lunes, 1 de diciembre de 2014

La desaparición gradual del patrimonio urbano de Maracay o el desvanecimiento imperceptible de su identidad (III)


Al anunciar el propósito de su administración de convertir Maracay en una ciudad vanguardista (Torres 2013), el alcalde del municipio Girardot señaló la necesidad de hacer un fuerte llamado a la conciencia ciudadana: "Comentó Bastidas que todos estos cambios que plantean no serán posibles si con ellos no vienen de la mano el cambio de vida y conducta de los ciudadanos de Maracay. No solamente se trata de la reprogramación de las personas cuando se establezcan nuevas rutas de transporte público por código y color, sino también la cultura del bienestar colectivo y del cuidado de las obras que son para beneficio de todos" (el resaltado es mío).

Hay razones válidas para esta inquietud del alcalde: con harta frecuencia vemos cómo los sitios y bienes públicos rehabilitados por la administración estatal o municipal, y hasta por organizaciones civiles no gubernamentales, caen pronto en proceso de degradación por efecto de hurto, de vandalismo, de acciones impropias o de falta de mantenimiento. El robo o la destrucción de bombillos y pantallas en las luminarias de plazas y bulevares; el maltrato de árboles recién plantados en plazas y aceras; las pintas y los carteles sobre obras de arte y sobre muros de edificaciones recuperadas; la ranchificación de techos, ventanas, jardines o quioscos en zonas comerciales, desarrollos habitacionales y avenidas; la desaparición de áreas verdes por invasión de malezas o por falta de riego, y la basura arrojada a la calle por transeúntes o desde vehículos particulares y autobuses, situaciones cotidianas estas con las que nos hemos resignado a convivir en Maracay, son producto de la indolencia de sus habitantes que, fuera de los límites su vivienda, no reconocen ni sienten como suyos los espacios y bienes urbanos.





Algunos aspectos habituales de Maracay, que reflejan la indolencia cívica (por comisión o por omisión) tanto de sus habitantes como de sus administradores. Fotos: P.H., 2014.


Esta indolencia tiene mucho que ver con la escasez (la ausencia incluso) de sentido de identidad y pertenencia, elemento fundamental para la salvaguarda de todo bien patrimonial. Si este sentido no se motiva, no se desarrolla o no se fortalece, ¿cómo esperar entonces que la ciudadanía respete los espacios públicos y los bienes patrimoniales, y vele por su conservación o bien manifieste su corresponsabilidad cuando haya necesidad de tomar acciones a favor de los mismos?

El sentido de identidad y pertenencia es lo que ha impulsado a la comunidad con el fin de detener años atrás la tala de unos árboles en la isla central de la avenida Las Delicias para facilitar el acceso al estacionamiento de un conocido local comercial o, más recientemente, de ejercer presión pública sobre los propietarios y las autoridades estatales y municipales, a objeto de garantizar la integridad física de la hermosa casa de Doña Dolores Amelia, en el centro de la ciudad, puesta en venta al mejor postor y adquirida finalmente por la Gobernación de Aragua para servir de sede al Instituto de Senología del Estado Aragua (ISENA). La emblemática avenida Las Delicias está vinculada a los recuerdos de infancia y juventud de muchos maracayeros pues es la principal vía de acceso al zoológico, al Hotel Maracay y a las playas de Choroní. En la casa de doña Dolores Amelia funcionó hace décadas el Colegio Lope de Vega, y en sus aulas se formó un gran número de personas que guardan gran estima por este inmueble, razón por la cual suscribieron las diversas comunicaciones dirigidas tanto a las autoridades regionales y locales como a los medios de comunicación, y participaron incluso en la toma simbólica que determinó una decisión favorable a la preservación de este bien patrimonial.





La avenida Las Delicias cuando estaba recién rehabilitada como Paseo Las Delicias (imagen superior), y la Casa de Doña Dolores Amelia (imagen inferior), antes de su rehabilitación como sede del ISENA. Estos dos bienes culturales de Maracay han sido amparados en momentos críticos de su existencia gracias al sentido de identidad y pertenencia de sus habitantes. No obstante ello, los mismos tampoco escapan al deterioro progresivo general de los espacios públicos de la ciudad (Fotos: P.H., ca. 2002?).



En la entrada del 11 de octubre de 2009 hice mención de un proyecto de rescate del centro histórico de Montreal (capital de la provincia canadiense de Québec), desarrollado entre 1995 y 2005 y merecedor de premio internacional por sus exitosos efectos al enfocar sus objetivos y metas en torno a la recuperación del sentido de identidad y pertenencia de sus habitantes mediante el reconocimiento y revaloración de sus edificaciones y sitios públicos. De complejo desarrollo por cuanto requirió el acuerdo y la fusión de varias instancias municipales además de un fuerte financiamiento, la intervención integral de este centro urbano se basó en recuperar el significado de cada espacio de la ciudad, cuyo pasado fue devastado con las sucesivas "conquistas" que padeció por parte de franceses e ingleses. Al identificarse con edificaciones y sitios hasta entonces ignorados y desligados de sus afectos, los habitantes recobraron el orgullo y el amor por su ciudad, y experimentaron un cambio de actitud hacia la misma, todo lo cual ha hecho de Montreal una urbe con mayor calidad de vida y atractiva al turismo internacional.

La clave del éxito en la transformación de Montreal y de sus habitantes fue añadir en lugar de suprimir, así como dar sentido, unidad y coherencia a todas las intervenciones urbanas (recuperación y revalorización de sitios, rehabilitación de plazas, restauración de edificios) mediante una estrategia de promoción de los bienes patrimoniales recuperados.

Nuestra autoridad municipal pone empeño en su aspiración de convertir Maracay en una ciudad vanguardista. La escasez financiera no es, con todo, el obstáculo de mayor peso en el avance exitoso de este esfuerzo. El gran reto, que el propio alcalde pareciera reconocer en sus declaraciones, consiste en lograr un cambio de actitud en la ciudadanía. Es, entonces, en función de ese objetivo que debe revisarse el efecto de las actuaciones sobre los espacios y bienes urbanos hasta el día de hoy: ¿Han contribuido tales actuaciones a su valoración, identificación y apropiación de dichos espacios y bienes por parte de los maracayeros?

