bajadera para venir al comedor” (F. Sucre y C. Guerrero. op. cit, pp.197-198).

(3) “Toda esta área fue clausurada y declarada inhabitable en el año 2003 por presentar fuertes hundimientos y desplazamiento de las losas del piso, y profundas grietas en las paredes, columnas y platabanda del techo de la cocina” (IPC 2006, p.56).

(4) “Aprovecho el paréntesis y pregunto:… ‘y de dónde sacaban el agua para el colegio?’. Responde Cerveleón:… ‘bueno, había un pozo con su bomba que llenaba un tanque que queda detrás de la Casona de la hacienda, que todavía está en el alto de la colina’... Interrumpe Sucre: ‘ya va, que eso fue después. Me acuerdo que, cuando yo era muchacho, nosotros nos surtíamos de agua por un camino de agua que venía a mitad de la falda de la montaña desde lejos y pasaba por el lado de debajo de la Casona de la hacienda, donde dormían los hermanos, que quedaba en el alto. Ese camino era una acequia y cuando ya no había montaña… el camino del agua iba por encima de unos arcos cada vez más chiquitos, que terminaban en el centro del patio central del colegio, en un tanque grande hundido en el piso, que además lo usamos después, cuando hicieron el pozo, como piscina… después de muchos años fue que hicieron el pozo ése que dice Cerveleón e hicieron la piscina grandota’” (F. Sucre y C. Guerrero. op. cit., p. 197).

(5) “[El general Gómez] venía todas las tardes en su Lincoln negro grandote, como a las cuatro de la tarde, a buscar a Juanchito su hijo, que estudiaba con nosotros. Le ponían una silla en medio del patio para que se sentara a tomarse un enorme vaso de jugo de naranja California, de las matas que teníamos sembradas por todo eso, desde después del campo de fútbol hasta donde hoy está Identificación [hoy día Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería-SAIME] y hasta allá, cerca del cerro donde están los arcos” (Idem, p. 195).

(6) “Los castigos eran quedarse el fin de semana limpiando, barriendo, lavando, pintando o sembrando matas, y que yo sepa, eso era bien bueno porque así los malcriados muchachos aprendían para arreglar y mantener en el futuro sus casas” (Ibidem, p. 199).

(7) La tapia se caracteriza por muros de gran espesor (50 a 90 cm.) cuyo método de fabricación consistía en apisonar una mezcla de tierra, arena, gravilla fina, piedras y arcilla, capa por capa, dentro de un molde conformado por dos tablones de madera de 0.60 m . de alto y 3 m . de largo, mantenidos en posición vertical por travesaños también de madera. La tapia con rafa es una variante de la tapia, y se usa sobretodo en los muros más largos y altos. Las rafas son unas estructuras en forma de sierra, de mampostería mixta con tierra, ladrillo y piedras (IPC 2004, p.54). Dichas estructuras, que se levantan de manera intercalada y regularmente en toda la extensión del muro, favorecen la estabilidad de la tapia como un todo.



FUENTES:

Arvelo, Elías. (2003). Cuentos de un pueblo… para su pueblo. El Limón: Asociación Civil Hacienda La Trinidad.

Carta al Presidente Chávez. (2007, Febrero 21). En Ideas para el cambio. [Página Web en línea]. Disponible: http://chileven.blogspot.com/2007_02_19_archive.html. [Consulta: 2011, junio 25].

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2004). " Ejemplos y descripción de técnicas constructivas tradicionales" (Anexo N° 4). En: I Censo del Patrimonio Cultural Venezolano. Instructivo de llenado de la ficha de registro . Caracas: Autor.

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2006). Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano: Región Centro Oriente: Estado Aragua: Municipios Mario Briceño Iragorry y Ocumare de la Costa de Oro: AR 08-18. Caracas: Autor.

lunes, 30 de mayo de 2011

La Casona de La Trinidad: epicentro patrimonial mariobricense. El campo de fútbol y la piscina.





