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domingo, 22 de agosto de 2010

El Art Deco en Maracay (Parte VII y última)

Pedro G. Hernández S.

Maracay tuvo el privilegio de servir de espacio abierto para la actividad creativa de numerosos arquitectos e ingenieros, en particular durante la década de 1930, periodo de efusión del art deco en América. Curiosamente, las propuestas de estos profesionales -muchos de ellos jóvenes y formados en Europa- no expresaron sus creaciones dentro de ese estilo; al menos no en forma clara y evidente. Los arquitectos que más se acercaron a las propuestas formales deco fueron Carlos Guinand Sandoz y Luís Malaussena. El primero con la actual sede del Liceo Libertador, ya comentada; el segundo con el Teatro de la Ópera de Maracay, del cual Guinand Sandoz es coautor. La construcción del Teatro de la Ópera de Maracay se encontraba muy avanzada cuando ocurrió el fallecimiento de Juan Vicente Gómez, en diciembre 1935. El diseño original sonaba claro en la propia voz de sus autores: “La fachada principal está formada por tres masas verticales contrastando con la horizontalidad de las tres entradas principales y la gran marquesina de vuelo 3.50 m. Motivos de aluminio combinarán su efecto con proyecciones luminosas en los centros de los cuerpos laterales, completando así sus detalles el carácter netamente moderno del nuevo teatro de Maracay”.[1] En enero de 1936 se paralizó la obra y la misma fue despojada de los materiales y objetos ya dispuestos para sus acabados finales y su equipamiento. Tras cuarenta años de olvido, en 1971 se encargó la rehabilitación del edificio al arquitecto Luís Manuel Trompiz, cuya intervención se tradujo en la desvirtuación de su diseño primigenio y en su desleimiento estilístico.


El resto de las edificaciones que circundan la plaza Bolívar -el complejo arquitectónico y urbanístico de mayor trascendencia en la ciudad, inaugurado en 1930- constituyen en términos generales una recreación del academicismo decimonónico a través de una propuesta ecléctica que apenas se permitió admitir uno que otro elemento vinculado al art deco. Tales elementos se perciben en las fuentes, en el motivo geométrico del piso, en las columnas sin plinto ni capitel y en las rejas exteriores del Hotel Jardín, de Carlos Raúl Villanueva. Casi como un guiño, la fuente del patio que separa los espacios del bar y del salón de baile recuerda en pequeño la del estanque del Palais Stoclet (1905-1911) en Bruselas (Bélgica), obra del arq. Josef Hoffmann, ejemplo por excelencia de art deco y “consumación del ideal del modernismo [y de] la obra de arte total ”.[2]

Arriba: Carlos Raúl Villanueva en el recién inaugurado Hotel Jardín de Maracay (1930). Abajo: estanque del Palais Stoclet, de Josef Hoffmann. 

También se perciben rasgos deco en el frontón en zigzag, en la oposición a la horizontalidad de los vanos de puertas y ventanas, y en las columnas de sección lobulada del templete de la Policlínica Maracay, de Carlos Guinand Sandoz, así como en la pureza lineal del Cuartel Páez -diseñado por el ing° Carlos Pérez Barrios-, apenas interrumpida por el volumen cúbico del cuerpo de entrada principal con sus llenos de remate escalonado y sus vanos de ventana verticales. El caso se repite en la Maestranza de Maracay, otra obra de Villanueva inaugurada en 1933, donde los motivos orientales y las líneas suavemente onduladas de los cerramientos en hierro forjado de la galería exterior, así como el rico revestimiento de la fachada principal de la mezquita oeste y el caprichoso juego de llenos y vacíos en pirámides escalonadas de las almenas del patio son elementos y recursos ornamentales que remiten al repertorio deco.

  Fachadas de la Policlínica Maracay y del Cuartel Páez, edificaciones inauguradas en 1930, y detalles de la Maestranza de Maracay, inaugurada en 1933. 

Finalmente, en el diseño del campus de la Universidad Central de Venezuela en Maracay, construido en 1945, Luís Malaussena toma elementos formales de Art Deco dentro de su propuesta racionalista: la fuente en la redoma de distribución hacia las facultades de Agronomía y Veterinaria, las formas redondeadas de los pabellones de cirugía, el adoquinado en las paredes y el predominio de líneas verticales y horizontales en el edificio central, así como sus amplios ventanales en panel acristalados y su hall de entrada, parecen constituir un homenaje postrero a un estilo que dejó su impronta en la arquitectura mundial del primer tercio del siglo XX.

 

FUENTES CONSULTADAS:

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[1] HERNÁNDEZ de LASALA, Silvia (1990). Malaussena. Arquitectura académica en la Venezuela Moderna. Caracas: Fundación Pampero, pp. 108-111.


[2] STERNE, Gabriela (1982). Modernismos. Barcelona: Editorial Labor, S.A., p. 103.



2 comentarios:

  1. La verdad, es que el diseño original del Teatro de la Ópera era mucho más coqueto y hermoso que el que terminó por realizarse.
    Como siempre un recorrido por la arquitectura que nos premite paladear un poco estos edificios y construcciones.
    Saludos

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  2. Tienes razón Claudia. Digamos que esto es parte de las vicisitudes que conforman la historia de las ciudades. Cuando me encuentro con estas realidades, y Maracay está llena de ellas, doy gracias a Dios por que al menos la edificación no haya sido derribada para construir otra que, en provincias, por lo general, ya se adivina en qué cosa puede terminar... si es que termina. Mientras exista el edificio, siempre queda la posibilidad de que en el futuro corra con mejor suerte.

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