He tenido la suerte de estar de visita recientemente y por unos días en Barcelona, la capital de Cataluña. ¿Quién puede decir que esta no es una ciudad que dicta pautas de vanguardismo arquitectónico por lo menos desde el siglo XIX?: basta disfrutar la ovoide Torre Agbar iluminada o contemplarse reflejado en el techo alucinante de Els Encants nou (un mercado de pequeños comerciantes), para mencionar solo dos edificios de construcción reciente que enriquecen con su presencia el perfil urbano de esta ciudad, siempre en movimiento. Pero basta también caminar unas cuantas cuadras para perderse en el laberinto de su barrio gótico, o para descubrir repentinamente los vestigios del llamado Templo de Augusto en el interior del Centro Excursionista de Cataluña, un inmueble intervenido en 1922 por el arquitecto Lluís Domènech i Montaner, o las excavaciones arqueológicas del barrio La Ribera -derribado tras la Guerra de Sucesión (1714)-, hoy musealizadas y protegidas por la magnífica estructura en hierro del antiguo mercado del Borne, instalada ahí mismo en 1876. Y si de reformas se trata, solazarse entonces ante la vista del mercado Santa Catarina, intervenido por Enric Miralles y Benedetta Tagliabue, y que luce una novedosa cubierta, dinámica y multicolor a manera de "naturaleza muerta de frutos y flores" (según su autor, Toni Comella), mientras las fachadas se han conservado intactas (1).




Vistas nocturnas de la Torre Agbar (Jean Nouvel, 2005) y de Els Encants nou (Fermín Vázquez, 2013), imágenes superior e inferior, respectivamente. Els Encants nou es un espacio de sencillo desarrollo: simple, puro y funcional. El énfasis de diseño se centra de hecho en su cubierta especular. Fotos P.H., 2014.




Imagen superior: uno de los tantos callejones del barrio gótico de Barcelona. Imagen inferior: en la calle Paradís puede admirase los restos del Templo de Augusto (s. I a.C.), esquivos al visitante apresurado. Fotos: P.H., 2014  




Vistas de exterior e interior del Mercado del Borne (Josep Fonseré, 1871).  Se exponen dentro, con una atractiva museografía que incluye recursos tecnológicos, los restos del barrio La Ribera, derribado por orden de Felipe V, vencedor en la Guerra de Sucesión (1714), para construir una ciudadela destinada a controlar muy de cerca la ciudad de Barcelona. Fotos: P.H., 2014.




El mercado Santa Catarina, el primer mercado cubierto de la ciudad e inaugurado en 1848, luce su multicolor cubierta en mosaico como resultado de la rehabilitación de la que fue objeto entre 1997 y 2005 (foto superior). Se conservaron sus fachadas originales, y en su interior puede apreciarse vestigios del convento de Santa Catarina, que se levantaba en el mismo sitio y que sufrió el impacto de más de 300 proyectiles durante la Guerra de Sucesión. Un panel ubicado frente a la fachada principal del mercado informa sobre la actuación y vicisitudes del antiguo convento durante la mencionada guerra (foto inferior). Dispositivos museográficos como este se repiten en otros puntos de la ciudad que jugaron papel preponderante en la confrontación. Fotos: P.H., 2014.



Las vialidad urbana honra con frecuencia la memoria de políticos, artistas, magistrados y otras personas locales de profesión diversa. Rosa Sensat (1873-1961), maestra, da nombre a esta calle en La Barceloneta. Foto: P.H., 2014.




El leve rumor del surtidor de esta fuente (no muy diferente en cuanto a dimensiones a la eliminada en la plaza San Cristóbal de Maracay) invita al descanso en els jardins de Rubió i Lluc, al interior del antiguo Hospital de Santa Cruz (s. XV), hoy sede del Instituto de Estudios Catalanes y de la Biblioteca de Cataluña. Foto: P.H., 2014.



Una pinta, en tiza, sobre los antiguos muros de els jardins, transmite un sentimiento que se percibe en cada esquina de Barcelona. Foto: P.H., 2014 


No obstante los posibles problemas que, como todas las ciudades, debe de padecer también Barcelona, pienso que, además de sus singulares edificaciones modernistas, lo que la hace tan particular (por lo menos a los ojos de sus visitantes ocasionales) es el aprovechamiento que se hace de cualquier elemento urbano, aun de apariencia insignificante, en su carácter de testimonio de la historia urbana: ejemplo de ello es el de tres viejas chimeneas, posibles vestigios de una planta generadora de energía, que, en lugar de ser derribadas para dar paso a un edificio administrativo de la compañía REE Eléctrica (ver imagen inferior/ P.H., 2014), han sido incorporadas al mismo como parte de su diseño arquitectónico, con un efecto final que, si no hermoso, es cuando menos interesante. Una vieja y gruesa tubería ha sido también conservada e integrada a las áreas verdes aledañas. Y es que por lo general, tanto en la zona antigua como en la contemporánea, ningún edificio, por humilde que sea, deja de ofrecer algún aporte a la mirada, bien sea de índole estructural, ornamental o urbanística.




El resultado de todo esto es una ciudad que sorprende a la vuelta de cada esquina, que muestra su fascinación por las expresiones de vanguardia pero que reverencia y respeta además las representaciones de su pasado. En fin, una ciudad con encanto, para nada aburrida y con una personalidad inconfundible.

Y, digo yo, salvando las distancias, ¿Por qué no seguir su ejemplo?



NOTA

(1) Wikipedia ofrece información de interés sobre estos sitios y edificaciones, a veces controvertida.



FUENTES

Botello, O. (2007). Toponimia antigua de Maracay: Calles, plazas, esquinas, casas, sitios. Maracay: Concejo Municipal de Girardot.

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2006). Municipios Girardot y Francisco Linares Alcántara, estado Aragua. Caracas: IPC. Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano. Región Centro Oriente: AR 03-17.

Pedro Bastidas: “Proyecto Maracay Ciudad Jardín nos llevará a la transformación urbana”. (2014, Junio 12). El Aragüeño [Periódico en línea]. Disponible: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.elaragueno.com.ve [Consulta: 2014, Noviembre 13]

Service de l'urbanisme. (1996). Les orientations de développement pour le Vieux-Montréal 1995-2005. Ville de Montréal: Service de l'urbanisme.

Torres, E. (2014, Marzo 05). "Nuestro reto es hacer de Maracay una ciudad vanguardista". El Aragüeño [Versión digital]. Disponible: http://prensadigitalvenezolana.wordpress.com/2013/03/05/nuestro-reto-es-hacer-de-maracay-una-ciudad-vanguardista/ [Consulta: 2014, Noviembre 13]


viernes, 14 de noviembre de 2014

La desaparición gradual del patrimonio urbano de Maracay o el desvanecimiento imperceptible de su identidad (II)


La eliminación del enrejado del antiguo parque 23 de Septiembre en la calle Páez de Maracay  (hecho comentado en la entrada del 12 de noviembre de 2014) no es, sin embargo y por desgracia, el único caso del género: en el transcurso de los últimos cinco meses han sido removidas de sus sitios, esta vez por encargo de la propia Alcaldía de Girardot, y con paradero hasta ahora desconocido por la ciudadanía, las rejas que delimitaban los linderos norte y sur del Parque Felipe Guevara Rojas.

