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sábado, 13 de diciembre de 2014

Colegio Padre Antonio Leyh: "La historia de lo que sé y de lo que me acuerdo"


Héctor Rodríguez Bravo.


En fecha reciente recibí por el correo de este Blog (laciudadrecobrada@hotmail.com), un saludo de Héctor Rodríguez Bravo acompañado de sus memorias sobre el Colegio Padre Antonio Leyh (hoy Instituto de Educación Especial Padre Leyh: ver entrada del 26/06/2011), donde cursó estudios primarios. Ha sido esta una grata sorpresa, pues se cumple con ella mi deseo de que este medio sirva también para compartir los recuerdos de numerosas personas que fueron alumnos de dicha institución. Aparte de su alta carga emotiva, estos recuerdos constituyen una fuente primaria de valiosa información sobre aspectos que, por sencillos y cotidianos, son injustamente obviados por la historia oficial. 

Mantengo la esperanza de que la iniciativa de Héctor encienda el entusiasmo para que otros condiscípulos suyos se animen a difundir por estas páginas sus propias vivencias e impresiones, las cuales enriquecerán seguramente las que a continuación se presenta.


(Pedro Hernández S.)      



Estimado Pedro.-

Quien suscribe, Héctor Enrique Rodríguez Bravo, te dirijo el presente con la intención de contarte la historia de lo que sé y lo que recuerdo del Internado Padre Antonio Leyh (La Trinidad, 1960-1966).

Hoy (28/11/2014) estuve hurgando en Internet y vino a mi memoria mis años en el Internado; y por la búsqueda que introduje accedí a tu Blog "La Ciudad Recobrada", pudiendo ver algunas fotos y leer algunos comentarios de ex-alumnos que me indujeron a teclear estas líneas. Mi sobrenombre en el Internado era "Barriga".

Atentamente,

Héctor Rodríguez.



SALIDA DE CARACAS: [1]


Mi papá, Henrique Rodríguez Loreto, era empleado del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, que su vez era el órgano institucional al que estaba adscrito el Internado Padre Antonio Leyh, mejor conocido como La Trinidad.


Busto del Padre Antonio Leyh, primer director y epónimo del colegio (Foto extraída de Maracay, solo su pasado histórico, publicada por Gustavo Valero). [2]


A mí me precedieron dos hermanos, Freddy (Pata de mula) y Víctor (Barriga de melón), que ingresaron en el 55 y 56, respectivamente. El 15 de septiembre de 1960, que es la fecha en que inicio en el Internado para cursar el 1er. grado, mi hermano Freddy cursaba el 6to. grado, y mi hermano Víctor había sido expulsado por mala conducta en el período anterior.

Recuerdo la rutina que se hacía cada vez que nos llevaban al Internado y me imagino que así fue como hicimos la primera vez que lo hice, es decir, el 15 de septiembre de 1960. El sitio de partida era en algún lugar de El Paraíso, en Caracas, presumo que era alguna sede del Ministerio. Muy temprano nos llevaba mi papá y nos montábamos en un autobús escolar de 60 puestos que luego nos trasladaba hasta el colegio. La ruta era por la Panamericana, pasando por Los Teques, Las Tejerías, El Consejo, La Victoria, San Mateo, La Encrucijada, Turmero, Maracay, y por último los límites de la Universidad Central de Venezuela-UCV (Facultades de Agronomía y Veterinaria), que era en donde estaba ubicado el Internado Padre Antonio Leyh.

He leído en los comentarios en tu Blog que la gente habla de El Limón; pero desde el Internado hasta el pueblo de El Limón había una buena distancia. Además de la Universidad, lo único que quedaba a la vista del Internado era una vaquera que se ubicaba a la izquierda, en la vía Maracay – El Limón.

En ese viaje nos mezclábamos alumnos de todos los grados y todas las edades, y podrás imaginarte lo traumático del mismo: un niño de 7 años que a lo mejor era primera vez que se montaba en un autobús, y además por una sinuosa carretera llena de curvas como la Panamericana; era todo un desastre. Viajábamos solos, sin nuestros padres.

Llegamos al Colegio en horas del mediodía y nos recibió el Director, que para esa fecha era el padre Halwirgo Banmeier (algo así se llamaba). Llegábamos con nuestra maletica, que era la que iba a servir para guardar la ropa que cargábamos y después nos iba a servir para regresarnos, y en donde la mamá nos colocaba algunas chucherías y algunas monedas. Estas monedas se las entregamos al Hermano Oswaldo, quien las administraba.

Pasamos a almorzar en un comedor que era enorme y, si la memoria no me falla, tenía 24 mesas, cada una como para 16 comensales.

Luego de almorzar nos llevaron al patio principal, siempre con la maletica en la mano, en donde nos colocaron por orden de tamaño, y en base a este criterio nos dividieron en cuatro grupos que se llamaban “Secciones”, 4 en total. De seguida iba pasando cada sección por el depósito en donde nos asignaban un número, que iba a ser nuestra identificación para el puesto asignado en el depósito y en cada una de las prendas de nuestra ropa.


Bosquejo general de la distribución interna del colegio Padre Antonio Leyh en la primera mitad de la década de 1960, realizado de memoria por H. Rodríguez en 2014 (sin escala).

Este es un plano a mano alzada de cómo recuerdo el colegio (no he mantenido las perspectivas de los tamaños). El Patio Principal o Patio Grande es el que está en la parte interior, en donde estaba el tanque y también los dormitorios. Por cierto, el plano muestra solo la parte de abajo; encima de donde observas los dormitorios que están al frente del tanque había otros dos dormitorios. Los otros dos estaban ubicados en la parte superior del área marcada como barbería, baño, salón, sastre y médico. El colegio tenía dos entradas, las dos eran por la vía que daba a la UCV. La entrada general era por la misma que servía de acceso a los campos de fútbol: había un portón que daba a una explanada, y como a 30 metros a la derecha (ubícate entre la habitación de del hermano Oswaldo y el comedor), estaba una puerta que daba acceso al Patio Pequeño, el de la plazoleta. La entrada a la Dirección era muy poco usada; generalmente durante los días de visita. El patio de la Dirección no tenía conexión con los otros dos, porque más que un patio era como un jardín con bancos. Era utilizado por los familiares los días de las visitas.