El campo de fútbol

En una propuesta elaborada en 2005 por la Asociación Civil “Hacienda La Trinidad”, puede leerse lo siguiente:

Desde 1926, y gracias a la presencia de la orden benedictina que administraba el Refugio para varones pobres y abandonados [hoy Instituto de Educación Especial Padre Leyh] aledaño, se juega fútbol en este sitio, llegando a conformarse en esos años, el primer equipo infantil y juvenil del Estado Aragua, en este deporte. Según informaciones de personas allegadas al deporte aragüeño, en la década de 1950 se llevaron a cabo aquí importantes campeonatos juveniles futbolísticos nacionales integrando al equipo de esta escuela y los equipos del “Loyola” (Colegio San Ignacio) y “La Salle” (Colegio La Salle), venidos de Caracas.
En la década de 1980 se fundó allí la institución privada Escuela de Fútbol La Trinidad,[1]… la cual amplió el terreno dedicado a esa disciplina hasta la quebrada de El Paseo, que la [separa] de la Avenida Universidad, existiendo hoy en el sitio, además de este pequeño campo original, dos grandes campos más, mantenidos y mejorados por la Asociación de Padres de dicha escuela. [Esta Asociación] se mantiene activa, [y toma] parte en confrontaciones locales y nacionales, fomentando [así] el interés local y regional por esta disciplina, habiéndose formado allí niños y jóvenes deportistas que hoy son valores nacionales.




Vista parcial de la antigua cancha de fútbol (Foto Asociación Civil Hacienda La Trinidad, 2005).


El testimonio de Francisco Sucre (Arvelo, 2003, pp. 193-194), quien en 1926 -cuando sólo contaba siete años de vida- fue ingresado en el refugio benedictino, constituye por su parte una fuente primaria de información sobre los inicios del campo de fútbol de La Trinidad:

También jugábamos fútbol, eso era en el mismo terreno donde hoy aprende fútbol uno de mis nietos, en la Escuela de Fútbol La Trinidad, que, me cuentan, funciona allí hace veinte años y dirige el profesor Ramiro. Allí se han formado muchos buenos deportistas a nivel nacional. Cuando estaban los Hermanos [Benedictinos], te voy a contar: el Hermano Agustín era el encargado de los deportes y el Hermano Oswaldo era el coordinador de las actividades de nosotros los muchachos. Él nos arreglaba las salidas y estaba pendiente de todo lo que necesitáramos.
Entre los dos Hermanos, un día se pusieron con nosotros a limpiar el terreno para que la cancha de fútbol quedara como Dios y las normas mandan. Yo era muy chiquito todavía, pero me acuerdo que en invierno comenzamos a sembrarle grama y la cuidábamos para que se viera bien bonita; en verano traíamos agua en tobos para regarla y que la grama no se nos muriera… eso fue por los años…. ¡cónchale, yo creo que eso tuvo que ser por el año veinte y ocho [sic] o treinta!... ¡ajá, sí fue por esos años porque todavía venía al colegio el General Gómez y se ponía a inspeccionar el trabajo de la cancha de fútbol. Bueno, te cuento que jugábamos pelota descalzos. Los Hermanos querían que jugásemos con zapato pero eso era muy incómodo, así que al ratico todos andábamos descalzos, dándonos zipotazos con esa pelota tan dura, pero nos divertíamos mucho. Con el tiempo formamos un tronco de equipo de fútbol para el estado Aragua. Según y que éramos el primer equipo de fútbol que se había formado en el país.




Juego dominical en uno de los campos más recientes (Foto P. Hernández, 2006).

En los campos regentados por la actual Escuela de Fútbol La Trinidad hacen vida más de 450 practicantes de dicha disciplina deportiva, muchos de los cuales se encuentran hoy día concentrados allí de cara a diversas competencias en la categoría sub-20. No obstante ello, representantes de esta institución han denunciado un reciente intento de invasión de esos espacios (El Siglo, 2011, Mayo 22). Tal circunstancia comprueba la necesidad urgente de que las autoridades competentes adquieran conciencia acerca de la significación de la Casona y de su entorno desde el punto de vista histórico, cultural, educativo y deportivo, y emprendan de inmediato y con voluntad política las acciones pertinentes a su salvaguarda y su puesta en valor, en beneficio de la comunidad del municipio Mario Briceño Iragorry.


