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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Patrimonio inmaterial venezolano en días de Navidad


En su Manual de folklore venezolano, publicado por primera vez en 1955, la investigadora Isabel Aretz es enfática al afirmar que “la fiesta más importante para el venezolano, tanto en las ciudades como en los campos, es la Navidad” (Aretz 1976, p.132).  Sus recorridos de observación por todo el país le permitieron constatar entonces manifestaciones relacionadas con su celebración iniciadas en septiembre u octubre con el paseo del Niño por los campos, hasta el día de la Virgen de Candelaria (2 de febrero, día de la Purificación de la Virgen y de la Presentación de Jesús en el Templo), cuando se procede a desmontar el pesebre o nacimiento. Un alegre aguinaldo de la región de Barlovento (estado Miranda), “Candelaria hermosa”, testimonia este día como fecha de cierre de la Navidad en dos de sus estrofas:

Nuestras navidades/ suelen terminar/ el dos de febrero/ y entra el carnaval; Se va la parranda/ que hoy nos entretiene/ volveré con ella/ el año que viene.

Entre principio y fin de este prolongado lapso de celebración, abundan a lo largo y ancho del país las  expresiones dedicadas o a propósito de fechas y períodos emblemáticos relacionados con la venida de Jesús: Adviento, Navidad, Inocentes, Fin de Año, Reyes… Algunas de estas expresiones se mantienen con gran vitalidad, otras sobreviven a duras penas gracias al esfuerzo casi quijotesco de cultores y de instituciones locales, públicas o privadas: Pastores,  Novena del Niño, Posadas, Paradura del Niño, y una numerosa gama de diversiones o parrandas, consistentes en danzas y representaciones teatrales diversas: El Pájaro GuarandolEl CariteLa SirenaLos ChimichimitosEl Mare-MareEl RóbaloEl Sebucán y El Avión, Los Locos o Locainas, el Mono de Caicara, El Espuntón, Cintas, danza de la Botella, baile de los Chimbangueles, la Bajada de Los Reyes, los Danceros de La Candelaria. La mayor parte de ellas son de raigambre española, pero han adquirido particularidad, en mayor o menor grado, gracias al aporte cultural específico de las comunidades que hasta el día de hoy las practican y mantienen.



Conjunto de aguinalderos con sus instrumentos: de izq. a der., charrasca, cuatro, furruco, tambora, guitarra y maracas (estado Carabobo). Foto: Luis Felipe Ramón y Rivera, década 1950?, extraída de Aretz 1976.


Apenas quince años después de la primera publicación del referido manual, Aretz expresaba su preocupación por la posible desaparición de muchas de estas manifestaciones de la cultura tradicional debido al fallecimiento y el pronto olvido (incluso en sus propios lugares de origen) de artesanos y artistas populares, y a la sustitución de dichas manifestaciones por otras que proceden de influyentes comunidades con distinta idiosincrasia (en lugar de la convivencia de las mismas): “Nuestros campesinos que todavía usan el arado de madera, acompañan a veces sus faenas con un radiecito de transistores que los pone en contacto con el resto del mundo, pero que también les hace olvidar lo más preciado de su propia cultura, como es la música tradicional” (op. cit., p. 10: Prólogo a la segunda edición). “Es la cultura tradicional, agrega la autora, .... la que interesa describir y salvar por cuanto ella representa la raíz, o sea la base formativa del venezolano”.

Aparte de las escuelas, cuyos objetivos docentes contemplan la información y la motivación sobre manifestaciones culturales nacionales y locales, algunas instituciones y no pocos núcleos familiares intentan preservar las tradiciones más vinculadas a sus propósitos y a sus afectos.       

En este sentido, es oportuno destacar el caso de los Pastores del Niño Jesús de El Limón, expresión característica de dicho centro poblado (estrechamente vinculado con Maracay), que se representa el segundo sábado de cada diciembre o el noveno día antes de la Navidad en adoración y agradecimiento a Jesús niño por los favores concedidos, y que fusiona elementos del culto católico con personajes y manifestaciones extraídas de la cultura popular (IPC 2006b, pp. 120-121). Este año han celebrado sus cien años de arraigo local desde que esta manifestación llegara de la vecina población de Aguas Calientes (estado Carabobo), con una particular vitalidad gracias a los numerosos talleres de difusión llevados a cabo en las escuelas, así como a la entusiasta participación de la población infantil quizás en razón de la época festiva en la que se ejecuta, de la vistosidad de la indumentaria y de la variedad de personajes y movimientos. La clara vigencia de esta manifestación cultural, contenida en el Registro General del patrimonio cultural venezolano, ha propiciado seguramente el apoyo financiero de la gobernación del estado Aragua para festejar este especial aniversario (Barrios 2014). 



Personajes de los Pastores del Niño Jesús de El Limón (2003). Foto extraída de Contreras 2007?


En tiempo de Adviento (tiempo de preparación para la venida de Jesús, que se cumple durante las cuatro semanas que preceden la Navidad) tienen lugar dos manifestaciones significativas en el culto católico: las Misas de Aguinaldo y la Novena del Niño Jesús, ambas realizadas a lo largo de los nueve días previos al Nacimiento.

Las Misas de Aguinaldo gozan todavía de amplia aceptación entre la población católica venezolana, tal vez debido a las particulares circunstancias de su realización. Su celebración en las frescas madrugadas decembrinas y el ambiente festivo de la Navidad que las imbuye motivan la asistencia de todo el núcleo familiar. Aun cuando las patinadas infantiles se van haciendo menos frecuentes por la escasez de espacio adecuado propia de nuestras ciudades y a pesar de que la celebración de las misas procura cada vez más el amparo de la luz del día por cuestiones de seguridad, se conserva la costumbre de consumir chocolate caliente, café, bollos y pasteles después de la misa, y sobre todo, la de animar el acto litúrgico con los tradicionales aguinaldos, que enriquecen con su diversidad y vigencia el acervo musical venezolano.