ROPA DE VESTIR:


Era un uniforme de kaki con un pantalón corto, camisa manga corta y un interior de tela color blanco; todo esto acompañado con unas alpargatas negras con suela de caucho. Nos entregaban un cepillo de dientes y una toalla. Semanalmente, los sábados en la tarde, nos daban una nueva muda, y las alpargatas nos las cambiaban mensualmente. Al que se le rompían o se le perdían, debía esperar obligatoriamente hasta su próxima entrega: más de una vez teníamos que llegar al mes descalzos.


Mi número fue el 173. Fue el mismo número para todo el tiempo que estuve en el colegio.


DORMITORIOS:


Después de asignarnos la sección, el número y la ropa, nos asignaban el dormitorio. Para esa fecha creo había 6 dormitorios, cada uno como con 50 camas, siempre con el criterio de la estatura. Estos dormitorios eran muy amplios, cada uno con sus baños múltiples, y estaban ubicados alrededor del patio principal, unos en la planta baja y otros en el piso superior. Recuerdo que a la entrada del dormitorio había una regleta con ganchos adosada a la pared y en donde guindábamos los cepillos de dientes, que ya venían con un agujero en su parte inferior. Esta regleta estaba numerada de acuerdo a la ubicación de la cama.


Había un dormitorio que lo llamaban “el de los meones”, y era para los que mojaban la cama de noche.


Las camas eran de metal, individuales, con jergón de malla y una colchoneta delgada. Sábana, cobija y funda para la almohada. La toalla la guindábamos en el borde de la cama.


Nadie tenía pasta de diente; esta era suministrada mientras los muchachos hacían la oración de noche en la Iglesia; a mí me tocó ser Repartidor de pasta de diente. Era toda una odisea porque había que recorrer los 6 dormitorios, y cepillo por cepillo echarle pasta a cada uno. El tubo de pasta era enorme y debía alcanzar para los 300 muchachos.



COMEDOR:


Espacioso: había como 24 mesas rectangulares y cada una con 16 comensales. Nos asignaban un plato, una taza, un vaso y una cucharilla; todo era de aluminio. Teníamos un puesto fijo.


Las horas de comida eran: 7 a.m.  -  12:30 p.m.  -  6:30 p.m.
Los desayunos eran  generalmente de avena u otro cereal, con pan, mantequilla y mermelada.
Los almuerzos eran sopas con carne, pescado o pollo; arroz y pan. Jugos o frutas.
Las cenas eran fijas por cada día de la semana, recuerdo algunas:
Lunes = Tequiche, era a base de maíz
Martes y Jueves = Torta de pan con mermelada
Miércoles = Funche con leche.


Existía un equipo que se denominaba “Repartidores”, que como su nombre lo indica, eran los encargados de colocar la comida en cada uno de los puestos de las mesas. Este proceso de “Repartir” lo hacían en un lapso de media hora. En cada mesa, y por turno de semana, dos de sus integrantes se ocupaban de lavar los corotos y secarlos, para luego guardarlos en un caldero que estaba guindado debajo de la mesa correspondienteEl trabajo más deseado en el Internado era el de Repartidor. Yo no lo logré.


MERIENDAS:


En la mañana, de las 09:45 a.m. hasta las 10:00 a.m. = Tortas, mangos, naranjas.
En la tarde, de 03:45 p.m. hasta las 04:00 p.m. = Tortas, mangos, naranjas.



IGLESIA:


Una Iglesia grande, con tres filas de bancos; muy bien iluminada con una serie de vitrales. Muy llamativa. Tenía un sitio para el Coro, desde donde se cantaba la misa.


Íbamos a la Iglesia dos veces al día; en la mañana a las 5:30 oíamos misa, y en la noche a las 8 se rezaba algo que no recuerdo.



MAESTROS:


1er. Grado : Hermano Agustín
2do.     “    : Hermano Klino Kinker – Maestro Hidalgo
3er.      “    : Maestro Ochoa
4to.     “     : Maestro Rivas – Maestro Masó. – Maestro Briceño.
5to.     “     : Bachiller Paolín – Bachiller Céspedes
6to.     “     : Padre Pascual

Otros maestros:


Padre Halwirgo Banmeier: Director
Hermano Oswaldo: Coordinador General
Hermano Angélico: Sastre – Ayudante del Odontólogo
Hermano Gotardo: Agricultura
Hermano Romualdo: Agricultura
Padre Savio: (gran deportista )
Hermano Alberto: Barbero – Vigilante –
Hermano Gerbacio: Apicultor – Agricultura (el de la pipa)
Maestro Pineda – Agricultura
Maestro Sucre
Padre Guido
Cerveleón – Jefe de Cocina
Sr. Lucio - Cocinero (el de la bicicleta de reparto)
Maestro Ruíz - cochinera- gallinero
Sr. Trino - Vigilante nocturno



SALONES DE CLASE:


Amplios, con buenos pupitres de madera. Bien ventilados, todos tenían grandes ventanales.


Recuerdo que eran alrededor de 30 alumnos por salón.



DEPORTES:


Fútbol – Béisbol – Voleibol – Natación


Existían 3 campos de fútbol, que denominábamos así: Grande – Mediano – Gringo (el pequeño).


El fútbol se practicaba descalzo, al igual que el béisbol. Cualquier recreo era utilizado para jugar fútbol, generalmente eran caimaneras.