La piscina

Al respecto, el portal de la Asociación Civil Hacienda La Trinidad señala:

Construida en la década de 1950, entre el campo de fútbol y la vertiente oeste del enclave de la casona, esta piscina, junto con las graderías y un área de gimnasio, baños y vestuario, formaba también parte integral del Colegio [hoy Instituto de Educación Especial] Padre Leyh.
Un ascensor, actualmente en desuso, y anchas escaleras en granito…. comunican internamente esta área de la piscina con las dependencias en los pisos superiores: los corredores internos, la capilla y la casona, residencia de los frailes benedictinos hasta su partida en la década de 1970.
Luego de la partida de los benedictinos, la piscina sufrió una época larga de inactividad. En la década de 1980 se puso en servicio nuevamente como Escuela de Natación La Trinidad, la cual está [a su vez] inactiva desde mediados de la década de 1990. Todas sus instalaciones son fácilmente recuperables a pesar de encontrarse en avanzado estado de abandono.




En esta magnífica vista aérea del conjunto arquitectónico de la casona y sus anexos posteriores se divisa, hacia el extremo inferior izquierdo, la piscina y parte de sus instalaciones conexas (Foto J.M. Gómez Durán, 1965).



Deplorable aspecto de la piscina y sus instalaciones en 2006 (Foto Asociación Civil Hacienda La Trinidad).


En rigor, es por lo menos preciso evaluar y promover la posibilidad de su recuperación, vista la inexistencia de infraestructura para la práctica y el aprendizaje público de esta disciplina deportiva en el municipio Mario Briceño Iragorry, otra razón de peso a considerar por parte de las autoridades locales y regionales a favor del mejoramiento de la calidad de vida de la población mariobricense.



NOTAS:

[1] De acuerdo con representantes de la Escuela de Fútbol La Trinidad, ésta se habría fundado en 1983. (El Siglo, 2011, Mayo 22).



FUENTES:

Arvelo, Elías. (2003). Cuentos de un pueblo… para su pueblo. El Limón: Asociación Civil Hacienda La Trinidad.

Asociación Civil “Hacienda La Trinidad”. [Página Web en línea]. Disponible: http://haciendalatrinidad.org.ve/ [Consulta: 2011, Mayo 28].

Asociación Civil Hacienda La Trinidad. Epicentro Patrimonial del Municipio Mario Briceño Iragorry. Propuesta elaborada en 2005 [sin publicar].

Miembros de la escuela de fútbol La Trinidad impidieron invasión. El Siglo, 2011, Mayo 22. [edición digital del domingo 22 de mayo de 2011].

lunes, 23 de mayo de 2011

La Casona de La Trinidad: epicentro patrimonial mariobricense. Silos graneros y carretera nacional… y Parte II.




Carretera nacional (vía Maracay-El Limón).


Los pobladores pioneros de El Limón, capital del municipio Mario Briceño Iragorry del estado Aragua, denominan carretera nacional a la antigua vía que conducía desde Maracay a la mencionada población, cuyo núcleo inicial fue el sector Niño Jesús, en los albores del siglo XX. Este trayecto forma parte de lo que fuera con anterioridad el llamado camino real, que, viniendo de Maracay, atravesaba la antigua hacienda La Trinidad y se extendía hasta Ocumare de la Costa, Cata, Cumboto y Turiamo (distantes en promedio unos 50 km. al norte), después de recorrer la espesura del actual parque nacional Henri Pittier (IPC, 2006a, p. 41).

Según testimonios orales de algunos de estos pioneros, la carretera nacional, que tenía El Limón como destino, comenzaba en el sitio de la plaza San Juan (inaugurada en 1930) –entonces en los confines del noroeste maracayero- y culminaba antes de remontar las boscosas montañas en dirección a la costa marítima aragüeña.

El trayecto descrito por estos informantes se mantuvo sin variación probablemente hasta 1945, cuando su trazado original debió haber sido modificado con la edificación de las instalaciones del Instituto Politécnico de Agricultura (hoy facultades de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Central de Venezuela), y luego unos veinte años más tarde, con la construcción de las avenidas Universidad y Caracas.







Vista de la avenida Universidad en sentido Maracay-El Limón, a la altura de la pasarela del Instituto Nacional de Tránsito Terrestre (Foto: Marco A. Hernández, 2005).