Como muestra de esta hermosa expresión musical coloco los siguiente enlaces:

https://www.youtube.com/watch?v=wX3IomIYcW0 (El Quinteto Contrapunto interpreta una serie de aguinaldos y parrandas tradicionales y de creación popular y académica.
https://www.youtube.com/watch?v=lLj-T-bbhgc (Un aguinaldo de aires costumbristas en la voz de su propio autor, el reconocido cantante y compositor Simón Díaz).
https://www.youtube.com/watch?v=CH4PzvygQvE (La cantora Cecilia Todd ofrece aguinaldos de tres compositores contemporáneos -Otilio Galíndez, Henry Martínez y Leonel Ruiz-, que permiten apreciar la presencia vital de este género en el repertorio general de música venezolana).

Cabe mencionar que Simón Díaz, Otilio Galíndez y Henry Martínez han sido incluidos en los censos de Patrimonio Cultural correspondientes a los municipios Urdaneta (IPC 2006a, p.88), Mario Briceño Iragorry (IPC 2006b, p.80) y Girardot (IPC 2006c, p.213) del estado Aragua, respectivamente.

En Venezuela las Misas de Aguinaldo tienen visos particulares. Al respecto, en Correo del Caroní puede leerse lo siguiente:  ..."en todo el mundo el color usado en las celebraciones es el morado; sin embargo, en Venezuela se permite utilizar el blanco, además de los instrumentos típicos del aguinaldo. El padre Carlos Ruiz, sacerdote de la iglesia San martín de Porres, en Brisas del Sur en San Félix, explicó que Venezuela es privilegiada, pues es uno de los pocos países en que se permite cantar el Gloria y el Aleluya en las eucaristías de la novena de Navidad. 'Además en este país se permite hacer el novenario completo, porque en otros países inicia es el 17 de diciembre, todo esto para que la tradición prevalezca y no se pierda', añadió. El permiso fue otorgado por el Vaticano, específicamente por el Papa León XIII, en vista de la cantidad de personas que asisten a las misas. En ese entonces, los religiosos explicaron lo importante del uso de los instrumentos en las misas de aguinaldo, lo que suma más alegría a la celebración" (Pocaterra 2014). En El Impulso se destaca en tanto que "gracias a la iniciativa de la Conferencia Episcopal Venezolana, cada misa de aguinaldo tiene una intención u oración especial a Jesús Eucaristía, a través de la cual se pide la bendición divina para las familias, matrimonios, juventud, gobernantes, clero, indígenas, infancia, entre otros temas que son de interés colectivo" (Rodríguez 2012).

La Novena del Niño Jesús es por su parte una expresión más propia de los estados andinos (Táchira, Mérida y Trujillo), y consiste en un conjunto de oraciones efectuadas entre el 16 y el 24 de diciembre, preferiblemente ante el pesebre o nacimiento, las cuales están dedicadas al misterio de Navidad, a la Sagrada Familia, y particularmente a Jesús niño, con el fin de preparar a los orantes para recibir apropiadamente al Mesías: Oración para todos los días, Oración a la Santísima Virgen, Oración a San José, Consideraciones diarias, Gozos y Oración al Niño Jesús.

En el resto del país la costumbre de la Novena es más puntual, y se ejerce por lo general en el seno de familias de procedencia andina. En Maracay tengo el gusto de participar en la celebración que unos amigos realizan cada año en su hogar y que nos convoca a compartir un tiempo de espiritualidad y alegría. Los Gozos son (al menos en la versión particular de esta familia) reemplazados por aguinaldos y parrandas, que todos los asistentes interpretamos sin grandes pretensiones. Cada año, el "dueño de casa", por lo demás excelente músico, compone una nueva pieza para la ocasión, la cual se incorpora de inmediato al ya dilatado repertorio disponible para los fortuitos intérpretes. He aquí la letra del aguinaldo (de parranda) de 2014, dedicado en esta oportunidad a San José.





¡Sirva esta entrada para manifestar a quienes visitan este Blog mis mejores deseos por una Navidad dichosa y un venturoso 2015!



FUENTES:

Aretz, I. (1976). Manual de folklore venezolano. Caracas: Monte Ávila.

Barrios, R. (2014, Noviembre 13). Bs. 516 mil aprobó Gobierno regional para los Pastores del Niño Jesús. El Aragüeño [Versión digital]. Disponible: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.elaragueno.com.ve

Contreras, F. (2007?). Pastores del Niño Jesús de El Limón [Disco Compacto temático].

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2006a). Municipios Camatagua y Urdaneta, estado Aragua. Caracas: IPC. Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano. Región Centro Oriente: AR 02-15.

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2006b). Municipios Mario Briceño Iragorry y Ocumare de La Costa, estado Aragua. Caracas: IPC. Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano. Región Centro Oriente: AR 08-18.

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2006c). Municipios Girardot y Francisco Linares Alcántara, estado Aragua. Caracas: IPC. Catálogo del Patrimonios Cultural Venezolano. Región Centro Oriente: AR 03-17

Rodríguez, K. (2012, Diciembre 16). Parroquias católicas inician novena de aguinaldos.El Impulso. Disponible: http://elimpulso.com/articulo/parroquias-catolicas-inician-novena-de-aguinaldos

Pocaterra, D. (2014, Diciembre 16). Aguinaldos y plegarias en la espera del Niño Dios. Correo del Caroní. Disponible: http://www.correodelcaroni.com/index.php/cdad/item/25112-feligresia-catolica-espera-el-nacimiento-del-nino-jesus-entre-aguinaldos-y-oraciones

sábado, 13 de diciembre de 2014

Colegio Padre Antonio Leyh: "La historia de lo que sé y de lo que me acuerdo"


Héctor Rodríguez Bravo.