Las del lindero norte, realizadas en hierro colado, constituían los restos de mayor longitud (aprox. 100 m.) y mejor conservados del enrejado artístico traído desde Nueva York en 1885 por orden del general Joaquín Crespo, entonces presidente de la República, para la plaza Girardot, de donde fueron retiradas a principios de la década de 1950, y una de sus secciones  recolocada en el Zoológico de Maracay. Un “remozamiento” del zoológico en la década de 1980 (que por cierto arrasó con el pabellón o dancing y con los baños públicos, ambos de fines de la década de 1920), implicó un nuevo desmontaje de las rejas, una pequeña parte de las cuales adornan (hasta nueva decisión de las autoridades, supongo) el conjunto escultórico La Girondina y el busto de Francisco Curro Girón en las afueras del circo de toros, así como la chimenea remanente del antiguo trapiche de la cercana población El Limón, capital del municipio Mario Briceño Iragorry. El paradero y el destino de la sección de las rejas que ahora nos (pre)ocupan, las que hasta junio de este año adornaron el acceso al Parque Felipe Guevara Rojas por la calle Santos Michelena, son hasta el momento desconocidos.




    

Vista general y de detalle de las rejas en hierro colado que se ubicaban, hasta su desmontaje en junio de 2014, en el lindero norte del Parque Felipe Guevara Rojas. Fotos: P.H., 2006.






Vistas del pabellón o dancing (arriba, foto extraída de Botello 2007) y de los baños públicos (abajo, foto de Vicente Amengual, 1975). Ambos edificios formaban parte de las instalaciones del Zoológico de Las Delicias y fueron derribados durante una intervención de este en la década de 1980.





Conjunto escultórico "La Girondina" (del español Emilio Laiz Campos, 1985) resguardado por una sección del antiguo enrejado de la plaza Girardot de Maracay. Foto: P.H., nov. 2014.




Enrejado actual (detalle) de la plaza Girardot, en herrería de soldadura y de burdo acabado, el cual se "inspira" en el que le fuera retirado en la década de 1950.  Foto: P.H., nov. 2014.


Las rejas del lindero sur del parque, colindante con la avenida Bolívar, estaban realizadas en hierro forjado, con volutas y aplicaciones florales, y barras de sección cuadrada rematadas en esferas y flores de lis, ensambladas por entero mediante remaches y abrazaderas. Aparte de su particular atractivo ornamental, este sistema de ensamblaje es hoy día muy raro y costoso, y ha sido prácticamente sustituido por el ensamblaje de soldadura, de factura menos laboriosa. Por si fuese poco, con la remoción de este enrejado fue destruida una parte de la obra mural “Maracay, riqueza ornitológica”, realizada en 2003 por el reconocido artista plástico J.J. Moros (por cierto, patrimonio vivo del municipio Girardot: IPC 2006, p.194).




Rejas en hierro forjado que se ubicaban, hasta su desmontaje en junio de 2014, en el lindero sur del Parque Felipe Guevara Rojas. Foto IPC, 2006.




Vista parcial de la obra "Maracay, riqueza ornitológica" (margen sur), del artista plástico J.J. Moros. Este mural en cerámica recortada se desarrolla sobre dos paredes ubicadas una frente a la otra, a ambas márgenes de la avenida Bolívar de Maracay. La sección de la margen norte fue derribada luego de la remoción de las rejas del lindero sur del parque. Foto: P.H., 2006.








Vista general y detalle de la sección de la margen norte del mural de J.J. Moros, destruido para dar paso a la "rehabilitación" del parque Felipe Guevara Rojas. Fotos: P.H., nov. 2014.


Igual suerte parecen haber sufrido, también por  disposición de la Alcaldía de Girardot,  el mobiliario en granito pulido de la plaza San Cristóbal, constituidos por varios bancos sin respaldo, y en particular por una fuente, en forma de copa y de mediano alzado, que era muestra de un sencillo  y delicado trabajo de labrado y pulido superficial. Esta plaza, dicho sea de paso, fue construida luego de la intervención perpetrada a finales de la década de 1940 contra el cementerio viejo, el cual databa cuando menos de 1839, con la consecuente pérdida de parte de esa historia no oficial de la ciudad contenida en los camposantos, así como de sus exponentes de arquitectura funeraria del siglo XIX, tan solo imaginables por las referencias de Augusto Padrón, el primer cronista oficial de Maracay, quien “nos recordaba que en sus días de juventud, hacia la segunda década del siglo XX, podían verse en el cementerio de la calle Páez lápidas y sepulcros con apellidos notables: Martel, Michelena, Boyer, Udis, Fuenmayor, etc.” (Botello 2007, p.102). De este cementerio no he hallado hasta la fecha siquiera un dibujo que lo ilustre para los que no llegamos a conocerlo; de la fuente tengo por lo menos la foto que aquí muestro.




Fuente en granito pulido, recientemente removida de la Plaza San Cristóbal de Maracay junto con los bancos del mismo material que completaban el mobiliario de este espacio público. Foto: P.H., 2006.


Confieso mi entusiasmo inicial cuando leía en la prensa las declaraciones del alcalde sobre la renovación y rehabilitación de espacios públicos para hacer de Maracay "una ciudad vanguardista" (Torres 2013). Me adherí a su afirmación de que "Maracay es una ciudad de mucho peso para el país, pero lamentablemente no había tenido suerte con sus gobiernos anteriores, que no procuraron darle el sitio que se merece, el que necesariamente debe tener nuestra Ciudad Jardín, como ícono, como centro del país". Al anunciar, en el marco de un proyecto denominado "Maracay Ciudad Jardín", la intervención mediante equipos multidisciplinarios de sitios emblemáticos como la Plaza Bolívar, el bulevar Pérez Almarza, la plaza El Ancla, la Plaza Bicentenaria y el parque Felipe Guevara Rojas, la autoridad municipal señalaba con énfasis contagioso que "son obras conceptualizadas como la transformación y el proceso de reconstrucción de Maracay, las cuales han sido diseñadas y enmarcadas dentro de un gran plan para el reordenamiento de la ciudad", y que "la nueva Maracay dispondrá de más zonas donde la cotidianidad estará de la mano de la calidad de vida, la armonía estará presente entre lo ciudadano y lo urbano, en el cual impere el respeto y las normas de convivencia, de allí la importancia de materializar obras como estas" (Pedro Bastidas... 2014). 

Ante la contundente virtud de tales objetivos, ¿cómo imaginar que pronto vería con angustia la supresión o el deterioro de un significativo mobiliario urbano, sin que mediase explicación (¿debería decir respeto?) alguna a la ciudadanía acerca de la razón de tales acciones y sobre el nuevo destino de dicho mobiliario en su carácter de bien de la nación y de patrimonio de los maracayeros?

Todos estos bienes y sitios afectados están incluidos en el Registro General del Patrimonio Cultural en virtud del Primer Censo del Patrimonio Cultural, llevado a cabo entre 2004 y 2006 en cumplimiento del postulado del artículo 99 de la Constitución Nacional, conforme a lo establecido en la Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural, y mediante el Acto Nº 003/05, de fecha 20 de febrero de 2005, por el cual el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) declaró Bien de Interés Cultural cada una de las manifestaciones tangibles e intangibles registradas en el censo mencionado y reflejadas en los catálogos elaborados con ocasión al mismo (IPC, op. cit.,  p. 267). A los fines de facilitar el manejo y salvaguardia de dichas manifestaciones, el IPC dictó la Providencia Administrativa Nº 012/05 (del 30 de junio de 2005), que fija las medidas técnicas a las que deben ceñirse las autoridades nacionales, estadales y municipales, así como las personas naturales y jurídicas (idem, p. 267).

