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viernes, 14 de noviembre de 2014

La desaparición gradual del patrimonio urbano de Maracay o el desvanecimiento imperceptible de su identidad (II)


La eliminación del enrejado del antiguo parque 23 de Septiembre en la calle Páez de Maracay  (hecho comentado en la entrada del 12 de noviembre de 2014) no es, sin embargo y por desgracia, el único caso del género: en el transcurso de los últimos cinco meses han sido removidas de sus sitios, esta vez por encargo de la propia Alcaldía de Girardot, y con paradero hasta ahora desconocido por la ciudadanía, las rejas que delimitaban los linderos norte y sur del Parque Felipe Guevara Rojas.

Las del lindero norte, realizadas en hierro colado, constituían los restos de mayor longitud (aprox. 100 m.) y mejor conservados del enrejado artístico traído desde Nueva York en 1885 por orden del general Joaquín Crespo, entonces presidente de la República, para la plaza Girardot, de donde fueron retiradas a principios de la década de 1950, y una de sus secciones  recolocada en el Zoológico de Maracay. Un “remozamiento” del zoológico en la década de 1980 (que por cierto arrasó con el pabellón o dancing y con los baños públicos, ambos de fines de la década de 1920), implicó un nuevo desmontaje de las rejas, una pequeña parte de las cuales adornan (hasta nueva decisión de las autoridades, supongo) el conjunto escultórico La Girondina y el busto de Francisco Curro Girón en las afueras del circo de toros, así como la chimenea remanente del antiguo trapiche de la cercana población El Limón, capital del municipio Mario Briceño Iragorry. El paradero y el destino de la sección de las rejas que ahora nos (pre)ocupan, las que hasta junio de este año adornaron el acceso al Parque Felipe Guevara Rojas por la calle Santos Michelena, son hasta el momento desconocidos.




    

Vista general y de detalle de las rejas en hierro colado que se ubicaban, hasta su desmontaje en junio de 2014, en el lindero norte del Parque Felipe Guevara Rojas. Fotos: P.H., 2006.






Vistas del pabellón o dancing (arriba, foto extraída de Botello 2007) y de los baños públicos (abajo, foto de Vicente Amengual, 1975). Ambos edificios formaban parte de las instalaciones del Zoológico de Las Delicias y fueron derribados durante una intervención de este en la década de 1980.





Conjunto escultórico "La Girondina" (del español Emilio Laiz Campos, 1985) resguardado por una sección del antiguo enrejado de la plaza Girardot de Maracay. Foto: P.H., nov. 2014.




Enrejado actual (detalle) de la plaza Girardot, en herrería de soldadura y de burdo acabado, el cual se "inspira" en el que le fuera retirado en la década de 1950.  Foto: P.H., nov. 2014.


Las rejas del lindero sur del parque, colindante con la avenida Bolívar, estaban realizadas en hierro forjado, con volutas y aplicaciones florales, y barras de sección cuadrada rematadas en esferas y flores de lis, ensambladas por entero mediante remaches y abrazaderas. Aparte de su particular atractivo ornamental, este sistema de ensamblaje es hoy día muy raro y costoso, y ha sido prácticamente sustituido por el ensamblaje de soldadura, de factura menos laboriosa. Por si fuese poco, con la remoción de este enrejado fue destruida una parte de la obra mural “Maracay, riqueza ornitológica”, realizada en 2003 por el reconocido artista plástico J.J. Moros (por cierto, patrimonio vivo del municipio Girardot: IPC 2006, p.194).




Rejas en hierro forjado que se ubicaban, hasta su desmontaje en junio de 2014, en el lindero sur del Parque Felipe Guevara Rojas. Foto IPC, 2006.




Vista parcial de la obra "Maracay, riqueza ornitológica" (margen sur), del artista plástico J.J. Moros. Este mural en cerámica recortada se desarrolla sobre dos paredes ubicadas una frente a la otra, a ambas márgenes de la avenida Bolívar de Maracay. La sección de la margen norte fue derribada luego de la remoción de las rejas del lindero sur del parque. Foto: P.H., 2006.








Vista general y detalle de la sección de la margen norte del mural de J.J. Moros, destruido para dar paso a la "rehabilitación" del parque Felipe Guevara Rojas. Fotos: P.H., nov. 2014.