En fecha reciente recibí por el correo de este Blog (laciudadrecobrada@hotmail.com), un saludo de Héctor Rodríguez Bravo acompañado de sus memorias sobre el Colegio Padre Antonio Leyh (hoy Instituto de Educación Especial Padre Leyh: ver entrada del 26/06/2011), donde cursó estudios primarios. Ha sido esta una grata sorpresa, pues se cumple con ella mi deseo de que este medio sirva también para compartir los recuerdos de numerosas personas que fueron alumnos de dicha institución. Aparte de su alta carga emotiva, estos recuerdos constituyen una fuente primaria de valiosa información sobre aspectos que, por sencillos y cotidianos, son injustamente obviados por la historia oficial. 

Mantengo la esperanza de que la iniciativa de Héctor encienda el entusiasmo para que otros condiscípulos suyos se animen a difundir por estas páginas sus propias vivencias e impresiones, las cuales enriquecerán seguramente las que a continuación se presenta.


(Pedro Hernández S.)      



Estimado Pedro.-

Quien suscribe, Héctor Enrique Rodríguez Bravo, te dirijo el presente con la intención de contarte la historia de lo que sé y lo que recuerdo del Internado Padre Antonio Leyh (La Trinidad, 1960-1966).

Hoy (28/11/2014) estuve hurgando en Internet y vino a mi memoria mis años en el Internado; y por la búsqueda que introduje accedí a tu Blog "La Ciudad Recobrada", pudiendo ver algunas fotos y leer algunos comentarios de ex-alumnos que me indujeron a teclear estas líneas. Mi sobrenombre en el Internado era "Barriga".

Atentamente,

Héctor Rodríguez.



SALIDA DE CARACAS: [1]


Mi papá, Henrique Rodríguez Loreto, era empleado del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, que su vez era el órgano institucional al que estaba adscrito el Internado Padre Antonio Leyh, mejor conocido como La Trinidad.


Busto del Padre Antonio Leyh, primer director y epónimo del colegio (Foto extraída de Maracay, solo su pasado histórico, publicada por Gustavo Valero). [2]


A mí me precedieron dos hermanos, Freddy (Pata de mula) y Víctor (Barriga de melón), que ingresaron en el 55 y 56, respectivamente. El 15 de septiembre de 1960, que es la fecha en que inicio en el Internado para cursar el 1er. grado, mi hermano Freddy cursaba el 6to. grado, y mi hermano Víctor había sido expulsado por mala conducta en el período anterior.

Recuerdo la rutina que se hacía cada vez que nos llevaban al Internado y me imagino que así fue como hicimos la primera vez que lo hice, es decir, el 15 de septiembre de 1960. El sitio de partida era en algún lugar de El Paraíso, en Caracas, presumo que era alguna sede del Ministerio. Muy temprano nos llevaba mi papá y nos montábamos en un autobús escolar de 60 puestos que luego nos trasladaba hasta el colegio. La ruta era por la Panamericana, pasando por Los Teques, Las Tejerías, El Consejo, La Victoria, San Mateo, La Encrucijada, Turmero, Maracay, y por último los límites de la Universidad Central de Venezuela-UCV (Facultades de Agronomía y Veterinaria), que era en donde estaba ubicado el Internado Padre Antonio Leyh.

He leído en los comentarios en tu Blog que la gente habla de El Limón; pero desde el Internado hasta el pueblo de El Limón había una buena distancia. Además de la Universidad, lo único que quedaba a la vista del Internado era una vaquera que se ubicaba a la izquierda, en la vía Maracay – El Limón.

En ese viaje nos mezclábamos alumnos de todos los grados y todas las edades, y podrás imaginarte lo traumático del mismo: un niño de 7 años que a lo mejor era primera vez que se montaba en un autobús, y además por una sinuosa carretera llena de curvas como la Panamericana; era todo un desastre. Viajábamos solos, sin nuestros padres.

Llegamos al Colegio en horas del mediodía y nos recibió el Director, que para esa fecha era el padre Halwirgo Banmeier (algo así se llamaba). Llegábamos con nuestra maletica, que era la que iba a servir para guardar la ropa que cargábamos y después nos iba a servir para regresarnos, y en donde la mamá nos colocaba algunas chucherías y algunas monedas. Estas monedas se las entregamos al Hermano Oswaldo, quien las administraba.

Pasamos a almorzar en un comedor que era enorme y, si la memoria no me falla, tenía 24 mesas, cada una como para 16 comensales.

Luego de almorzar nos llevaron al patio principal, siempre con la maletica en la mano, en donde nos colocaron por orden de tamaño, y en base a este criterio nos dividieron en cuatro grupos que se llamaban “Secciones”, 4 en total. De seguida iba pasando cada sección por el depósito en donde nos asignaban un número, que iba a ser nuestra identificación para el puesto asignado en el depósito y en cada una de las prendas de nuestra ropa.


Bosquejo general de la distribución interna del colegio Padre Antonio Leyh en la primera mitad de la década de 1960, realizado de memoria por H. Rodríguez en 2014 (sin escala).