El hermano Oswaldo era el encargado del deporte y se organizaban torneos en donde los partidos se disputaban los miércoles por la tarde. Recuerdo que al equipo ganador lo premiaban con un paquete lleno de “cocorricos”, que eran unos caramelos cuadrados con sabor a coco.


El béisbol se practicaba con menos frecuencia que el fútbol, y el campo estaba incrustado en el mismo campo de fútbol de “Grandes”, en donde el Bakestop, que era donde estaba el Home, estaba ubicado en una esquina del córner de este campo que daba a la carretera.


El Voleibol se practicaba aún con menos frecuencia, y la cancha estaba ubicada a un lado del campo de fútbol “Grande”.


Era la época en que los términos utilizados en el fútbol eran los siguientes:
Arquero – Defensa – Medios – Guin – Centro delantero – OutsiderCórnerPenalti 



SEMANA SANTA:


Los actos litúrgicos del Internado eran muy famosos en la región y asistía mucha gente de afuera. Se hacían diferentes altares (estaciones) en los campos de fútbol y se decoraban muy llamativamente para el paso de las procesiones. En los días Jueves y Viernes Santos nos cambiaban de ropa y nos entregaban la siguiente indumentaria: Pantalón azul corto – camisa blanca manga corta – medias negras hasta la rodilla – zapatos negros.



TANQUE EN EL MEDIO DEL PATIO:


Era un tanque a cielo abierto, muy grande, que utilizábamos para bañarnos luego que pasábamos por las regaderas. Este tanque lo eliminan y construyen una piscina.



PISCINA:


El tanque del patio es eliminado y construyen una piscina como de 30 metros de largo, con una profundidad que iba desde 1 metro hasta los 3 metros. Estaba al lado del campo de fútbol de “Gringos” y para meterse en ella había que pasar primero por las regaderas. 



CASTIGOS:


Los curas eran muy exigentes con la disciplina y los castigos eran de acuerdo a la falta cometida, a saber:
Falta leve = Planchita (Con un palo de escoba, el hermano Oswaldo nos pegaba en la planta de la mano).
Falta media= Plantón (Una hora de pie con los brazos cruzados detrás de la espalda, sin moverse).
Falta grave= Calabozo (Eran dos, que los llamábamos el claro y el oscuro). Eran en efecto unos calabozos individuales totalmente cerrados, solo con una claraboya en la parte superior. Hasta 3 días alcanzaban los castigos. Estos calabozos estaban al fondo de uno de los dormitorios, el ubicado a mano izquierda de la entrada al Patio Principal.



VISITAS:


Nuestros familiares nos podían visitar 2 veces al mes: el 2do. y el 4to. Domingos. La visita empezaba a las 8 de la mañana y terminaba a las 5 de la tarde. Podíamos salir del Internado a cualquier lugar, y el sitio preferido por los familiares que nos visitaban con carro eran los baños de Guamitaque quedaban subiendo de El Limón en la vía a la playa. Era un sitio con aguas muy cristalinas y frías.

La mayoría de las visitas se cumplían en el frente del Internado, al lado de la vía a la UCV, en donde había grandes árboles frondosos que proyectaban agradable sombra. Generalmente los familiares traían comida preparada y pasaban la jornada con los alumnos sentados y disfrutando de un día de campo. El otro sitio que usaban las visitas era el Patio o Jardín de la Dirección, en donde había bancos y otros espacios. 

Te podrás imaginar el drama que se formaba al momento del retiro de los familiares; muchas lágrimas de parte y parte.



SISTEMA EDUCATIVO:


A la distancia y después de 48 años de haber salido de sexto grado es muy difícil evaluar el sistema educativo utilizado por estos curas alemanes; pero, analicemos lo siguiente:


Horas en el salón de clase:


6 a.m. –  7 a.m. = Horario de estudio
                                                                            Total:  1 hora
8 a.m. –  11:45 a.m. = Horario de clase de 45 minutos con recreos intermedios
                                                                            Total:  4 horas
2 p.m. –  4:45 p.m. = Horario de clase de 45 minutos con recreos intermedios
                                                                            Total:  3 horas
5:30 p.m. – 6:30 p.m.=  Horario de estudio                                                                                                                                                 Total:  1 hora

Total horas diarias en el salón de clase=                       9 horas.
Total horas a la semana                      =                         47 horas.

Este programa era desde el lunes hasta el sábado en la mañana, a excepción de los miércoles por la tarde, que eran dedicados al deporte. Con este horario no había tiempo para el ocio, y aprendías o aprendías.


Si acompañas esta dedicación con muy buenos profesores que no faltaban nunca; con un buen material didáctico, todo gratis; con salones espaciosos y bien iluminados, y además con una muy buena alimentación, indudablemente que el resultado debió de ser muy bueno.


De lo que sí me acuerdo muy bien es del sexto grado: nos dictó clase el Padre Pascual, excelente educador. Recuerdo que veíamos química, hasta con incipientes experimentos.



CINE:


Todos los domingos en la noche el hermano Oswaldo nos pasaba una película, que veíamos en el patio grande. Estas películas nos la prestaban algunos cines de Maracay.


Antes de empezar la película todos intentábamos ver los envoltorios de los rollos, porque dependiendo de su tamaño establecíamos lo siguiente: si el envoltorio era grande, la película era mala; por el contrario, si este era pequeño, la película era buena.

Las películas las veíamos sentados en unos bancos largos, y en cada uno cabían como 10 muchachos. No recuerdo dónde guardaban esos bancos. 



RECUERDOS IMBORRABLES:


Existieron algunos acontecimientos que para mí son imborrables y se refieren todos al aspecto deportivo, más exactamente sobre el fútbol (Aunque hay uno que tiene que ver con lo religioso, porque yo pertenecí al Coro de la Iglesia del Internado y era solista. Para esa época las misas se cantaban en Latín, y en una oportunidad fuimos invitados a cantar una misa de Semana Santa en la Catedral de Maracay. Y sí, fui solista en una misa de Semana Santa en la Catedral de Maracay: extraordinario recuerdo).