Igual suerte parecen haber sufrido, también por  disposición de la Alcaldía de Girardot,  el mobiliario en granito pulido de la plaza San Cristóbal, constituidos por varios bancos sin respaldo, y en particular por una fuente, en forma de copa y de mediano alzado, que era muestra de un sencillo  y delicado trabajo de labrado y pulido superficial. Esta plaza, dicho sea de paso, fue construida luego de la intervención perpetrada a finales de la década de 1940 contra el cementerio viejo, el cual databa cuando menos de 1839, con la consecuente pérdida de parte de esa historia no oficial de la ciudad contenida en los camposantos, así como de sus exponentes de arquitectura funeraria del siglo XIX, tan solo imaginables por las referencias de Augusto Padrón, el primer cronista oficial de Maracay, quien “nos recordaba que en sus días de juventud, hacia la segunda década del siglo XX, podían verse en el cementerio de la calle Páez lápidas y sepulcros con apellidos notables: Martel, Michelena, Boyer, Udis, Fuenmayor, etc.” (Botello 2007, p.102). De este cementerio no he hallado hasta la fecha siquiera un dibujo que lo ilustre para los que no llegamos a conocerlo; de la fuente tengo por lo menos la foto que aquí muestro.




Fuente en granito pulido, recientemente removida de la Plaza San Cristóbal de Maracay junto con los bancos del mismo material que completaban el mobiliario de este espacio público. Foto: P.H., 2006.


Confieso mi entusiasmo inicial cuando leía en la prensa las declaraciones del alcalde sobre la renovación y rehabilitación de espacios públicos para hacer de Maracay "una ciudad vanguardista" (Torres 2013). Me adherí a su afirmación de que "Maracay es una ciudad de mucho peso para el país, pero lamentablemente no había tenido suerte con sus gobiernos anteriores, que no procuraron darle el sitio que se merece, el que necesariamente debe tener nuestra Ciudad Jardín, como ícono, como centro del país". Al anunciar, en el marco de un proyecto denominado "Maracay Ciudad Jardín", la intervención mediante equipos multidisciplinarios de sitios emblemáticos como la Plaza Bolívar, el bulevar Pérez Almarza, la plaza El Ancla, la Plaza Bicentenaria y el parque Felipe Guevara Rojas, la autoridad municipal señalaba con énfasis contagioso que "son obras conceptualizadas como la transformación y el proceso de reconstrucción de Maracay, las cuales han sido diseñadas y enmarcadas dentro de un gran plan para el reordenamiento de la ciudad", y que "la nueva Maracay dispondrá de más zonas donde la cotidianidad estará de la mano de la calidad de vida, la armonía estará presente entre lo ciudadano y lo urbano, en el cual impere el respeto y las normas de convivencia, de allí la importancia de materializar obras como estas" (Pedro Bastidas... 2014). 

Ante la contundente virtud de tales objetivos, ¿cómo imaginar que pronto vería con angustia la supresión o el deterioro de un significativo mobiliario urbano, sin que mediase explicación (¿debería decir respeto?) alguna a la ciudadanía acerca de la razón de tales acciones y sobre el nuevo destino de dicho mobiliario en su carácter de bien de la nación y de patrimonio de los maracayeros?

Todos estos bienes y sitios afectados están incluidos en el Registro General del Patrimonio Cultural en virtud del Primer Censo del Patrimonio Cultural, llevado a cabo entre 2004 y 2006 en cumplimiento del postulado del artículo 99 de la Constitución Nacional, conforme a lo establecido en la Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural, y mediante el Acto Nº 003/05, de fecha 20 de febrero de 2005, por el cual el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) declaró Bien de Interés Cultural cada una de las manifestaciones tangibles e intangibles registradas en el censo mencionado y reflejadas en los catálogos elaborados con ocasión al mismo (IPC, op. cit.,  p. 267). A los fines de facilitar el manejo y salvaguardia de dichas manifestaciones, el IPC dictó la Providencia Administrativa Nº 012/05 (del 30 de junio de 2005), que fija las medidas técnicas a las que deben ceñirse las autoridades nacionales, estadales y municipales, así como las personas naturales y jurídicas (idem, p. 267).

Las rejas del antiguo Parque 23 de Septiembre son expresamente señaladas en las páginas 33 y 97 del catálogo de los municipios Girardot y Francisco Linares Alcántara del estado Aragua (ibidem); las rejas del Parque Felipe Guevara Rojas, en las páginas 26 y 139 del mismo documento; el mural de J.J. Moros en las páginas 139 y 154, y la Plaza San Cristóbal en la página 80.