Este es un plano a mano alzada de cómo recuerdo el colegio (no he mantenido las perspectivas de los tamaños). El Patio Principal o Patio Grande es el que está en la parte interior, en donde estaba el tanque y también los dormitorios. Por cierto, el plano muestra solo la parte de abajo; encima de donde observas los dormitorios que están al frente del tanque había otros dos dormitorios. Los otros dos estaban ubicados en la parte superior del área marcada como barbería, baño, salón, sastre y médico. El colegio tenía dos entradas, las dos eran por la vía que daba a la UCV. La entrada general era por la misma que servía de acceso a los campos de fútbol: había un portón que daba a una explanada, y como a 30 metros a la derecha (ubícate entre la habitación de del hermano Oswaldo y el comedor), estaba una puerta que daba acceso al Patio Pequeño, el de la plazoleta. La entrada a la Dirección era muy poco usada; generalmente durante los días de visita. El patio de la Dirección no tenía conexión con los otros dos, porque más que un patio era como un jardín con bancos. Era utilizado por los familiares los días de las visitas.



ROPA DE VESTIR:


Era un uniforme de kaki con un pantalón corto, camisa manga corta y un interior de tela color blanco; todo esto acompañado con unas alpargatas negras con suela de caucho. Nos entregaban un cepillo de dientes y una toalla. Semanalmente, los sábados en la tarde, nos daban una nueva muda, y las alpargatas nos las cambiaban mensualmente. Al que se le rompían o se le perdían, debía esperar obligatoriamente hasta su próxima entrega: más de una vez teníamos que llegar al mes descalzos.


Mi número fue el 173. Fue el mismo número para todo el tiempo que estuve en el colegio.


DORMITORIOS:


Después de asignarnos la sección, el número y la ropa, nos asignaban el dormitorio. Para esa fecha creo había 6 dormitorios, cada uno como con 50 camas, siempre con el criterio de la estatura. Estos dormitorios eran muy amplios, cada uno con sus baños múltiples, y estaban ubicados alrededor del patio principal, unos en la planta baja y otros en el piso superior. Recuerdo que a la entrada del dormitorio había una regleta con ganchos adosada a la pared y en donde guindábamos los cepillos de dientes, que ya venían con un agujero en su parte inferior. Esta regleta estaba numerada de acuerdo a la ubicación de la cama.


Había un dormitorio que lo llamaban “el de los meones”, y era para los que mojaban la cama de noche.


Las camas eran de metal, individuales, con jergón de malla y una colchoneta delgada. Sábana, cobija y funda para la almohada. La toalla la guindábamos en el borde de la cama.


Nadie tenía pasta de diente; esta era suministrada mientras los muchachos hacían la oración de noche en la Iglesia; a mí me tocó ser Repartidor de pasta de diente. Era toda una odisea porque había que recorrer los 6 dormitorios, y cepillo por cepillo echarle pasta a cada uno. El tubo de pasta era enorme y debía alcanzar para los 300 muchachos.



COMEDOR:


Espacioso: había como 24 mesas rectangulares y cada una con 16 comensales. Nos asignaban un plato, una taza, un vaso y una cucharilla; todo era de aluminio. Teníamos un puesto fijo.


Las horas de comida eran: 7 a.m.  -  12:30 p.m.  -  6:30 p.m.
Los desayunos eran  generalmente de avena u otro cereal, con pan, mantequilla y mermelada.
Los almuerzos eran sopas con carne, pescado o pollo; arroz y pan. Jugos o frutas.
Las cenas eran fijas por cada día de la semana, recuerdo algunas:
Lunes = Tequiche, era a base de maíz
Martes y Jueves = Torta de pan con mermelada
Miércoles = Funche con leche.


Existía un equipo que se denominaba “Repartidores”, que como su nombre lo indica, eran los encargados de colocar la comida en cada uno de los puestos de las mesas. Este proceso de “Repartir” lo hacían en un lapso de media hora. En cada mesa, y por turno de semana, dos de sus integrantes se ocupaban de lavar los corotos y secarlos, para luego guardarlos en un caldero que estaba guindado debajo de la mesa correspondienteEl trabajo más deseado en el Internado era el de Repartidor. Yo no lo logré.


MERIENDAS:


En la mañana, de las 09:45 a.m. hasta las 10:00 a.m. = Tortas, mangos, naranjas.
En la tarde, de 03:45 p.m. hasta las 04:00 p.m. = Tortas, mangos, naranjas.



IGLESIA:


Una Iglesia grande, con tres filas de bancos; muy bien iluminada con una serie de vitrales. Muy llamativa. Tenía un sitio para el Coro, desde donde se cantaba la misa.


Íbamos a la Iglesia dos veces al día; en la mañana a las 5:30 oíamos misa, y en la noche a las 8 se rezaba algo que no recuerdo.



MAESTROS:


1er. Grado : Hermano Agustín
2do.     “    : Hermano Klino Kinker – Maestro Hidalgo
3er.      “    : Maestro Ochoa
4to.     “     : Maestro Rivas – Maestro Masó. – Maestro Briceño.
5to.     “     : Bachiller Paolín – Bachiller Céspedes
6to.     “     : Padre Pascual

Otros maestros:


Padre Halwirgo Banmeier: Director
Hermano Oswaldo: Coordinador General
Hermano Angélico: Sastre – Ayudante del Odontólogo
Hermano Gotardo: Agricultura
Hermano Romualdo: Agricultura
Padre Savio: (gran deportista )
Hermano Alberto: Barbero – Vigilante –
Hermano Gerbacio: Apicultor – Agricultura (el de la pipa)
Maestro Pineda – Agricultura
Maestro Sucre
Padre Guido
Cerveleón – Jefe de Cocina
Sr. Lucio - Cocinero (el de la bicicleta de reparto)
Maestro Ruíz - cochinera- gallinero
Sr. Trino - Vigilante nocturno



SALONES DE CLASE:


Amplios, con buenos pupitres de madera. Bien ventilados, todos tenían grandes ventanales.