En una oportunidad el hermano Oswaldo durante la semana conformó una selección de los mejores jugadores del Internado (yo formaba parte de esa selección) y nos informó que el día domingo venía un equipo desde Caracas, más exactamente del Colegio la Salle de La Colina, que era el campeón del Distrito Federal. Llegó el día del partido y el hermano Oswaldo nos llamó al depósito, que era el lugar en donde guardaban los uniformes, y nos entregó a cada uno un short y una franela; eso era todo…


Así salimos al campo y ya el equipo de La Salle nos estaba esperando. Recuerdo como si fuera ayer la cara de sorpresa de los muchachos de La Salle cuando nos vieron: 11 carajitos corriendo al medio del campo y todos descalzos (nuestras edades eran entre 10 y 12 años). Por supuesto que ellos estaban con un uniforme muy vistoso, rallado de amarillo y rojo, unas medias rojas hasta la rodilla, y muy bien calzados con unos buenos zapatos de tacos marca AdidasPues, ¡les pegamos un baile y los goleamos 5 X 0!

En otra oportunidad nos invitaron a jugar a un Internado o Semi-internado llamado La Esperanza, que quedaba en Maracay, y fuimos a jugar al campo de ellos. En esta ocasión el hermano Oswaldo nos entregó además del short y la franela, las medias y unas botas US Keds hasta los tobillos. El primer tiempo nos bailaron, y es que nunca nos habíamos puesto zapatos y cada patada que le dábamos a la pelota no sabíamos a dónde iba a parar; total que nos metieron 3 goles. Al terminar el primer tiempo, el hermano Oswaldo nos dijo: ”¡Todo el mundo a quitarse las medias y las botas, y salgan a jugar!. Los del equipo de La Esperanza nos vieron y no querían jugar porque nos podían lastimar. A la final se decidieron y les dimos un paseo que todavía deben estar buscando la pelota, porque no la tocaron más. Les ganamos 6 X 3.

Por último, debo contarte algo extraordinario que me ocurrió cuando estaba ya en sexto grado y eran los días del mes de mayo o junio de 1966; tenía yo 12 años

Los campos de fútbol “Grande” y “Mediano” unidos formaban un campo reglamentario de 120 X 80 m., y en él entrenaba todas las tardes el equipo de fútbol profesional Tiquire Flores de Aragua. 


Esbozo de los campos de fútbol del Colegio Padre Antonio Leyh en la primera mitad de la década de 1960, realizado de memoria por H. Rodríguez en 2014 (sin escala).



Una tarde que estaba en mi salón de sexto grado y en mi horario de estudio, que era de 5:30 a 6:30 p.m., el hermano Oswaldo me fue a buscar y me dijo que lo siguiera. Fuimos al depósito donde él guardaba los uniformes y me entregó uno completo con medias y botas: “¡Póntelo y me acompañas!Nos dirigimos al campo de fútbol donde estaba entrenando el Tiquire Flores y nos atendió el entrenador, a lo que el hermano Oswaldo le dijo: “Este es el muchacho del que te hablé”. El entrenador era un brasileño y de inmediato me invitó a unirme al entrenamiento. Esa rutina la estuve haciendo todos los días que entrenara el Tiquire hasta que me fui del colegio el 15 de julio de 1966.

Te envío una foto de ese Tiquire Flores de 1966: el técnico era el brasileño Arthur Nequesort, pero en el equipo solo había tres venezolanos: José Olmos, Jorge Gaitán y Antonio Puma. ¿El resto?, extranjeros: un italiano (Walter) y 13 brasileños: Artero, Matías, Navarro, Mesías, Pacheco, Coelho, Waldemar, Helio, Barbosa, Gilberto, Lovizuto, Fernández y Monteiro.


Equipo Tiquire Flores de Aragua 1966 (Foto extraída de liderendeportes.com).



El último día que entrené con el Tiquire Flores, el entrenador me dio una tarjetica de presentación en donde me recomendaba a una persona en Caracas. Una vez llegado a la Capital, me dirigí con mi hermano Freddy a la dirección que estaba en la tarjeta y recuerdo que era la sede de una de las cervezas de la época (Zulia o Caracas). No recuerdo el resultado de esa visita.


Inicié mi bachillerato en el Liceo Fermín Toro de Caracas, y continué mi desarrollo en el fútbol. Un compañero de clases me llevó al Colegio Santo Tomás de Aquino, en Campo Alegre (Chacao), en donde tuve grandes jornadas en el Campeonato Distrital, y uno de los fuertes rivales de nuestro equipo siempre lo fue La Salle de La Colina, aquel vistoso once que enfrenté en mis años en el Internado.



Con el Santo Tomás de Aquino alcancé varios campeonatos (todos en los que participé); pero mi mayor logro lo obtuve cuando fui convocado a la Selección Vinotinto de Mayores, militando todavía como juvenil. Integré la selección que viajó a Brasil para competir en el Sesquicentenario de la Independencia de ese país. Uno de mis compañeros en esa selección, y que también era juvenil, fue alguien hoy conocido por toda la afición: me refiero a Richard Páez.



Yo seguí jugando fútbol y llegué a ser Profesional con el Valencia Fútbol Club, participando entre los años de 1972 al 1981 (ver foto inferior)Por cierto, en mi vida de futbolista profesional tuve relación con dos de los jugadores que estaban en ese Tiquire Flores de 1966; me refiero a los brasileños Silvio Leite y Lovizuto. Lovizuto fue compañero de equipo desde el año 1972 al 1975, y Silvio Leite fue mi entrenador en la temporada de 1978.