Ante el evidente carácter patrimonial de estos bienes, pregunto: ¿Se dio cumplimiento, previo a las actuaciones que los afectaron, al artículo 21 de la providencia 012/05, que reza: "Toda intervención de los bienes culturales inscritos en el Registro General del Patrimonio Cultural que pudiera afectar los valores que motivaron su inclusión en el mismo, deberá ser previamente autorizada por el Instituto del Patrimonio Cultural"? Si así ha ocurrido, debe existir una comunicación oficial del ente rector del patrimonio cultural venezolano con los acuerdos y recomendaciones de cada caso, y la municipalidad tiene al menos la responsabilidad moral (y política) de dar a conocer su contenido a la ciudadanía. Si se obvió, en cambio, este requisito legal, el desconocimiento del mismo en modo alguno debería ser esgrimido como excusa, pues el catálogo correspondiente (que contiene además el texto de la Providencia en sus páginas 267 a 271) se encuentra disponible en la Internet (ver FUENTES en esta misma entrada).

Conste que la idea de lo que aquí expongo no es oponerme a ultranza a cualquier intento de intervención urbana por parte de la gobernación o de la alcaldía, ya que no tengo razones objetivas para pensar que no se hagan de buena fe y en beneficio de la ciudad y de sus habitantes. Pero mi obligación como ciudadano y como maracayero es manifestar mi satisfacción o mi inconformidad, según sea el caso,acerca de las maneras de esas actuaciones, y sobre todo señalar (ojalá que todavía a tiempo) los alertas pertinentes sobre el alto riesgo de que las consecuencias negativas de las mismas terminen siendo de carácter irreversible.


FUENTES

Botello, O. (2007). Toponimia antigua de Maracay: Calles, plazas, esquinas, casas, sitios. Maracay: Concejo Municipal de Girardot.

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2006). Municipios Girardot y Francisco Linares Alcántara, estado Aragua. Caracas: IPC. Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano. Región Centro Oriente: AR 03-17. Disponible: http://www.ipc.gob.ve/images/stories/mapa/RegionCentroOriente/Aragua/Girardot.pdf
[Consulta: 2014, Noviembre 14]

Pedro Bastidas: “Proyecto Maracay Ciudad Jardín nos llevará a la transformación urbana”. (2014, Junio 12). El Aragüeño [Versión digital]. Disponible: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.elaragueno.com.ve [Consulta: 2014, Noviembre 13]

Torres, E. (2013, Marzo 05). "Nuestro reto es hacer de Maracay una ciudad vanguardista". El Aragüeño [Versión digital]. Disponible: http://prensadigitalvenezolana.wordpress.com/2013/03/05/nuestro-reto-es-hacer-de-maracay-una-ciudad-vanguardista/ [Consulta: 2014, Noviembre 13]


ACTUALIZACIÓN INFORMATIVA

Parque Felipe Guevara Rojas contará con atractivos para los pequeños del hogar. (2017, Marzo 03). El Aragüeño [Versión digital]. Disponible: http://elaragueno.com.ve/region/parque-felipe-guevara-rojas-contara-con-atractivos-para-los-pequenos-del-hogar/

..."Jesús Pereira, presidente de ConstruAragua.... detalló que el atractivo de esta plaza está dirigido a las niñas y las niños de la Patria, pues está prevista la construcción de diversas atracciones infantiles y obras en concreto con revestido de materiales reciclables. 'Va a contar con una pérgola que adornará la caminería revestida de concreto, algo muy emblemático de la obra. Mientras que en el ornato se va a contar con plantas entre naturales y artificiales [sic], así como con sistemas de riego', acotó el presidente de la empresa". (Texto extraído de El Aragüeño, 03-03-2017).

miércoles, 12 de noviembre de 2014

La desaparición gradual del patrimonio urbano de Maracay o el desvanecimiento imperceptible de su identidad (I)


Cual si se tratara de un pasaje de La historia interminable, el exitoso relato de Michael Ende llevado al cine hace algún tiempo, Maracay pareciera ser objeto de un crónico “esfumado” que, a fuerza de repetirse, cada vez con mayor frecuencia, culminará fatalmente en la desaparición de todo aquello que le otorga singularidad, ante una tendencia en boga de “reconstrucción urbana” que, tal como ocurre con la estética del botox, parece destinada a igualar los rasgos de las ciudades desprevenidas bajo el aspecto grotesco de una máscara.