Las rejas del antiguo Parque 23 de Septiembre son expresamente señaladas en las páginas 33 y 97 del catálogo de los municipios Girardot y Francisco Linares Alcántara del estado Aragua (ibidem); las rejas del Parque Felipe Guevara Rojas, en las páginas 26 y 139 del mismo documento; el mural de J.J. Moros en las páginas 139 y 154, y la Plaza San Cristóbal en la página 80.

Ante el evidente carácter patrimonial de estos bienes, pregunto: ¿Se dio cumplimiento, previo a las actuaciones que los afectaron, al artículo 21 de la providencia 012/05, que reza: "Toda intervención de los bienes culturales inscritos en el Registro General del Patrimonio Cultural que pudiera afectar los valores que motivaron su inclusión en el mismo, deberá ser previamente autorizada por el Instituto del Patrimonio Cultural"? Si así ha ocurrido, debe existir una comunicación oficial del ente rector del patrimonio cultural venezolano con los acuerdos y recomendaciones de cada caso, y la municipalidad tiene al menos la responsabilidad moral (y política) de dar a conocer su contenido a la ciudadanía. Si se obvió, en cambio, este requisito legal, el desconocimiento del mismo en modo alguno debería ser esgrimido como excusa, pues el catálogo correspondiente (que contiene además el texto de la Providencia en sus páginas 267 a 271) se encuentra disponible en la Internet (ver FUENTES en esta misma entrada).

Conste que la idea de lo que aquí expongo no es oponerme a ultranza a cualquier intento de intervención urbana por parte de la gobernación o de la alcaldía, ya que no tengo razones objetivas para pensar que no se hagan de buena fe y en beneficio de la ciudad y de sus habitantes. Pero mi obligación como ciudadano y como maracayero es manifestar mi satisfacción o mi inconformidad, según sea el caso,acerca de las maneras de esas actuaciones, y sobre todo señalar (ojalá que todavía a tiempo) los alertas pertinentes sobre el alto riesgo de que las consecuencias negativas de las mismas terminen siendo de carácter irreversible.


FUENTES

Botello, O. (2007). Toponimia antigua de Maracay: Calles, plazas, esquinas, casas, sitios. Maracay: Concejo Municipal de Girardot.

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2006). Municipios Girardot y Francisco Linares Alcántara, estado Aragua. Caracas: IPC. Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano. Región Centro Oriente: AR 03-17. Disponible: http://www.ipc.gob.ve/images/stories/mapa/RegionCentroOriente/Aragua/Girardot.pdf
[Consulta: 2014, Noviembre 14]

Pedro Bastidas: “Proyecto Maracay Ciudad Jardín nos llevará a la transformación urbana”. (2014, Junio 12). El Aragüeño [Versión digital]. Disponible: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.elaragueno.com.ve [Consulta: 2014, Noviembre 13]

Torres, E. (2013, Marzo 05). "Nuestro reto es hacer de Maracay una ciudad vanguardista". El Aragüeño [Versión digital]. Disponible: http://prensadigitalvenezolana.wordpress.com/2013/03/05/nuestro-reto-es-hacer-de-maracay-una-ciudad-vanguardista/ [Consulta: 2014, Noviembre 13]


ACTUALIZACIÓN INFORMATIVA

Parque Felipe Guevara Rojas contará con atractivos para los pequeños del hogar. (2017, Marzo 03). El Aragüeño [Versión digital]. Disponible: http://elaragueno.com.ve/region/parque-felipe-guevara-rojas-contara-con-atractivos-para-los-pequenos-del-hogar/

..."Jesús Pereira, presidente de ConstruAragua.... detalló que el atractivo de esta plaza está dirigido a las niñas y las niños de la Patria, pues está prevista la construcción de diversas atracciones infantiles y obras en concreto con revestido de materiales reciclables. 'Va a contar con una pérgola que adornará la caminería revestida de concreto, algo muy emblemático de la obra. Mientras que en el ornato se va a contar con plantas entre naturales y artificiales [sic], así como con sistemas de riego', acotó el presidente de la empresa". (Texto extraído de El Aragüeño, 03-03-2017).

miércoles, 12 de noviembre de 2014

La desaparición gradual del patrimonio urbano de Maracay o el desvanecimiento imperceptible de su identidad (I)


Cual si se tratara de un pasaje de La historia interminable, el exitoso relato de Michael Ende llevado al cine hace algún tiempo, Maracay pareciera ser objeto de un crónico “esfumado” que, a fuerza de repetirse, cada vez con mayor frecuencia, culminará fatalmente en la desaparición de todo aquello que le otorga singularidad, ante una tendencia en boga de “reconstrucción urbana” que, tal como ocurre con la estética del botox, parece destinada a igualar los rasgos de las ciudades desprevenidas bajo el aspecto grotesco de una máscara.

Maracay, es bueno recordarlo, no es heredera de notables edificaciones coloniales que, pongamos por caso a Coro (estado Falcón), le aporten en su conjunto un carácter peculiar, y que por tal razón le diferencien del resto de las urbes venezolanas. Aparte del destacable desarrollo de la plaza Bolívar y sus alrededores, la capital aragüeña solo tiene para mostrar a sus visitantes como algo novedoso edificaciones de principios del siglo XX, en buena parte aisladas, inconexas y descuidadas, que le aportan sin embargo identidad propia. A ello contribuye de igual modo su mobiliario urbano, que por incógnito y desperdigado ha sido presa fácil para un desmantelamiento sistemático, imperceptible y tal vez definitivo.
  
Todo esto viene a cuento a raíz de una visita efectuada en días recientes al centro comercial Paseo Estación Central, creado a partir de la rehabilitación del edificio industrial donde funcionó la empresa Telares Maracay, y abierto al público, con la presencia de la autoridad municipal, el 13 de julio del año en curso (Torres 2014). Por el hecho de ubicarse distante de mi ruta ordinaria por la ciudad, pospuse dicha visita hasta una buena mañana, cuando el azar dispuso la fecha y la hora de mi conveniencia.



Imagen referencial del futuro centro comercial utilizada en un anuncio de pre venta publicado en Inmobilia.com (2011, s.n.p.), con este interesante eslogan: "Rescatando nuestros valores históricos".