No obstante, la antigua carretera nacional conserva en esencia su integridad, y es posible distinguir -e incluso recorrer- buena parte de los tramos que no fueron convertidos en las amplias avenidas actuales, de fuerte circulación vehicular, pero que continúan, con otros nombres [1], siendo de utilidad como vías alternas y de servicio, y mostrando, aquí y allá, vestigios de ese encanto bucólico que recuerdan con nostalgia quienes alguna vez recorrieron el primitivo trazado de esta vía.


He aquí la descripción de la carretera nacional, aportada por algunos de estos testigos:


(A). Bueno… Yo le voy a decí [cómo se venía de Maracay para El Limón]… ¿Usté sabe donde está la plaza San Juan?.... En todo… ahí, a medio metro, había un puente… que venía el agua, que venía del Milagro…. ¡eso era un zanjón! El agua de esos cerros del Milagro pasaba por ahí…. y… iba a retoñá por ahí hasta en… del frente al mercao libre, por ahí…. Le caía al río Güey…. Bueno, eso… ¡eso lo taparon! El kilómetro número cero… estaba… en toda la plaza San Juan…ahí había un reloj… ahí ‘ta la base todavía…. Un reloj… Que después lo pusieron en la plaza Girardot…. Bueno, y eso por ejemplo, eso era el kilómetro cero… Y… ya pa’ llegá… a río Güey... ‘taba el kilómetro uno…. habían dos puentes, hechos de Gómez... ése que le estoy diciendo… junto a la plaza San Juan… y el río Güey…. ¡Habían dos puentes!… Y al lao del… río Güey, es un bambuzal que venía esa quebrá, eso cuando era tiempo (…) tenía agua…. ¡era agua sabrosa que venía ahí!... Bueno, ahí había un bambuzal… Y allí, pa’ llegá al puente ése [2], ahí, era el… kilómetro uno…. Bueno, el kilómetro dos quedaba… más alantico ‘e la fuente aquélla que… pusieron ahí ¿Usté no ha visto una fuente en la Universidá?… Bueno, como era derecho (…) más alantico quedaba el [kilómetro] dos… Y después, uno llegaba, cruzaba La Trinidá, que era el colegio de la vaquera….La Trinidá … y en la curva de… donde están los silos... como a una cuadra estaba el [kilómetro] tres… habían los mojones… Con su número, el número tres… El [kilómetro] cuatro quedaba aonde está la… la inspectoría ahí de… Aonde está la pasarela... la pasarela ésta de aquí, más alantico... ahí quedaba el [kilómetro] cuatro. El [kilómetro] cinco… quedaba… aquí mismo en… vamos a ponele, en la capilla [de Niño Jesús]... que ahí ‘ta un samán… al lao ‘el samán quedaba el [kilómetro] cinco. Y el [kilómetro] seis… aonde está el banco… Banesco... Ahí quedaba el [kilómetro] seis. El [kilómetro] siete queda ¿[sabe] onde está el Bar Centro?!... Más alantico, ahí quedaba el [kilómetro] siete. El [kilómetro] ocho… ¡todavía como que está, creo! ‘Tá junto al puente allá… más arriba de [la bodega de] Lamas [Brisas de El Limón]… En el puente allá… Ahí ‘tá el… kilómetro ocho…. La carretera, quedaba el [kilómetro] nuevepasando la alcabala, ¡arriba!, una curva que hay… no juegue, y de ahí pa’llá sí no… (subrayado nuestro). [Eustoquio Piraqueño. Asociación Civil Hacienda La Trinidad, 2004, pp: 43-51].


Pedestal del antiguo reloj de la plaza San Juan. Afortunadamente esta estructura, de carácter testimonial, no fue eliminada en la más reciente remodelación de este sitio (2007).



Vista en sentido sur-norte de la fuente del núcleo Maracay de la UCV (Facultades de Agronomía y Veterinaria). El diseño de la vialidad interna del núcleo, obra de Luís Malaussena, implicó la modificación del trazado de la llamada carretera nacional, e incluso la interrupción de su trayecto hacia las vaqueras de la antigua hacienda La Trinidad (Foto tomada en 2006).