Equipo Valencia FC 1975 (Foto: El Carabobeño, 26/10/1975)


En la foto, con 22 años, soy el cuarto de los parados. Te detallo a continuación: de izquierda a derecha, parados: Colmenares, Stanich, A. Carlos, Rodríguez, Jairo, Gala, Ferreira, Díaz, Lovizuto; agachados: Di Biasi, Norman, Fedor, Chabonga, Boys, Ochoa, Rubianes. El Colmenares que ves ahí es el famoso "Pulpo" Omar Colmenares, arquero de la selección nacional y natural de Maracay. Jairo Castellanos también es oriundo de Maracay. Roberto Díaz, el octavo de los parados, fue mi entrenador cuando pertenecí al equipo de fútbol del Santo Tomás de Aquino en Caracas. Lovizuto, el noveno, fue uno de los brasileros que militaba en el Tiquire Flores de 1966.


Otros recuerdos e impresiones:

Estando creo en 3er. Grado, 1962, murió el hermano Klino Kinker que había sido mi maestro en 2do. Grado.


En Junio de 1963 hice la primera comunión (ver foto inferior).



La Primera Comunión en el Internado. En el borde inferior de la fotografía se señala lo siguiente: Internado Padre Antonio Leyh - Héctor E. Rodríguez B - Junio 1963 (Foto Betancourt).



Cuando empecé a cursar el 4to. grado, comenzaron a funcionar los talleres para aprendizaje en el manejo de las maderas y el metal.

En 4to. grado, 1963, cometí una falta grave: me caí a trompadas con un compañero en la Iglesia y en plena misa. Me salió calabozo por 3 días; me metieron en el Oscuro.

Cuando cursaba el 6to. grado, 1966, murió el Bachiller Paolín (fumaba mucho), y a todos los que cursábamos el sexto grado nos vistieron con el traje de semana santa y nos llevaron a Valencia para asistir a sus funerales.

Entre las 11.45 a.m. y las 12:30 del mediodía íbamos a recreo al campo de fútbol, y el hermano Oswaldo tocaba un pito que era la señal para que todos los integrantes de la 1ª Sección se dirigieran a la regaderas para tomar el baño del día; luego la 2da., la 3era., y por último la 4ta. (Los trajes de baño eran unos pantaloncitos de Kaki). Luego pasábamos al comedor para almorzar. El orden lo establecía la formación inmediata de las diferentes secciones. 

La señal de inicio y término de toda actividad era por supuesto el famoso pito del hermano Oswaldo. No era un pito normal; lo recuerdo como una flauta de metal de unos 8 centímetros, con un sonido muy particular y, como dije, en cualquier lugar del Internado se oía ese pito, y a esa orden había que pegar la carrera al sitio de reunión.

Desde la 1 hasta las 2 de la tarde y desde las 4:45 hasta la 5:30 p.m. teníamos recreo en los campos de fútbol. Para esos momentos acudíamos al depósito del hermano Oswaldo, quien nos tenía guardado el dinero que nos daban nuestros padres y lo llevaba anotado en un cuaderno. Solicitábamos una locha, un medio o un real [3], y era para comprar helados, pero sobre todo, unos dulces (besito de coco, torta, majarete) que vendía un señor moreno que los llevaba en una cesta sobre la cabeza. Su nombre era Simón, y se paraba al lado de la cerca que colindaba con la vía a la UCV.

Después de esos recreos en los campos de fútbol, pasábamos al Patio Grande a lavarnos las manos y la cara, y de seguidas para el salón, o a clase o a estudio.

Cada 17 de Mayo se celebra el día de San Pascual Bailón. Por lo tanto, en honor al Padre Pascual (el maestro de 6to. grado) el hermano Oswaldo organizaba un viaje hasta Ocumare de la Costa, en donde los curas tienen una casa: Prepararon un camión 350, le colocaron cuatro filas de bancos y allí nos montaron, ¡y de paseo para la playa!. Regresamos en la tarde vueltos leña, por esa bendita carretera llena de curvas y farallones. Este viaje a Ocumare el día de San Pascual Bailón era una tradición, pero solo para los alumnos del sexto grado, que era el curso del Padre Pascual.

El colegio tenía unos extensos campos cultivados con varios frutales; nos abastecíamos de ellos y creo que también los curas comercializaban el excedente. Había también cría de abejas (apicultura), que manejaba el hermano Gerbacio. Recuerdo que le decíamos "Porrrr", y eso se debía a su manera muy particular cuando rezaba, que por su acento alemán, al decir "por la señal de la Santa Cruz"..., el "por" lo prolongaba de manera que era gracioso para nosotros.

El hermano Oswaldo medía como 2 metros y pesaba como 120 kilos. Era cuadrado, con un carácter severo, y le temíamos porque él era el que nos castigaba con las planchitas (pegarnos con un palo de escoba en los dedos y las palmas de las manos). 

Entre las tremenduras de algunos alumnos estaba la de jubilarse (escaparse) para un sitio de las montañas que llamaban Las Peñitas, que eran unos pozos de agua muy fría. Yo no los llegué a conocer. Si mal no recuerdo, creo que también hubo alumnos que se escaparon del colegio para sus casas.

El castigo del Bachiller Céspedes era agarrarnos con los dedos pulgar e índice de su mano derecha en los pelitos de la sien y darles vueltas; era muy doloroso. 

El maestro Ochoa tenía una manera muy peculiar de contar las historias; generalmente las terminaba muy triste, casi llorando. Es increíble lo que es la memoria, pero en este momento me acuerdo como si hubiera sido ayer que fue el hermano Ochoa el que nos informó de la muerte de Kennedy, el 22 de noviembre de 1963. Por eso es que recuerdo al maestro Ochoa que terminaba los cuentos muy tristes, porque ese día que nos habló de la muerte de Kennedy él terminó llorando, y por supuesto nosotros también.