Según lo que pude apreciar entonces, el resultado parcial de la mencionada rehabilitación (aún en proceso) es sin duda prometedor: el hermoso trabajo en granito pulido de los pisos interiores, la transparencia predominante en las áreas comerciales y de servicio, y el agradable diseño de los espacios verdes, los cuales pueden ser contemplados desde la terraza del edificio, invitan al disfrute de una estancia prolongada en este magnífico inmueble, afortunadamente reintegrado a la ciudad.  Pero sobre todo, las renovadas fachadas estilo decó que, aunque con modificaciones formales, particularmente de sus ventanales, permiten imaginarse el esplendor del edificio en 1926, año de su construcción, considerado en tal momento una de las siete maravillas de la arquitectura en Venezuela (Hernández de Lasala 1990, p. 346) 



Telares Maracay (vista general), ca. 1930. Foto de Luis Felipe Toro Torito, Col. Biblioteca Nacional de Venezuela.


Pero es la celebración de este acertado aporte urbano lo que por lo pronto deberá ser postergado, pues bien merece una entrada extensa, bien ilustrada y, sobre todo, agradecida. Me temo que hoy solo servirá de pretexto para abordar, una vez más, la preocupante situación de nuestro patrimonio construido, y particularmente de nuestro poco valorado mobiliario urbano.
 
A decir verdad, los espacios internos originales de Telares Maracay fueron sujeto de derribos sucesivos a lo largo de los años, al igual que algunos elementos exentos que otorgaban equilibrio compositivo al complejo industrial. Cuando los propietarios hicieron público el cambio de uso, lo único que sobrevivía del vasto inmueble de otrora eran las fachadas y la armazón metálica que sostiene su estructura. Me tocó corroborarlo cuando participé en una visita técnica dispuesta por la Alcaldía del Municipio Girardot, como representante de una asociación civil dedicada a la defensa del patrimonio aragüeño. 



Fachada oeste de Telares Maracay, antes del inicio de los trabajos de rehabilitación (2006). Foto: P.H. 




Vista interior de Telares Maracay (2007). Foto: P.H.


Nos agradó sobremanera el presunto empeño de sus dueños (comentado por la arquitecta residente de la obra) en mantener al máximo el estilo y los elementos constructivos originales que habían logrado escapar de las fuertes e irreversibles intervenciones anteriores, empeño que generaba no pocos dolores de cabeza a los encargados de la rehabilitación del edificio. Me preocupaba en cambio el destino incierto de las rejas de forjado artístico que adornaron y sobrevivieron al viejo parque 23 de septiembre en la calle Páez, espacio aledaño que recordaba la fecha de la primera visita a Maracay del general Juan Vicente Gómez y que luego pasó a ser propiedad de la antigua empresa textil. Días antes, dichas rejas habían sido retiradas y sustituidas por una espantosa pared de bloque sin revocar. Justo allí, nos informó la arquitecta, estaba prevista la entrada norte al futuro estacionamiento, razón por la cual el enrejado debió ser desmontado. La desagradable pared que quedó en su lugar –agregó- sería temporal y protegería los materiales de construcción de los amigos de lo ajeno. 



Pintura al óleo del parque 23 se Septiembre, obra del español Victoriano Vicente Gil. Col. Gobernación de Aragua (Tomado de Botello 2007).



Columna y puerta en hierro forjado de entrada al sitio donde existió el viejo parque 23 de Septiembre, en la calle Páez (Detalle). Foto PH, 2006.



Vista general del enrejado que delimitaba el antiguo parque y de la pared levantada previo a su desmontaje. El inmueble al extremo izquierdo de esta imagen, que reemplazaba otra construcción que perteneciera al general patriota Santiago Mariño, fue derribado para el uso del sitio como estacionamiento del centro comercial. Foto: P.H. (2007).


Informé a nuestra anfitriona de que, así como el edificio de Telares Maracay, las rejas formaban también parte del Registro General del Patrimonio Cultural, y que por tanto estaban amparadas por la Providencia Administrativa Nº 012/05, del 30 de junio de 2005 (IPC 2006, pp. 267-271). Respondiendo a una solicitud nuestra, nos condujo al sitio donde se encontraban “a buen resguardo” las rejas en cuestión, descritas por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) de la siguiente manera: “estructura realizada con barras de sección cuadrada y pletinas en hierro, forjadas en forma de volutas y con aplicaciones florales, unidas mediante remaches y abrazaderas. Las barras terminan en flor de lis y pequeñas esferas. Las puertas de dos hojas son sostenidas por columnas también realizadas en hierro forjado. Con el tiempo la estructura perdió el coronamiento de acceso principal al parque” (op. cit., p. 33). Cabe señalar que dicha descripción culmina con la siguiente advertencia: “La edificación Telares Maracay está siendo intervenida para el funcionamiento de  un centro comercial, lo que hace temer por la integridad de las rejas del parque 23 de Septiembre… La institución responsable de estos bienes está en la obligación legal de tomar las medidas necesarias para conservarlos y salvaguardarlos, notificando al Instituto del Patrimonio Cultural sobre estas actuaciones”. Más claro, ni el mejor de los gallos.  

Nuestra recomendación en esa ocasión fue que las rejas se reinstalaran a su debido tiempo en algún espacio apropiado del futuro centro comercial. 



Vista de las rejas del antiguo parque 23 de Septiembre, ya desmontadas y depositadas luego en las instalaciones de Telares Maracay. Foto: P.H. (2007).


En mi visita al reciente centro comercial, esta vez como un ciudadano más, no divisé las rejas por ningún lado, al menos en los sectores hasta donde los trabajos de rehabilitación permiten el acceso. La inquietud de una duda quedó entonces suspendida en el aire todavía fresco de la mañana: ¿permanecen aún las rejas en su sitio de resguardo, esperando su colocación definitiva una vez que culmine la rehabilitación del edificio, o deberé suponer que nuestra recomendación haya sido obviada, en contravención de las disposiciones del instituto patrimonial?

La ignorancia sobre las leyes y reglamentos que norman nuestro accionar cotidiano es mal que afecta a todos los que no nos servimos habitualmente de ellas para el desempeño de las diarias funciones que nos corresponde ejercer, de manera que avanzamos siempre, las más de las veces sin saberlo, en la frontera entre lo lícito y lo indebido. Para advertirnos, y reprendernos si fuese el caso, están las autoridades pertinentes, en quienes no es en modo alguno excusable el desconocimiento y la desidia en la aplicación de los instrumentos jurídicos de su competencia. Existen una ley específica, un registro general de patrimonio (accesible a nivel municipal mediante  catálogos disponibles por Internet) y una providencia administrativa de obligado cumplimiento; y existen también un instituto nacional y una secretaría estatal como mínimo, encargados de velar por la cabal aplicación de dichos instrumentos.

Como maracayero, guardo la esperanza terca de ver restituidas oportunamente y en el lugar adecuado estas rejas, que forman parte de nuestro patrimonio urbano. 



FUENTES

Botello, O. (2007). Toponimia antigua de Maracay: Calles, plazas, esquinas, casas, sitios. Maracay: Concejo Municipal de Girardot.