Curioso testimonio escrito sobre hormigón por algún miembro de un batallón que tal vez estuvo acantonado en la hacienda La Trinidad hacia 1915. A un lado de la antigua carretera nacional, a la altura del actual colegio Padre Antonio Leyh, apenas puede leerse ya el siguiente fragmento: "[...?] 22 de Enero [?] de 1915 José [?] g[...?]/ Recuerdo Memorable de los Tigres/ del [?] 2° Batallón del Rgito [?]/ José [?] Atnio [?] Páez [?] de [...?]"... (Foto tomada en 2008).


(B) …"Comienza a contarme [Manuel Garruido] que el primer chofer de autobuses que él recuerde en El Limón fue el señor Vicente Mariño. Luego se incorporó él, manejando los buses de la familia Martínez y ganando un sueldo de catorce bolívares diarios por guardia de ocho horas… ‘te cuento Elías, que los buses eran bien buenos y fuertes. Uno era un Ford de tablitas de madera y otro con treinta puestos cada uno. La ruta era la que te voy a contá: salíamos del Garaje Bolívar, allá en Maracay, en la Plaza Pérez Almarza. Subíamos por la calle Santos Michelena, en la siguiente cuadra cruzábamos hacia la Avenida 19 de abril. Agarrábamos la 19 de abril derechiiiiito hacia la Plaza San Juan. Desde allí agarrábamos la Carretera Nacional hacia El Limón. Pasando por el puente sobre el Río Güey nos veníamos poco a poco sombriando bastante, con la cantidad de árboles que habían en aquellos días, de lado y lado de la carretera’. Y el amigo Manuel suelta un nostálgico ‘el camino para El Limón… ¡eso sí era bonito y sabroso Elías!’…. ‘bueno, así andando… poco a poco íbamos llegando a La Trinidad…. eso era puro monte y cañaverales. Bueno… en llegando a La Trinidad seguíamos hacia los Silos Redondos Graneros, que los hicieron por ahí después del 45…. Entonces, pasandito los silos esos redondos, torcías a la derecha y por ahí te ibas por la carreterita vieja, angosta, llena de árboles a los dos laos, que te sombriaban y te cubrían todo… era como metese en un túnel pues…. Por ahí uno iba rumbiando suavecito, pa’ salí al frente del callejón Los Cocos. Se pasaba frente a su entrada y más alante, teníamos la Parada de Niño Jesús; como quien dice, ya estábamos ahí. Seguíamos derechito hasta el trapiche papelonero. En ese punto cruzábamos a la derecha teniendo ahí mismito la otra parada, al frente de la Medicatura. Seguíamos y en frente de lo que es hoy el lavado y engrase de carros que antes estuvo la Bomba de gasolina del señor Perla… bueno, ahí no había nada de eso todavía, ahí quedaba la ‘Parada La Locha’. Arrancábamos otra vez, y seguíamos derechito hacia Puerta Negra, pero antes, frente a lo que es hoy la Iglesia La Milagrosa, estaba la otra parada, se llamaba ‘Parada Caujarito’. Pasábamos la puerta negra, que quedaba donde es hoy la Panadería El Trigal… Más acaíta… que hoy en día hasta ahí llega la Avenida Caracas pero entonces era la Carretera Nacional. Entonces… Cruzábamos a la izquierda, y agarrábamos por lo que es hoy la Avenida Principal [de Mario Briceño Iragorry]. Ve Elías… de ahí hasta el Terminal nos parábamos donde hiciera falta. El Terminal quedaba frente a la Bodega Brisas de El Limón, donde nos atendía el señor Julio Delgado’”… (subrayado nuestro). [Manuel Garruido. Arvelo, 2003, pp. 162-165].


Vista de la antigua carretera nacional a su paso por los silos graneros de El Limón (Foto tomada en 2002). A partir de este punto, este tramo de la vieja vía entre Maracay y El Limón recibe el nombre de Raúl Leoni.


Vista de la esquina La Locha, donde se ubicaba una de las paradas de los autobuses que hacían la ruta Maracay-El Limón-Maracay (Foto tomada en 2014). 