En diciembre nos daban vacaciones, y a los de Caracas nos venía a buscar el autobús. Regresábamos el 15 de enero.

Como podrás observar por los nombres, no todos los maestros eran alemanes; la mayoría eran venezolanos.

Ahora recuerdo todo esto con nostalgia; pero debo reconocer que fueron momentos muy duros. Solo pensar en un niño de 7 u 8 años, asustado en un dormitorio de esos y llamando a su mamá, más de uno terminaba en lágrimas; fue terrible.

Todo este drama era al inicio del año escolar; pero con el transcurrir del tiempo y con la intensa actividad diaria entre los juegos y los salones de clase, nos íbamos adaptando rápidamente a todas las exigencias, e inclusive a la más dolorosa: la de estar separados de nuestros padres y hermanos.

Existe un concepto equivocado de los Internados, en donde solo se piensa que eran o son sitios para muchachos de mala conducta. Craso error; lo digo en mi caso: mi presencia en el Internado, y la de mis hermanos Freddy, Víctor y Ernesto, se debieron a que mi papá era empleado del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social y por ello teníamos más facilidad de acceso. Además, porque éramos una catajarra de hermanos (fuimos 11). Recuerdo nombres: Albarrán- Pineiro- El Sute Omar Rodríguez- y varios muchachos de El Sombrero- Sergio Ruíz- Adolfo Rodríguez- Chino Montilla- Carlos Ismayer- Seijas- Freddy Valor- Popeye.

Cursaba el 4to. Grado cuando entró un hermano mío, de nombre Ernesto Alí Rodríguez (Barriguita).

En una oportunidad, estando yo en el Internado, se hizo un reencuentro de ex-alumnos. Recuerdo que vino Juan Vené, el famoso periodista, y le donó al colegio un equipo completo de béisbol. Vinieron además algunos militares, y Leopoldo Sucre Figarella, el que fue presidente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), que también estudió en el Internado (o un hermano).

¡Cómo no voy a recordar al amigo José, cuando en los recreos jugábamos béisbol y él participaba con nosotros! José no estudiaba en el Internado, pero vivía por ahí, se acercaba y lo incluíamos en las caimaneras. La peculiaridad consistía en que al amigo José le faltaba la mitad del brazo izquierdo y él se ponía el guante en la diestra. Al agarrar la pelota, con una destreza sorprendente se sacaba el guante de la mano, y de una se lo metía debajo de la axila izquierda a la vez que sacaba la pelota del guante y la lanzaba. Era un extraordinario jugador.


Años después, fui en varias ocasiones a lo que fue el  Internado Padre Antonio Leyh, y tuve la suerte de conseguirme a uno de los maestros. Ya era otra institución, algo así como una escuela de arte. La infraestructura muy deteriorada; la Iglesia era un depósito. En fin, recuerdos tristes de un pasado alegre.


Hace como 5 años me enteré de que los curas benedictinos se habían establecido en una especie de Abadía que queda en la vía de Valencia a Güigüe, y los fui a visitar. Me presenté ante uno de ellos y le hablé del Internado Padre Antonio Leyh, y me invitó a recorrer las instalaciones mientras me contaba del destino de cada uno de los curas de mi época. Todos habían muerto a excepción del hermano Angélico, pero no se encontraba porque estaba de viaje para Alemania. Le pregunté la edad del hermano Angélico y me dijo que 94 años. Hace poco me enteré de que el hermano Angélico murió en la Abadía.

Esta es la historia de lo que sé y de lo que me acuerdo.


Posiblemente, algo de lo que estoy escribiendo no sea tan cierto como lo plasmo. De ahí lo interesante de tu Blog, amigo Pedro: que pueda servir para las aclaratorias e inclusive para poder reencontrarnos con amigos, ya tan lejanos en el tiempo, pero con la inmensa dicha de estar vivos y poder escribir esta pequeña historia.


NOTAS: 


[1] Sergio Ruíz y Alexis Blanco, ambos procedentes de El Sombrero (estado Guárico) y condiscípulos de Héctor Rodríguez en el Internado Padre Antonio Leyh, colaboraron con sus observaciones y recuerdos para ajustar y ampliar la información contenida en estas memorias.

[2] Salvo esta del busto del Padre Antonio Leyh, todas las fotos e ilustraciones han sido facilitadas por Héctor Rodríguez B.

[3] Monedas con valores proporcionales e inferiores a los 100 céntimos del bolívar, la unidad monetaria nacional; a saber: el real, de 50 céntimos; el medio, de 25 céntimos, y la locha, de 12.5 céntimos. La moneda de menor valor era comúnmente denominada puya y equivalía a 5 céntimos.


lunes, 1 de diciembre de 2014

La desaparición gradual del patrimonio urbano de Maracay o el desvanecimiento imperceptible de su identidad (III)


Al anunciar el propósito de su administración de convertir Maracay en una ciudad vanguardista (Torres 2013), el alcalde del municipio Girardot señaló la necesidad de hacer un fuerte llamado a la conciencia ciudadana: "Comentó Bastidas que todos estos cambios que plantean no serán posibles si con ellos no vienen de la mano el cambio de vida y conducta de los ciudadanos de Maracay. No solamente se trata de la reprogramación de las personas cuando se establezcan nuevas rutas de transporte público por código y color, sino también la cultura del bienestar colectivo y del cuidado de las obras que son para beneficio de todos" (el resaltado es mío).