Hernández de Lasala, S. (1990). Malaussena: Arquitectura académica en la Venezuela moderna. Caracas: Fundación Pampero [Transcripción del artículo de Rafael Seijas Cook intitulado “Una de las siete maravillas de la arquitectura venezolana” y publicado en Élite, Nº 41, en Junio de 1926].

Inmobilia.com: Aragua: Guía de inmuebles, productos y servicios. Año 15, Nº 1042, junio 2011. 

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2006). Municipios Girardot y Francisco Linares Alcántara, estado Aragua. Caracas: IPC. Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano. Región Centro Oriente: AR 03-17.

Torres, E. (2014, Julio 14). Centro Comercial Paseo Estación Central abrió sus puertas. El Aragüeño [Periódico en línea]. Disponible:  http://www.prensaescrita.com/ adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.elaragueno.com.ve [Consulta: 2014, Noviembre 11].


viernes, 7 de noviembre de 2014

Cementerio "La Primavera" de Maracay. Arte funeraria. La colección de obras iconográficas: Cruz y crucifijo (I)

Señala Ruiz Montejo (1991) que hasta la primera mitad del siglo III d.C. no se conoce manifestación alguna de arte cristiano. Adelanta como posibles razones la posición iconoclasta de los Padres de la Iglesia por prescripción bíblica, así como la dificultad inicial de expresar mediante la materia contenidos de carácter trascendente. El cristiano primitivo provenía sin embargo de un pasado pagano, en el que la vinculación con los dioses se realizaba a través de la manifestación artística, lo cual suponía una actitud popular generalizada que quería ver en imágenes a los personajes y los acontecimientos propios de la novel religión que se abrazaba. Dicha actitud popular y las propias necesidades de catequesis llevan a la Iglesia a adoptar el simbolismo como vía de expresión plástica. Recurre entonces a imágenes paganas cuyas connotaciones morales fuesen congruentes con las cristianas, a fin de poder considerarlas propicias para adecuarlas a los nuevos contenidos. Símbolos, mitos y representaciones diversas de deidades de las antiguas religiones sustituidas, así como pasajes y episodios bíblicos constituyeron entonces la materia prima para la iconografía cristiana.

A lo largo de la historia, el cristianismo experimentará disensiones y cismas que determinarán actitudes diversas frente a la imagen religiosa, así como la adopción de formas expresivas propias. El catolicismo ha sido sin duda un medio fructífero para la evolución y enriquecimiento iconográfico mediante el usufructo, recreación y diversificación de signos, símbolos y alegorías. La representación de la Virgen María en sus numerosas advocaciones y la de los personajes del amplio santoral católico constituyen una muestra fehaciente de esta afirmación.

Cruz y crucifijo.

La cruz es uno de los símbolos más antiguos de la humanidad y ha sido adoptada por muchas religiones. Se conoce como símbolo del cristianismo desde el siglo III d.C., cuando comenzó a usarse para evocar la ejecución de Jesús y representar su triunfo sobre el madero de tormento. Este sentido primordial de la cruz cristiana se conserva en las iglesias evangélicas, extendido al de la fe en la resurrección. Es solo en la Edad Media cuando comienza a representarse a Jesús sufriente o fallecido sobre la cruz. Dicha modalidad, llamada crucifijo (derivado del latín crucificăre: fijar a la cruz), fue adoptada por la iglesia católica para enfatizar el sacrificio de Jesús, sin dejar por ello de lado el sentido primordial de triunfo sobre la muerte.

La cruz y el crucifijo son los motivos más frecuentes y variados en La Primavera. Salvo muy escasas excepciones, los elementos más notables de cruz son en herrería artística de forjado, en su mayoría de pequeño formato. Por su parte, las representaciones notables de crucifijo que subsisten apenas sobrepasan la veintena, y al menos la mitad de ellas se encuentran incompletas. Debe advertirse que la notabilidad o relevancia asignada a algunos de estos objetos no depende necesariamente de su calidad artística o riqueza de materiales; la singularidad es de hecho otro factor que determina la selección de obras notables, de las cuales serán reseñadas las más representativas.

Crucifijo. En el grupo de crucifijos, tres de ellos, obras de encargo y tal vez de procedencia europea, merecen destacarse por su calidad de factura. El primero forma parte del denominado Panteón de la familia Ruiz González (s.f.), monumento que lleva la firma de la empresa Fco. Pigna Sucs. Este crucifijo en mármol evidencia un trabajo cuya destreza y sensibilidad se manifiestan en una figura de Jesucristo grácil y proporcionada. El elaborado detalle del paño de pureza brinda dinamismo a la composición y aporta por contraste dramatismo a la escena. La belleza de esta obra se sobrepone a la mutilación de sus pies y de su brazo derecho.


La plataforma de Félix M. Pérez U., fallecido en 1932, tiene de cabecera un crucifijo cuya base figura un túmulo de piedra que evoca el Gólgota. En esta obra, realizada por entero en mármoles del mismo tono, y con dimensiones de 2.40 m. x 1.00 m. x 0.37 m., el énfasis parece estar dado precisamente en la postura de la figura de Jesucristo, cuyo realismo en el lógico desplome por causa de la muerte corporal, intentaría revelar más bien la faceta humana del personaje. La ubicación del crucifijo sobre un cipo de 1.10 m. de altura suplementa sus medidas, poco usuales en los monumentos funerarios de La Primavera, otorgándole impresión de monumentalidad.


La faceta humana de Jesucristo a la que se ha hecho alusión en el párrafo anterior se manifiesta con mayor evidencia en el crucifijo de la tumba de María Hermoso (fallecida en 1952), realizada por la firma F. Roversi. De dimensiones discretas (1.20 m. x 0.60 m.), y elaborada en caliza gris y mármol, esta obra parece mostrar al personaje en el trance del suplicio, padecimiento que intentaría ser expresado más en el adelantamiento del cuerpo - especie de vana actitud de resistencia - que en el ligero crispamiento de su rostro. La ausencia de ambos brazos afecta en este caso el equilibrio formal de la figura de Jesucristo, que luce desproporcionada.


El crucifijo que se emplaza acostado sobre el monumento donde yace Felipe Chacón, fallecido en 1944, destaca fundamentalmente por su singularidad. Está compuesto por una cruz moldeada en granito artificial y por un Cristo en mármol, el cual pareciera haber sido elaborado según el modelo de la eboraria hispano filipina (siglos XVI-XVII), mediante el cual se representaba al Cristo con rasgos orientales: ojos achinados, párpados gruesos, naríz achatada y pies rechonchos (Ruiz Gutiérrez, 2005). Sin obviar la calidad de su factura, esta obra, de solo 0.80 m. x 0.40 m., tiene carácter único en La Primavera, y en tal sentido posee valor excepcional. Dicha imagen se encuentra actualmente fracturada a la altura de sus pies y en su brazo izquierdo, cuyos fragmentos sueltos aún se conservan.