Dos aspectos de la antigua carretera nacional, en el tramo denominado Avenida Principal de Mario Briceño Iragorry y a su paso por el pequeño puente sobre la quebrada de El Piñal. En ambas fotos, tomadas en 2011, puede apreciarse vestigios de la frondosa y densa vegetación que bordearía esta vía hacia la primera mitad del siglo XX. Los pilares que conforman las defensas a ambos lados del puente, probablemente moldeados en hormigón armado, remiten en su forma y ornamentación al estilo art deco.



(C) …“Al lado de esta bodega [Brisas de El Limón] funcionaba la última parada del bus que venía de Maracay y esa parada se llamaba ‘El Terminal’. De ahí el bus daba la vuelta, porque el resto del camino ya era la carretera de Ocumare… la bodega por esos días y años tenía mucha actividad por ese motivo… la avenida Universidad por fuera del poblado todavía no existía…” (subrayado nuestro). [Libia Lamas. Arvelo, 2003, p. 108].


Vista de la bodega Brisas de El Limón, punto de referencia de la parada El Terminal, última del trayecto del transporte de autobuses que servía la ruta Maracay-El Limón-Maracay. (Foto extraída de IPC, 2006a, p.59).



(D) “Indago con curiosidad cómo era el entorno del colegio [hoy denominado ‘Padre Antonio Leyh’] por aquellos años [1926 en adelante] y responde Sucre: ‘bueno mira, lo que me acuerdo de cuando llegué, porque era muy chiquito, la carretera de Maracay a Ocumare le daba la vuelta al colegio por la parte de abajo… por las tapias que rodeaban los corrales. Venía por lo que es hoy la avenida 19 de Abril… Por donde hoy está la placita San Juan, se dejaba atrás las últimas casas de Maracay y se seguía derechito hasta La Trinidad. Hoy en día esa carretera es parte de la Avenida Principal de la Universidad Central. Eso era mucha sabana; ‘monte y culebra’ como dicen pues, había también siembra de caña de azúcar… bastante. Llegando a las paredes de tapia, que encerraba la vaquera de la Hacienda La Trinidad, la carretera iba bordeando esas tapias, pasaba por delante de la entrada del Colegio y después seguía por donde hoy están los silos redondos… pasando la Avenida Universidad, que ahora viene derechito de Maracay… por ahí, esa era la Carretera Nacional… Luego, se seguía y se pasaba por donde hoy está la venta de cocos Eugenio… por ahí se vuelve a cruzar la avenida nueva Universidad…, que antes no estaba, y pasabas delante de lo que son hoy los edificios de El Paseo [3]… pasabas por la entrada de la Calle Principal del barrio Niño Jesús, que era una calle con la iglesita del Niño Jesús al fondo…. Bueno ese barrio quedaba cerca del trapiche que tenía su chimenea siempre con su humito saliéndole y ese olor sabroso a papelón. Después seguías hacia arriba, hacia la montaña, hasta llegar a un sitio donde había un portón grande, de hierro, pintado de negro, y un puesto de guardia [Puerta negra]… eso dicen que era para controlar la subida a la montaña. Pasando ese portón…. si cruzabas a la izquierda… andabas un rato y llegando al río Corral de Piedra, bueno, subías hacia la montaña, cruzabas al otro lado de la montaña y después llegabas a Ocumare de La Costa y al mar’”. (subrayado nuestro). [Francisco Sucre. Arvelo, 2003, pp. 195-196].


Vista de la avenida Caracas (vía en sentido este-oeste). Al fondo, la chimenea del antiguo trapiche papelonero. (Foto: Asociación Civil Hacienda La Trinidad, 2004). 


Sobre la base de estos testimonios se ha intentado reconstruir el antiguo trayecto de la carretera nacional, con indicación de los puntos de referencia mencionados por los informantes. Conviene advertir que el trazado de esta vía (en rojo) tiene carácter esquemático y que la señalización de los puntos referenciales es aproximada.