Hay razones válidas para esta inquietud del alcalde: con harta frecuencia vemos cómo los sitios y bienes públicos rehabilitados por la administración estatal o municipal, y hasta por organizaciones civiles no gubernamentales, caen pronto en proceso de degradación por efecto de hurto, de vandalismo, de acciones impropias o de falta de mantenimiento. El robo o la destrucción de bombillos y pantallas en las luminarias de plazas y bulevares; el maltrato de árboles recién plantados en árboles y aceras; las pintas y los carteles sobre obras de arte y sobre muros de edificaciones recuperadas; la ranchificación de techos, ventanas, jardines o quioscos en zonas comerciales, desarrollos habitacionales y avenidas; la desaparición de áreas verdes por invasión de malezas o por falta de riego, y la basura arrojada a la calle por transeúntes o desde vehículos particulares y autobuses, situaciones cotidianas estas con las que nos hemos resignado a convivir en Maracay, son producto de la indolencia de sus habitantes que, fuera de los límites su vivienda, no reconocen ni sienten como suyos los espacios y bienes urbanos.





Algunos aspectos habituales de Maracay, que reflejan la indolencia cívica (por comisión o por omisión) tanto de sus habitantes como de sus administradores. Fotos: P.H., 2014.


Esta indolencia tiene mucho que ver con la escasez (la ausencia incluso) de sentido de identidad y pertenencia, elemento fundamental para la salvaguarda de todo bien patrimonial. Si este sentido no se motiva, no se desarrolla o no se fortalece, ¿cómo esperar entonces que la ciudadanía respete los espacios públicos y los bienes patrimoniales, y vele por su conservación o bien manifieste su corresponsabilidad cuando haya necesidad de tomar acciones a favor de los mismos?

El sentido de identidad y pertenencia es lo que ha impulsado a la comunidad con el fin de detener años atrás la tala de unos árboles en la isla central de la avenida Las Delicias para facilitar el acceso al estacionamiento de un conocido local comercial o, más recientemente, de ejercer presión pública sobre los propietarios y las autoridades estatales y municipales, a objeto de garantizar la integridad física de la hermosa casa de Doña Dolores Amelia, en el centro de la ciudad, puesta en venta al mejor postor y adquirida finalmente por la Gobernación de Aragua para servir de sede al Instituto de Senología del Estado Aragua (ISENA). La emblemática avenida Las Delicias está vinculada a los recuerdos de infancia y juventud de muchos maracayeros pues es la principal vía de acceso al zoológico, al Hotel Maracay y a las playas de Choroní. En la casa de doña Dolores Amelia funcionó hace décadas el Colegio Lope de Vega, y en sus aulas se formó un gran número de personas que guardan gran estima por este inmueble, razón por la cual suscribieron las diversas comunicaciones dirigidas tanto a las autoridades regionales y locales como a los medios de comunicación, y participaron incluso en la toma simbólica que determinó una decisión favorable a la preservación de este bien patrimonial.





La avenida Las Delicias cuando estaba recién rehabilitada como Paseo Las Delicias (imagen superior), y la Casa de Doña Dolores Amelia (imagen inferior), antes de su rehabilitación como sede del ISENA. Estos dos bienes culturales de Maracay han sido amparados en momentos críticos de su existencia gracias al sentido de identidad y pertenencia de sus habitantes. No obstante ello, los mismos tampoco escapan al deterioro progresivo general de los espacios públicos de la ciudad (Fotos: P.H., ca. 2002?).



En la entrada del 11 de octubre de 2009 hice mención de un proyecto de rescate del centro histórico de Montreal (capital de la provincia canadiense de Québec), desarrollado entre 1995 y 2005 y merecedor de premio internacional por sus exitosos efectos al enfocar sus objetivos y metas en torno a la recuperación del sentido de identidad y pertenencia de sus habitantes mediante el reconocimiento y revaloración de sus edificaciones y sitios públicos. De complejo desarrollo por cuanto requirió el acuerdo y la fusión de varias instancias municipales además de un fuerte financiamiento, la intervención integral de este centro urbano se basó en recuperar el significado de cada espacio de la ciudad, cuyo pasado fue devastado con las sucesivas "conquistas" que padeció por parte de franceses e ingleses. Al identificarse con edificaciones y sitios hasta entonces ignorados y desligados de sus afectos, los habitantes recobraron el orgullo y el amor por su ciudad, y experimentaron un cambio de actitud hacia la misma, todo lo cual ha hecho de Montreal una urbe con mayor calidad de vida y atractiva al turismo internacional.

La clave del éxito en la transformación de Montreal y de sus habitantes fue añadir en lugar de suprimir, así como dar sentido, unidad y coherencia a todas las intervenciones urbanas (recuperación y revalorización de sitios, rehabilitación de plazas, restauración de edificios) mediante una estrategia de promoción de los bienes patrimoniales recuperados.

Nuestra autoridad municipal pone empeño en su aspiración de convertir Maracay en una ciudad vanguardista. La escasez financiera no es, con todo, el obstáculo de mayor peso en el avance exitoso de este esfuerzo. El gran reto, que el propio alcalde pareciera reconocer en sus declaraciones, consiste en lograr un cambio de actitud en la ciudadanía. Es, entonces, en función de ese objetivo que debe revisarse el efecto de las actuaciones sobre los espacios y bienes urbanos hasta el día de hoy: ¿Han contribuido tales actuaciones a su valoración, identificación y apropiación de dichos espacios y bienes por parte de los maracayeros?

He tenido la suerte de estar de visita recientemente y por unos días en Barcelona, la capital de Cataluña. ¿Quién puede decir que esta no es una ciudad que dicta pautas de vanguardismo arquitectónico por lo menos desde el siglo XIX?: basta disfrutar la ovoide Torre Agbar iluminada o contemplarse reflejado en el techo alucinante de Els Encants nou (un mercado de pequeños comerciantes), para mencionar solo dos edificios de construcción reciente que enriquecen con su presencia el perfil urbano de esta ciudad, siempre en movimiento. Pero basta también caminar unas cuantas cuadras para perderse en el laberinto de su barrio gótico, o para descubrir repentinamente los vestigios del llamado Templo de Augusto en el interior del Centro Excursionista de Cataluña, un inmueble intervenido en 1922 por el arquitecto Lluís Domènech i Montaner, o las excavaciones arqueológicas del barrio La Ribera -derribado tras la Guerra de Sucesión (1714)-, hoy musealizadas y protegidas por la magnífica estructura en hierro del antiguo mercado del Borne, instalada ahí mismo en 1876. Y si de reformas se trata, solazarse entonces ante la vista del mercado Santa Catarina, intervenido por Enric Miralles y Benedetta Tagliabue, y que luce una novedosa cubierta, dinámica y multicolor a manera de "naturaleza muerta de frutos y flores" (según su autor, Toni Comella), mientras las fachadas se han conservado intactas (1).