Recuerdo que eran alrededor de 30 alumnos por salón.



DEPORTES:


Fútbol – Béisbol – Voleibol – Natación


Existían 3 campos de fútbol, que denominábamos así: Grande – Mediano – Gringo (el pequeño).


El fútbol se practicaba descalzo, al igual que el béisbol. Cualquier recreo era utilizado para jugar fútbol, generalmente eran caimaneras.


El hermano Oswaldo era el encargado del deporte y se organizaban torneos en donde los partidos se disputaban los miércoles por la tarde. Recuerdo que al equipo ganador lo premiaban con un paquete lleno de “cocorricos”, que eran unos caramelos cuadrados con sabor a coco.


El béisbol se practicaba con menos frecuencia que el fútbol, y el campo estaba incrustado en el mismo campo de fútbol de “Grandes”, en donde el Bakestop, que era donde estaba el Home, estaba ubicado en una esquina del córner de este campo que daba a la carretera.


El Voleibol se practicaba aún con menos frecuencia, y la cancha estaba ubicada a un lado del campo de fútbol “Grande”.


Era la época en que los términos utilizados en el fútbol eran los siguientes:
Arquero – Defensa – Medios – Guin – Centro delantero – OutsiderCórnerPenalti 



SEMANA SANTA:


Los actos litúrgicos del Internado eran muy famosos en la región y asistía mucha gente de afuera. Se hacían diferentes altares (estaciones) en los campos de fútbol y se decoraban muy llamativamente para el paso de las procesiones. En los días Jueves y Viernes Santos nos cambiaban de ropa y nos entregaban la siguiente indumentaria: Pantalón azul corto – camisa blanca manga corta – medias negras hasta la rodilla – zapatos negros.



TANQUE EN EL MEDIO DEL PATIO:


Era un tanque a cielo abierto, muy grande, que utilizábamos para bañarnos luego que pasábamos por las regaderas. Este tanque lo eliminan y construyen una piscina.



PISCINA:


El tanque del patio es eliminado y construyen una piscina como de 30 metros de largo, con una profundidad que iba desde 1 metro hasta los 3 metros. Estaba al lado del campo de fútbol de “Gringos” y para meterse en ella había que pasar primero por las regaderas. 



CASTIGOS:


Los curas eran muy exigentes con la disciplina y los castigos eran de acuerdo a la falta cometida, a saber:
Falta leve = Planchita (Con un palo de escoba, el hermano Oswaldo nos pegaba en la planta de la mano).
Falta media= Plantón (Una hora de pie con los brazos cruzados detrás de la espalda, sin moverse).
Falta grave= Calabozo (Eran dos, que los llamábamos el claro y el oscuro). Eran en efecto unos calabozos individuales totalmente cerrados, solo con una claraboya en la parte superior. Hasta 3 días alcanzaban los castigos. Estos calabozos estaban al fondo de uno de los dormitorios, el ubicado a mano izquierda de la entrada al Patio Principal.



VISITAS:


Nuestros familiares nos podían visitar 2 veces al mes: el 2do. y el 4to. Domingos. La visita empezaba a las 8 de la mañana y terminaba a las 5 de la tarde. Podíamos salir del Internado a cualquier lugar, y el sitio preferido por los familiares que nos visitaban con carro eran los baños de Guamitaque quedaban subiendo de El Limón en la vía a la playa. Era un sitio con aguas muy cristalinas y frías.

La mayoría de las visitas se cumplían en el frente del Internado, al lado de la vía a la UCV, en donde había grandes árboles frondosos que proyectaban agradable sombra. Generalmente los familiares traían comida preparada y pasaban la jornada con los alumnos sentados y disfrutando de un día de campo. El otro sitio que usaban las visitas era el Patio o Jardín de la Dirección, en donde había bancos y otros espacios. 

Te podrás imaginar el drama que se formaba al momento del retiro de los familiares; muchas lágrimas de parte y parte.



SISTEMA EDUCATIVO:


A la distancia y después de 48 años de haber salido de sexto grado es muy difícil evaluar el sistema educativo utilizado por estos curas alemanes; pero, analicemos lo siguiente:


Horas en el salón de clase:


6 a.m. –  7 a.m. = Horario de estudio
                                                                            Total:  1 hora
8 a.m. –  11:45 a.m. = Horario de clase de 45 minutos con recreos intermedios
                                                                            Total:  4 horas
2 p.m. –  4:45 p.m. = Horario de clase de 45 minutos con recreos intermedios
                                                                            Total:  3 horas
5:30 p.m. – 6:30 p.m.=  Horario de estudio                                                                                                                                                 Total:  1 hora

Total horas diarias en el salón de clase=                       9 horas.
Total horas a la semana                      =                         47 horas.

Este programa era desde el lunes hasta el sábado en la mañana, a excepción de los miércoles por la tarde, que eran dedicados al deporte. Con este horario no había tiempo para el ocio, y aprendías o aprendías.


Si acompañas esta dedicación con muy buenos profesores que no faltaban nunca; con un buen material didáctico, todo gratis; con salones espaciosos y bien iluminados, y además con una muy buena alimentación, indudablemente que el resultado debió de ser muy bueno.


De lo que sí me acuerdo muy bien es del sexto grado: nos dictó clase el Padre Pascual, excelente educador. Recuerdo que veíamos química, hasta con incipientes experimentos.



CINE:


Todos los domingos en la noche el hermano Oswaldo nos pasaba una película, que veíamos en el patio grande. Estas películas nos la prestaban algunos cines de Maracay.