NOTAS:


[1] El tramo de la antigua carretera nacional que bordea el colegio Padre Leyh y desemboca en la avenida universidad, aledaño a la aldea universitaria de Mario Briceño Iragorry no parece poseer un nombre oficial, tal vez porque sólo sirve de acceso a las instalaciones del Colegio Padre Leyh y a otras escasas edificaciones cercanas. El tramo que inicia en los silos graneros y corre paralelo a la avenida Universidad hasta Cocos don Eugenio, recibe el nombre de Raúl Leoni. El tramo que inicia en la entrada de El Paseo y culmina en la avenida Caracas, a la altura de la chimenea del antiguo trapiche papelonero, lleva el nombre de Francisco Fernández Yépez, en memoria de este reconocido profesor e investigador universitario. El tramo que parte del abrupto final de la avenida Caracas (a escasos metros del sitio de la antigua Puerta Negra) y culmina en la intersección con la prolongación de la Avenida Universidad hacia el parque nacional Henri Pittier recibe el nombre de Avenida Principal de Mario Briceño Iragorry. Este tramo debió por lógica recibir la misma transformación que el tramo que ahora se conoce como Avenida Caracas. Su postergada ampliación (en aquel momento tal vez por razones presupuestarias), permite a ratos percibir aún -tal vez por corto tiempo- el aspecto primigenio de la antigua carretera. Un último tramo, de poco tráfico por servir unas cuantas viviendas apartadas del nuevo trazado de la avenida Universidad, recibe el nombre de La Ceiba en su corto recorrido antes de desembocar nuevamente a la mencionada avenida a poca distancia de la alcabala de control de acceso al parque nacional Henri Pittier. Es interesante el hecho de que, a partir de la intersección de las avenidas Universidad y Principal de Mario Briceño Iragorry, las identidades de ambas se confunden en virtud del aspecto primigenio que, desde dicho punto, conserva la vía en su trayecto hacia la alcabala del parque.

[2] Mediante testimonio obtenido de Benigno Delgado es posible imaginar en alguna medida el aspecto del antiguo puente sobre el río Güey, el cual se ubicaba próximo a donde hoy se encuentra la alcabala de control de acceso al campus de la UCV: "Bueno, ¡había un puente grandísimo ahí!... que tenía así una broma de cuando antes… la batalla… To’ eso lo tumbaron. ¡Ahí esa parte era hondo!.... los caballos pintaos y toa broma, ¡pero de mano!... apegaos en … así en las orillas… ¡Eso se veía bonito ahí!... una paré que hicieron ahí en … el puente ése… ¡grande! (…) eso lo tumbaron ahora (…) era bonito (…) batallas de antes… sí (…) de Carabobo (…) Sí, Gómez [mandó hacer eso]… Después (…) lo mandaron a tumbá… Y trancaron ahora, trancaron eso…. To’ eso es lo que es la Facultá ahora”. [Benigno Delgado. Asociación Civil Hacienda La Trinidad, 2004, pp. 28-30].

[3] “Cuenta Ana [Sequera] que el pedazo de la antigua Carretera Nacional que queda en El Limón es la que viene desde El Paseo hasta empatarse con la Avenida Caracas, hasta la chimenea… pasando por la entrada al Niño Jesús, y se llama desde 1991 calle Francisco Fernández Yépez en honor al científico y profesor universitario que llegó a residenciarse con su familia en el callejón Los Alpes de El Limón, en 1959”… (subrayado nuestro). [Ana Sequera. Arvelo 2003, p. 138].



FUENTES:


Arvelo, Elías. (2003). Cuentos de un pueblo… para su pueblo. El Limón: Asociación Civil Hacienda La Trinidad.

Asociación Civil "Hacienda La Trinidad". Investigación, rescate y fortalecimiento de la identidad y el sentido de pertenencia en los mariobricenses. Proyecto de investigación adelantado en 2004 [sin publicar].

Asociación Civil “Hacienda La Trinidad”. [Página Web en línea]. Disponible: http://haciendalatrinidad.org.ve/ [Consulta: 2011, mayo15].

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2006a). Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano: Región Centro Oriente: Estado Aragua: Municipios Mario Briceño Iragorry y Ocumare de la Costa de Oro: AR 08-18. Caracas: Autor.

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2006b). Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano: Región Centro Oriente: Estado Aragua: Municipios Girardot y Francisco Linares Alcántara: AR 03-17. Caracas: Autor.