Vistas nocturnas de la Torre Agbar (Jean Nouvel, 2005) y de Els Encants nou (Fermín Vázquez, 2013), imágenes superior e inferior, respectivamente. Els Encants nou es un espacio de sencillo desarrollo: simple, puro y funcional. El énfasis de diseño se centra de hecho en su cubierta especular. Fotos P.H., 2014.




Imagen superior: uno de los tantos callejones del barrio gótico de Barcelona. Imagen inferior: en la calle Paradís puede admirase los restos del Templo de Augusto (s. I a.C.), esquivos al visitante apresurado. Fotos: P.H., 2014  




Vistas de exterior e interior del Mercado del Borne (Josep Fonseré, 1871).  Se exponen dentro, con una atractiva museografía que incluye recursos tecnológicos, los restos del barrio La Ribera, derribado por orden de Felipe V, vencedor en la Guerra de Sucesión (1714), para construir una ciudadela destinada a controlar muy de cerca la ciudad de Barcelona. Fotos: P.H., 2014.




El mercado Santa Catarina, el primer mercado cubierto de la ciudad e inaugurado en 1848, luce su multicolor cubierta en mosaico como resultado de la rehabilitación de la que fue objeto entre 1997 y 2005 (foto superior). Se conservaron sus fachadas originales, y en su interior puede apreciarse vestigios del convento de Santa Catarina, que se levantaba en el mismo sitio y que sufrió el impacto de más de 300 proyectiles durante la Guerra de Sucesión. Un panel ubicado frente a la fachada principal del mercado informa sobre la actuación y vicisitudes del antiguo convento durante la mencionada guerra (foto inferior). Dispositivos museográficos como este se repiten en otros puntos de la ciudad que jugaron papel preponderante en la confrontación. Fotos: P.H., 2014.



Las vialidad urbana honra con frecuencia la memoria de políticos, artistas, magistrados y otras personas locales de profesión diversa. Rosa Sensat (1873-1961), maestra, da nombre a esta calle en La Barceloneta. Foto: P.H., 2014.




El leve rumor del surtidor de esta fuente (no muy diferente en cuanto a dimensiones a la eliminada en la plaza San Cristóbal de Maracay) invita al descanso en els jardins de Rubió i Lluc, al interior del antiguo Hospital de Santa Cruz (s. XV), hoy sede del Instituto de Estudios Catalanes y de la Biblioteca de Cataluña. Foto: P.H., 2014.



Una pinta, en tiza, sobre los antiguos muros de els jardins, transmite un sentimiento que se percibe en cada esquina de Barcelona. Foto: P.H., 2014 


No obstante los posibles problemas que, como todas las ciudades, debe de padecer también Barcelona, pienso que, además de sus singulares edificaciones modernistas, lo que la hace tan particular (por lo menos a los ojos de sus visitantes ocasionales) es el aprovechamiento que se hace de cualquier elemento urbano, aun de apariencia insignificante, en su carácter de testimonio de la historia urbana: ejemplo de ello es el de tres viejas chimeneas, posibles vestigios de una planta generadora de energía, que, en lugar de ser derribadas para dar paso a un edificio administrativo de la compañía REE Eléctrica (ver imagen inferior/ P.H., 2014), han sido incorporadas al mismo como parte de su diseño arquitectónico, con un efecto final que, si no hermoso, es cuando menos interesante. Una vieja y gruesa tubería ha sido también conservada e integrada a las áreas verdes aledañas. Y es que por lo general, tanto en la zona antigua como en la contemporánea, ningún edificio, por humilde que sea, deja de ofrecer algún aporte a la mirada, bien sea de índole estructural, ornamental o urbanística.




El resultado de todo esto es una ciudad que sorprende a la vuelta de cada esquina, que muestra su fascinación por las expresiones de vanguardia pero que reverencia y respeta además las representaciones de su pasado. En fin, una ciudad con encanto, para nada aburrida y con una personalidad inconfundible.

Y, digo yo, salvando las distancias, ¿Por qué no seguir su ejemplo?



NOTA

(1) Wikipedia ofrece información de interés sobre estos sitios y edificaciones, a veces controvertida.



FUENTES

Botello, O. (2007). Toponimia antigua de Maracay: Calles, plazas, esquinas, casas, sitios. Maracay: Concejo Municipal de Girardot.

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2006). Municipios Girardot y Francisco Linares Alcántara, estado Aragua. Caracas: IPC. Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano. Región Centro Oriente: AR 03-17.

Pedro Bastidas: “Proyecto Maracay Ciudad Jardín nos llevará a la transformación urbana”. (2014, Junio 12). El Aragüeño [Periódico en línea]. Disponible: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.elaragueno.com.ve [Consulta: 2014, Noviembre 13]

Service de l'urbanisme. (1996). Les orientations de développement pour le Vieux-Montréal 1995-2005. Ville de Montréal: Service de l'urbanisme.

Torres, E. (2014, Marzo 05). "Nuestro reto es hacer de Maracay una ciudad vanguardista". El Aragüeño [Versión digital]. Disponible: http://prensadigitalvenezolana.wordpress.com/2013/03/05/nuestro-reto-es-hacer-de-maracay-una-ciudad-vanguardista/ [Consulta: 2014, Noviembre 13]