Antes de empezar la película todos intentábamos ver los envoltorios de los rollos, porque dependiendo de su tamaño establecíamos lo siguiente: si el envoltorio era grande, la película era mala; por el contrario, si este era pequeño, la película era buena.

Las películas las veíamos sentados en unos bancos largos, y en cada uno cabían como 10 muchachos. No recuerdo dónde guardaban esos bancos. 



RECUERDOS IMBORRABLES:


Existieron algunos acontecimientos que para mí son imborrables y se refieren todos al aspecto deportivo, más exactamente sobre el fútbol (Aunque hay uno que tiene que ver con lo religioso, porque yo pertenecí al Coro de la Iglesia del Internado y era solista. Para esa época las misas se cantaban en Latín, y en una oportunidad fuimos invitados a cantar una misa de Semana Santa en la Catedral de Maracay. Y sí, fui solista en una misa de Semana Santa en la Catedral de Maracay: extraordinario recuerdo).


En una oportunidad el hermano Oswaldo durante la semana conformó una selección de los mejores jugadores del Internado (yo formaba parte de esa selección) y nos informó que el día domingo venía un equipo desde Caracas, más exactamente del Colegio la Salle de La Colina, que era el campeón del Distrito Federal. Llegó el día del partido y el hermano Oswaldo nos llamó al depósito, que era el lugar en donde guardaban los uniformes, y nos entregó a cada uno un short y una franela; eso era todo…


Así salimos al campo y ya el equipo de La Salle nos estaba esperando. Recuerdo como si fuera ayer la cara de sorpresa de los muchachos de La Salle cuando nos vieron: 11 carajitos corriendo al medio del campo y todos descalzos (nuestras edades eran entre 10 y 12 años). Por supuesto que ellos estaban con un uniforme muy vistoso, rallado de amarillo y rojo, unas medias rojas hasta la rodilla, y muy bien calzados con unos buenos zapatos de tacos marca AdidasPues, ¡les pegamos un baile y los goleamos 5 X 0!

En otra oportunidad nos invitaron a jugar a un Internado o Semi-internado llamado La Esperanza, que quedaba en Maracay, y fuimos a jugar al campo de ellos. En esta ocasión el hermano Oswaldo nos entregó además del short y la franela, las medias y unas botas US Keds hasta los tobillos. El primer tiempo nos bailaron, y es que nunca nos habíamos puesto zapatos y cada patada que le dábamos a la pelota no sabíamos a dónde iba a parar; total que nos metieron 3 goles. Al terminar el primer tiempo, el hermano Oswaldo nos dijo: ”¡Todo el mundo a quitarse las medias y las botas, y salgan a jugar!. Los del equipo de La Esperanza nos vieron y no querían jugar porque nos podían lastimar. A la final se decidieron y les dimos un paseo que todavía deben estar buscando la pelota, porque no la tocaron más. Les ganamos 6 X 3.

Por último, debo contarte algo extraordinario que me ocurrió cuando estaba ya en sexto grado y eran los días del mes de mayo o junio de 1966; tenía yo 12 años

Los campos de fútbol “Grande” y “Mediano” unidos formaban un campo reglamentario de 120 X 80 m., y en él entrenaba todas las tardes el equipo de fútbol profesional Tiquire Flores de Aragua. 


Esbozo de los campos de fútbol del Colegio Padre Antonio Leyh en la primera mitad de la década de 1960, realizado de memoria por H. Rodríguez en 2014 (sin escala).



Una tarde que estaba en mi salón de sexto grado y en mi horario de estudio, que era de 5:30 a 6:30 p.m., el hermano Oswaldo me fue a buscar y me dijo que lo siguiera. Fuimos al depósito donde él guardaba los uniformes y me entregó uno completo con medias y botas: “¡Póntelo y me acompañas!Nos dirigimos al campo de fútbol donde estaba entrenando el Tiquire Flores y nos atendió el entrenador, a lo que el hermano Oswaldo le dijo: “Este es el muchacho del que te hablé”. El entrenador era un brasileño y de inmediato me invitó a unirme al entrenamiento. Esa rutina la estuve haciendo todos los días que entrenara el Tiquire hasta que me fui del colegio el 15 de julio de 1966.

Te envío una foto de ese Tiquire Flores de 1966: el técnico era el brasileño Arthur Nequesort, pero en el equipo solo había tres venezolanos: José Olmos, Jorge Gaitán y Antonio Puma. ¿El resto?, extranjeros: un italiano (Walter) y 13 brasileños: Artero, Matías, Navarro, Mesías, Pacheco, Coelho, Waldemar, Helio, Barbosa, Gilberto, Lovizuto, Fernández y Monteiro.


Equipo Tiquire Flores de Aragua 1966 (Foto extraída de liderendeportes.com).



El último día que entrené con el Tiquire Flores, el entrenador me dio una tarjetica de presentación en donde me recomendaba a una persona en Caracas. Una vez llegado a la Capital, me dirigí con mi hermano Freddy a la dirección que estaba en la tarjeta y recuerdo que era la sede de una de las cervezas de la época (Zulia o Caracas). No recuerdo el resultado de esa visita.


Inicié mi bachillerato en el Liceo Fermín Toro de Caracas, y continué mi desarrollo en el fútbol. Un compañero de clases me llevó al Colegio Santo Tomás de Aquino, en Campo Alegre (Chacao), en donde tuve grandes jornadas en el Campeonato Distrital, y uno de los fuertes rivales de nuestro equipo siempre lo fue La Salle de La Colina, aquel vistoso once que enfrenté en mis años en el Internado.