Otras tres obras con este motivo han sido seleccionadas como objeto de comentario, las tres de creación popular. La primera de ellas (0.74 m. x 0.50 m. x 0.08 m.) pudiera ser de autor y forma parte de la tumba de Wilfredo Abreu (fallecido en 1977) y Teresa Ortega (fallecida en 2009). De carácter minimalista, consiste en una simplificación del motivo crucifijo realizada en herrería artística de soldadura, y en la que la figura del Cristo está esbozada por una simple línea de cabilla y pletina.



La segunda obra, también de autoría anónima, pertenece a la tumba de la familia Hernández Montero (probablemente de 1954, según la fecha del primer enterramiento), y consiste en un mosaico de la figura de Jesucristo, aplicado sobre una cruz moldeada en granito artificial. El trazado elemental de la figura no disipa cierta sensación de simplicidad deliberada, que parece haber sido lograda con inusitada seguridad en la factura, lo cual podría ser producto de manos conocedoras del oficio.


El tercero de este grupo de crucifijos pareciera ser en cambio una obra de taller, de producción en serie y de descuidado montaje. Compuesta por una cruz en granito y una imagen aplicada del Cristo moldeada en cemento, esta obra evoca el arte románico y sus figuras alargadas, cargadas de realismo y gran fuerza expresiva. La atención en el detalle se concentra principalmente en el torso, de marcado costillar, y en la cabeza, de rostro enjuto y abundante cabellera. Difícil intuir, como en los casos anteriores, alguna intencionalidad en el logro de una producción determinada; sin embargo el resultado obtenido no deja de ser interesante entre los numerosos crucifijos convencionales elaborados en talleres de origen popular que pueden encontrarse en este cementerio.





FUENTES CONSULTADAS

Ruiz Gutiérrez, A. (2005). Las aportaciones artísticas de Filipinas [Documento en línea].            Disponible: http://docs.google.com/viewer?a=v&q=cache:
     yIZExo4uTusJ:www.ugr.es/~histarte/investigacion/grupo/proyecto/TEXTO/      
     ana1.pdf+cristos+filipinos&hl=es&gl=ve&sig=AHIEtbSZPJxtlv9ZX9OoLYS 
     KPxX_MuGksQ [Consulta: 2009, Diciembre 16]

Ruiz Montejo, I. (1991). El nacimiento de la iconografía cristiana. Cuadernos de Arte e Iconografía [Revista en línea], 4(7). Disponible: http://www.fuesp.com/revistas/pag/cai0701.html [Consulta: 2010, Enero 12] 

lunes, 28 de abril de 2014

Hotel Maracay, cumpleañero


Hoy inicia la semana aniversario del Hotel Maracay, de acuerdo con información suministrada a la prensa por la presidenta de Aratur, S.A., Berenice Bernal (Hotel de Golf…, 28-04-2014). Son cincuenta y ocho años contados desde su inauguración en 1956 por el general Marcos Pérez Jiménez, quien ejercía entonces la presidencia de Venezuela. Casi sexagenario, este hotel ha experimentado a lo largo de su historia circunstancias sociopolíticas y económicas que se manifiestan en el estado actual de sus instalaciones. Es objeto de un  proceso de rehabilitación por etapas, de las cuales se ha adelantado el rescate del área de piscinas, el cine-teatro y los jardines. Sin embargo, su aprovechamiento como un todo, una vez culminada la rehabilitación, no parece del todo claro. Sin duda alguna, la calidad de su diseño, de su oferta hotelera y de su entorno natural, así como la disposición de espacios para ampliación previstos en el proyecto original y su estratégica ubicación, esto es, en el área centro norte costera del país y al norte de Maracay (integrado a ella pero aislado del tráfago citadino) y con presencia de áreas militares en sus dos únicas vías de acceso (lo que facilitaría el despliegue de un plan de seguridad y contingencia para personalidades de alta investidura), son factores que confieren al sitio ventajas comparativas para considerar el funcionamiento de un centro de convenciones a escala nacional e internacional.

Valga esta entrada como un sencillo homenaje al cumpleañero (a quien debo gratos recuerdos juveniles), deseándole, como se acostumbra en estos casos, muchos años venideros, pero sobre todo, mucha calidad de vida.

 

“Hotel Maracay y su campo de golf”, foto de Julio Gómez Durán (dec. 1990?)


El Hotel Maracay es un complejo arquitectónico proyectado en 1955 por Luís Malaussena y desarrollado en la zona de Las Delicias sobre una extensa área de  terreno  en su mayor parte habilitado para la práctica de golf, actividad que habría de incidir en el diseño: …”el hecho de que el Hotel Maracay sea el más importante de la ciudad, y haya sido calificado a través de su publicidad como hotel del golf, parece reflejarse en el tratamiento de la fachada del bloque de habitaciones, la cual ha sido resuelta con el tratamiento de muro cortina, cuyos antepechos de color azul marino contribuyen a dotarla de un aspecto de seriedad y distinción”  (Hernández de Lasala 1990, p. 284).

Vale la pena transcribir en esta ocasión otras consideraciones de Hernández de Lasala respecto de los posibles aspectos que influenciaron el diseño de este hotel, proyectado simultáneamente con el Hotel Guaicamacuto de Caraballeda (o Macuto Sheraton, como se le denominó posteriormente), y con el cual guarda rasgos comunes:

“Al analizar la arquitectura de los dos hoteles, nos encontramos con la oportunidad en que Luís Malaussena manifiesta posiblemente la actitud más alejada de la arquitectura académica de toda su obra, y su lenguaje está más bien ligado a lo que se conoce como estilo internacional […] Sin embargo, es preciso, en este caso, tomar en cuenta de nuevo , tal como se hizo al hablar del Círculo de las Fuerzas Armadas [Caracas], la presencia de los tres jóvenes arquitectos alemanes contratados por él para la época en que fueron desarrollados esos proyectos. Se trata de F. Beckoff, K. Heufer y K.P. Jebens, cuya formación, aparentemente mucho más cercana a la modernidad [1] que la de Malaussena, muy bien pudo dejarse sentir a través de su participación en esos trabajos. Por otra parte, es importante considerar también la influencia que pudo haber tenido, tanto en Malaussena como en sus jóvenes colaboradores, la espectacular expansión desarrollada en la época por las grandes cadenas hoteleras internacionales, tales como la Intercontinental, y particularmente la Hilton, cuyo hotel en Estambul, proyectado por Skidmore, Owings & Merril y Sedad H. Eldem, muestra un asombroso parecido en su aspecto con el Hotel Guaicamacuto.  [Las construcciones del Estambul Hilton y del Hotel Guaicamacuto fueron casi simultáneas] por lo que, más que el caso de influencias producidas por los proyectos o por las construcciones en sí, parece tratarse del conocimiento y asimilación de las tipologías que para esa clase de edificación eran manejadas a escala internacional para la época. En este sentido, es conveniente referirnos a la estrecha vinculación que siempre tuvo Luís Malaussena con la ciudad norteamericana de Miami [donde falleció en 1963], especialmente si se toma en cuenta el enorme desarrollo hotelero que la zona de Miami Beach, adyacente a esa ciudad, experimentó durante la primera mitad de este siglo [s. XX] y hasta bien entrada la segunda. Se sabe que Malaussena viajó a Miami para documentarse en relación al tema hotelero cuando le fueron encargados  esos dos trabajos [hoteles Guaicamacuto y Maracay]. Posiblemente la explicación acerca de la manera como Malaussena acomete los proyectos de esos dos hoteles se pueda encontrar un poco en cada una de las consideraciones expuestas; es decir, en su actitud ecléctica en relación al carácter, en la presencia de sus jóvenes colaboradores alemanes y en la aceptación y manejo de los tipos que en ese momento eran admitidos a escala mundial como los más avanzados" (Op. cit., p. 280).  