Con el Santo Tomás de Aquino alcancé varios campeonatos (todos en los que participé); pero mi mayor logro lo obtuve cuando fui convocado a la Selección Vinotinto de Mayores, militando todavía como juvenil. Integré la selección que viajó a Brasil para competir en el Sesquicentenario de la Independencia de ese país. Uno de mis compañeros en esa selección, y que también era juvenil, fue alguien hoy conocido por toda la afición: me refiero a Richard Páez.



Yo seguí jugando fútbol y llegué a ser Profesional con el Valencia Fútbol Club, participando entre los años de 1972 al 1981 (ver foto inferior)Por cierto, en mi vida de futbolista profesional tuve relación con dos de los jugadores que estaban en ese Tiquire Flores de 1966; me refiero a los brasileños Silvio Leite y Lovizuto. Lovizuto fue compañero de equipo desde el año 1972 al 1975, y Silvio Leite fue mi entrenador en la temporada de 1978.




Equipo Valencia FC 1975 (Foto: El Carabobeño, 26/10/1975)


En la foto, con 22 años, soy el cuarto de los parados. Te detallo a continuación: de izquierda a derecha, parados: Colmenares, Stanich, A. Carlos, Rodríguez, Jairo, Gala, Ferreira, Díaz, Lovizuto; agachados: Di Biasi, Norman, Fedor, Chabonga, Boys, Ochoa, Rubianes. El Colmenares que ves ahí es el famoso "Pulpo" Omar Colmenares, arquero de la selección nacional y natural de Maracay. Jairo Castellanos también es oriundo de Maracay. Roberto Díaz, el octavo de los parados, fue mi entrenador cuando pertenecí al equipo de fútbol del Santo Tomás de Aquino en Caracas. Lovizuto, el noveno, fue uno de los brasileros que militaba en el Tiquire Flores de 1966.


Otros recuerdos e impresiones:

Estando creo en 3er. Grado, 1962, murió el hermano Klino Kinker que había sido mi maestro en 2do. Grado.


En Junio de 1963 hice la primera comunión (ver foto inferior).



La Primera Comunión en el Internado. En el borde inferior de la fotografía se señala lo siguiente: Internado Padre Antonio Leyh - Héctor E. Rodríguez B - Junio 1963 (Foto Betancourt).



Cuando empecé a cursar el 4to. grado, comenzaron a funcionar los talleres para aprendizaje en el manejo de las maderas y el metal.

En 4to. grado, 1963, cometí una falta grave: me caí a trompadas con un compañero en la Iglesia y en plena misa. Me salió calabozo por 3 días; me metieron en el Oscuro.

Cuando cursaba el 6to. grado, 1966, murió el Bachiller Paolín (fumaba mucho), y a todos los que cursábamos el sexto grado nos vistieron con el traje de semana santa y nos llevaron a Valencia para asistir a sus funerales.

Entre las 11.45 a.m. y las 12:30 del mediodía íbamos a recreo al campo de fútbol, y el hermano Oswaldo tocaba un pito que era la señal para que todos los integrantes de la 1ª Sección se dirigieran a la regaderas para tomar el baño del día; luego la 2da., la 3era., y por último la 4ta. (Los trajes de baño eran unos pantaloncitos de Kaki). Luego pasábamos al comedor para almorzar. El orden lo establecía la formación inmediata de las diferentes secciones. 

La señal de inicio y término de toda actividad era por supuesto el famoso pito del hermano Oswaldo. No era un pito normal; lo recuerdo como una flauta de metal de unos 8 centímetros, con un sonido muy particular y, como dije, en cualquier lugar del Internado se oía ese pito, y a esa orden había que pegar la carrera al sitio de reunión.

Desde la 1 hasta las 2 de la tarde y desde las 4:45 hasta la 5:30 p.m. teníamos recreo en los campos de fútbol. Para esos momentos acudíamos al depósito del hermano Oswaldo, quien nos tenía guardado el dinero que nos daban nuestros padres y lo llevaba anotado en un cuaderno. Solicitábamos una locha, un medio o un real [3], y era para comprar helados, pero sobre todo, unos dulces (besito de coco, torta, majarete) que vendía un señor moreno que los llevaba en una cesta sobre la cabeza. Su nombre era Simón, y se paraba al lado de la cerca que colindaba con la vía a la UCV.

Después de esos recreos en los campos de fútbol, pasábamos al Patio Grande a lavarnos las manos y la cara, y de seguidas para el salón, o a clase o a estudio.

Cada 17 de Mayo se celebra el día de San Pascual Bailón. Por lo tanto, en honor al Padre Pascual (el maestro de 6to. grado) el hermano Oswaldo organizaba un viaje hasta Ocumare de la Costa, en donde los curas tienen una casa: Prepararon un camión 350, le colocaron cuatro filas de bancos y allí nos montaron, ¡y de paseo para la playa!. Regresamos en la tarde vueltos leña, por esa bendita carretera llena de curvas y farallones. Este viaje a Ocumare el día de San Pascual Bailón era una tradición, pero solo para los alumnos del sexto grado, que era el curso del Padre Pascual.

El colegio tenía unos extensos campos cultivados con varios frutales; nos abastecíamos de ellos y creo que también los curas comercializaban el excedente. Había también cría de abejas (apicultura), que manejaba el hermano Gerbacio. Recuerdo que le decíamos "Porrrr", y eso se debía a su manera muy particular cuando rezaba, que por su acento alemán, al decir "por la señal de la Santa Cruz"..., el "por" lo prolongaba de manera que era gracioso para nosotros.

El hermano Oswaldo medía como 2 metros y pesaba como 120 kilos. Era cuadrado, con un carácter severo, y le temíamos porque él era el que nos castigaba con las planchitas (pegarnos con un palo de escoba en los dedos y las palmas de las manos). 

Entre las tremenduras de algunos alumnos estaba la de jubilarse (escaparse) para un sitio de las montañas que llamaban Las Peñitas, que eran unos pozos de agua muy fría. Yo no los llegué a conocer. Si mal no recuerdo, creo que también hubo alumnos que se escaparon del colegio para sus casas.

El castigo del Bachiller Céspedes era agarrarnos con los dedos pulgar e índice de su mano derecha en los pelitos de la sien y darles vueltas; era muy doloroso. 

El maestro Ochoa tenía una manera muy peculiar de contar las historias; generalmente las terminaba muy triste, casi llorando. Es increíble lo que es la memoria, pero en este momento me acuerdo como si hubiera sido ayer que fue el hermano Ochoa el que nos informó de la muerte de Kennedy, el 22 de noviembre de 1963. Por eso es que recuerdo al maestro Ochoa que terminaba los cuentos muy tristes, porque ese día que nos habló de la muerte de Kennedy él terminó llorando, y por supuesto nosotros también.

En diciembre nos daban vacaciones, y a los de Caracas nos venía a buscar el autobús. Regresábamos el 15 de enero.

Como podrás observar por los nombres, no todos los maestros eran alemanes; la mayoría eran venezolanos.

Ahora recuerdo todo esto con nostalgia; pero debo reconocer que fueron momentos muy duros. Solo pensar en un niño de 7 u 8 años, asustado en un dormitorio de esos y llamando a su mamá, más de uno terminaba en lágrimas; fue terrible.

Todo este drama era al inicio del año escolar; pero con el transcurrir del tiempo y con la intensa actividad diaria entre los juegos y los salones de clase, nos íbamos adaptando rápidamente a todas las exigencias, e inclusive a la más dolorosa: la de estar separados de nuestros padres y hermanos.

Existe un concepto equivocado de los Internados, en donde solo se piensa que eran o son sitios para muchachos de mala conducta. Craso error; lo digo en mi caso: mi presencia en el Internado, y la de mis hermanos Freddy, Víctor y Ernesto, se debieron a que mi papá era empleado del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social y por ello teníamos más facilidad de acceso. Además, porque éramos una catajarra de hermanos (fuimos 11). Recuerdo nombres: Albarrán- Pineiro- El Sute Omar Rodríguez- y varios muchachos de El Sombrero- Sergio Ruíz- Adolfo Rodríguez- Chino Montilla- Carlos Ismayer- Seijas- Freddy Valor- Popeye.

Cursaba el 4to. Grado cuando entró un hermano mío, de nombre Ernesto Alí Rodríguez (Barriguita).

En una oportunidad, estando yo en el Internado, se hizo un reencuentro de ex-alumnos. Recuerdo que vino Juan Vené, el famoso periodista, y le donó al colegio un equipo completo de béisbol. Vinieron además algunos militares, y Leopoldo Sucre Figarella, el que fue presidente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), que también estudió en el Internado (o un hermano).

¡Cómo no voy a recordar al amigo José, cuando en los recreos jugábamos béisbol y él participaba con nosotros! José no estudiaba en el Internado, pero vivía por ahí, se acercaba y lo incluíamos en las caimaneras. La peculiaridad consistía en que al amigo José le faltaba la mitad del brazo izquierdo y él se ponía el guante en la diestra. Al agarrar la pelota, con una destreza sorprendente se sacaba el guante de la mano, y de una se lo metía debajo de la axila izquierda a la vez que sacaba la pelota del guante y la lanzaba. Era un extraordinario jugador.


Años después, fui en varias ocasiones a lo que fue el  Internado Padre Antonio Leyh, y tuve la suerte de conseguirme a uno de los maestros. Ya era otra institución, algo así como una escuela de arte. La infraestructura muy deteriorada; la Iglesia era un depósito. En fin, recuerdos tristes de un pasado alegre.


Hace como 5 años me enteré de que los curas benedictinos se habían establecido en una especie de Abadía que queda en la vía de Valencia a Güigüe, y los fui a visitar. Me presenté ante uno de ellos y le hablé del Internado Padre Antonio Leyh, y me invitó a recorrer las instalaciones mientras me contaba del destino de cada uno de los curas de mi época. Todos habían muerto a excepción del hermano Angélico, pero no se encontraba porque estaba de viaje para Alemania. Le pregunté la edad del hermano Angélico y me dijo que 94 años. Hace poco me enteré de que el hermano Angélico murió en la Abadía.

Esta es la historia de lo que sé y de lo que me acuerdo.


Posiblemente, algo de lo que estoy escribiendo no sea tan cierto como lo plasmo. De ahí lo interesante de tu Blog, amigo Pedro: que pueda servir para las aclaratorias e inclusive para poder reencontrarnos con amigos, ya tan lejanos en el tiempo, pero con la inmensa dicha de estar vivos y poder escribir esta pequeña historia.


NOTAS: 


[1] Sergio Ruíz y Alexis Blanco, ambos procedentes de El Sombrero (estado Guárico) y condiscípulos de Héctor Rodríguez en el Internado Padre Antonio Leyh, colaboraron con sus observaciones y recuerdos para ajustar y ampliar la información contenida en estas memorias.

[2] Salvo esta del busto del Padre Antonio Leyh, todas las fotos e ilustraciones han sido facilitadas por Héctor Rodríguez B.

[3] Monedas con valores proporcionales e inferiores a los 100 céntimos del bolívar, la unidad monetaria nacional; a saber: el real, de 50 céntimos; el medio, de 25 céntimos, y la locha, de 12.5 céntimos. La moneda de menor valor era comúnmente denominada puya y equivalía a 5 céntimos.