El Hotel Maracay se encuentra en el listado de Sitios de Interés Artístico, Histórico, Arquitectónico y/o Arqueológico que constituyen el patrimonio cultural del estado Aragua, según el Decreto 975 contenido en la Gaceta Oficial del estado Aragua Nº 610 extraordinario del 21 de noviembre de 1997 (IPC 2006, pp. 109-110).




Campo de golf del Hotel Maracay (Foto: IPC, 2006)


En estrecha vinculación con el Hotel Maracay está el terreno donde se asienta, y que los maracayeros conocen como el campo de golf. Su conservación como área natural es un privilegio para la ciudad, en un sitio sometido a una alta presión urbana. Tal vez por ese motivo, y a objeto de reducir la probabilidad de un cambio de uso, en 1987 fue declarado Zona Verde por la municipalidad de Girardot (Gaceta Municipal Nº 79 extraordinario del 3 de noviembre de 1987), bajo el nombre de “Parque Ciudad de Maracay", de carácter público, indivisible e inalienable, y en el que solo podría permitirse edificaciones directamente complementarias a la actividad recreacional pasiva (Op. cit, pp. 61-62).




Ficus nekbudu (Foto: IPC, 2006)


En el sector ajardinado frente a la fachada norte del hotel se muestra espléndido un ejemplar de Ficus nekbudu, originario de África y traído de Brasil por el diplomático Enrique Tejera París, quien lo sembró en la década de 1960 como recuerdo de su estancia en el hotel y en honor a Maracay como “Ciudad Jardín de Venezuela” (el Ficus Nekbudu seguirá…, 04-04-1999). Además de este ejemplar, Tejera París habría sembrado otro en un área aledaña a la piscina, el cual ya no existe. Según el artículo de prensa, el diplomático los denominó “Los Mayas” y fueron los primeros árboles de esta curiosa especie que se sembraron en Venezuela. El uso de este árbol como fondo para fotografías de matrimonios y otros eventos, comentado por la presidenta de Aratur S.A., representa un buen ejemplo de apropiación afectiva, elemento fundamental en la formación de la identidad y sentido de pertenencia necesarios para favorecer la protección de todo patrimonio cultural.    


En 2006, el Hotel Maracay, el campo de golf y el ficus nekbudu  fueron inscritos en el marco del I Censo del Patrimonio Cultural Venezolano del Instituto del Patrimonio Cultural, y reflejados en su catálogo 2004-2007. En virtud de ello se encuentran amparados por la Providencia Administrativa Nº 012/05, publicada en la G.O.R.B.V. Nº 37.685, del 08-05-2003 (Idem, pp. 267-271).



NOTAS:

[1] La autora acota que utiliza el término moderno “en sentido lato para expresar lo que en esos años se entendía como novedoso o de actualidad” (p. 293).



FUENTES:

Hotel de Golf Maracay arriba a su 58º aniversario. En: El Aragüeño (2014, Abril 28) [Versión digital]. Disponible: http://www.elaragueno.com.ve/region/articulo/36708/hotel-de-golf-maracay-arriba-a-su-57-aniversario [Consulta: 2014, Abril 28].

El Ficus Nekbudu seguirá adornando por muchos años más al Hotel Maracay. En: El Siglo, 1999, Abril 04.

Gómez Durán, Julio. (1999). Aragua: Sus pueblos hacia el tercer milenio. Caracas: Autor.

Hernández de Lasala, Silvia. (1990). Malaussena: Arquitectura académica en la Venezuela moderna. Caracas: Fundación Pampero.


Instituto del Patrimonio Cultural [IPC]. (2006). Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2007: Región Centro Oriente: Estado Aragua: Municipios Girardot y Francisco Linares Alcántara. [AR 03-17]. Caracas: Autor.



ACTUALIZACIÓN INFORMATIVA:

Aprobados Bs. 48 millones para culminar Paseo Recreacional Henri Pittier en Aragua (2016, Septiembre 28). Correo del Orinoco [Versión digital]. Disponible: http://www.correodelorinoco.gob.ve/regiones/aprobados-bs-48-millones-para-culminar-paseo-recreacional-henri-pittier-aragua/

Castellanos, M. y Betancourt, R. (2015, Agosto 25). Hotel de Golf Maracay recuperará su encanto a través de convenio mixto. En: Ciudad Maracay [Versión digital]. Disponible: http://www.ciudadmcy.info.ve/index.php/aragua-2/4608-hotel-de-golf-maracay-recuperara-su-encanto-a-traves-de-convenio-mixto

Gobierno hará una nueva inspección en el Hotel Marriott-Maracay. (2016, Octubre 13). En: Correo del Orinoco [Versión digital]. Disponible: http://www.correodelorinoco.gob.ve/regiones/gobierno-hara-una-nueva-inspeccion-hotel-marriott-maracay/

Lara, M. (2015). Gobierno firmó convenio con cadena Marriot. (2015, Agosto 24). En: El Aragüeño [Versión digital]  Disponible: http://elaragueno.com.ve/gobierno-firmo-convenio-con-cadena-marriott/

Nuevas obras de infraestructura en Aragua permitieron incrementar actividad turística en 2015. (2016, Enero 16). En: Correo del Orinoco [Versión digital]. Disponible: http://www.correodelorinoco.gob.ve/economia/nuevas-obras-infraestructura-aragua-permitieron-incrementar-actividad-turistica-2015/

Ontiveros, J. (2015, Septiembre 01). Rescate del Hotel Maracay es un estímulo al sector turismo de Aragua. En: El Aragüeño [Versión digital]. Disponible: http://elaragueno.com.ve/rescate-del-hotel-maracay-es-un-estimulo-al-sector-turismo-de-aragua/

Rodríguez, A.R. (2016, Noviembre 15). Hotel Golf Maracay-Marriot abrirá sus puertas en mayo de 2017. El Aragüeño [Versión digital]. Disponible: http://elaragueno.com.ve/region/hotel-golf-maracay-marriot-abrira-sus-puertas-en-mayo-de-2017/

Foto: Alejandro Arias (Extraída de El Aragüeño, 15-11-2016).