Maracay, es bueno recordarlo, no es heredera de notables edificaciones coloniales que, pongamos por caso a Coro (estado Falcón), le aporten en su conjunto un carácter peculiar, y que por tal razón le diferencien del resto de las urbes venezolanas. Aparte del destacable desarrollo de la plaza Bolívar y sus alrededores, la capital aragüeña solo tiene para mostrar a sus visitantes como algo novedoso edificaciones de principios del siglo XX, en buena parte aisladas, inconexas y descuidadas, que le aportan sin embargo identidad propia. A ello contribuye de igual modo su mobiliario urbano, que por incógnito y desperdigado ha sido presa fácil para un desmantelamiento sistemático, imperceptible y tal vez definitivo.
  
Todo esto viene a cuento a raíz de una visita efectuada en días recientes al centro comercial Paseo Estación Central, creado a partir de la rehabilitación del edificio industrial donde funcionó la empresa Telares Maracay, y abierto al público, con la presencia de la autoridad municipal, el 13 de julio del año en curso (Torres 2014). Por el hecho de ubicarse distante de mi ruta ordinaria por la ciudad, pospuse dicha visita hasta una buena mañana, cuando el azar dispuso la fecha y la hora de mi conveniencia.



Imagen referencial del futuro centro comercial utilizada en un anuncio de pre venta publicado en Inmobilia.com (2011, s.n.p.), con este interesante eslogan: "Rescatando nuestros valores históricos".


Según lo que pude apreciar entonces, el resultado parcial de la mencionada rehabilitación (aún en proceso) es sin duda prometedor: el hermoso trabajo en granito pulido de los pisos interiores, la transparencia predominante en las áreas comerciales y de servicio, y el agradable diseño de los espacios verdes, los cuales pueden ser contemplados desde la terraza del edificio, invitan al disfrute de una estancia prolongada en este magnífico inmueble, afortunadamente reintegrado a la ciudad.  Pero sobre todo, las renovadas fachadas estilo decó que, aunque con modificaciones formales, particularmente de sus ventanales, permiten imaginarse el esplendor del edificio en 1926, año de su construcción, considerado en tal momento una de las siete maravillas de la arquitectura en Venezuela (Hernández de Lasala 1990, p. 346) 



Telares Maracay (vista general), ca. 1930. Foto de Luis Felipe Toro Torito, Col. Biblioteca Nacional de Venezuela.


Pero es la celebración de este acertado aporte urbano lo que por lo pronto deberá ser postergado, pues bien merece una entrada extensa, bien ilustrada y, sobre todo, agradecida. Me temo que hoy solo servirá de pretexto para abordar, una vez más, la preocupante situación de nuestro patrimonio construido, y particularmente de nuestro poco valorado mobiliario urbano.
 
A decir verdad, los espacios internos originales de Telares Maracay fueron sujeto de derribos sucesivos a lo largo de los años, al igual que algunos elementos exentos que otorgaban equilibrio compositivo al complejo industrial. Cuando los propietarios hicieron público el cambio de uso, lo único que sobrevivía del vasto inmueble de otrora eran las fachadas y la armazón metálica que sostiene su estructura. Me tocó corroborarlo cuando participé en una visita técnica dispuesta por la Alcaldía del Municipio Girardot, como representante de una asociación civil dedicada a la defensa del patrimonio aragüeño. 



Fachada oeste de Telares Maracay, antes del inicio de los trabajos de rehabilitación (2006). Foto: P.H. 




Vista interior de Telares Maracay (2007). Foto: P.H.


Nos agradó sobremanera el presunto empeño de sus dueños (comentado por la arquitecta residente de la obra) en mantener al máximo el estilo y los elementos constructivos originales que habían logrado escapar de las fuertes e irreversibles intervenciones anteriores, empeño que generaba no pocos dolores de cabeza a los encargados de la rehabilitación del edificio. Me preocupaba en cambio el destino incierto de las rejas de forjado artístico que adornaron y sobrevivieron al viejo parque 23 de septiembre en la calle Páez, espacio aledaño que recordaba la fecha de la primera visita a Maracay del general Juan Vicente Gómez y que luego pasó a ser propiedad de la antigua empresa textil. Días antes, dichas rejas habían sido retiradas y sustituidas por una espantosa pared de bloque sin revocar. Justo allí, nos informó la arquitecta, estaba prevista la entrada norte al futuro estacionamiento, razón por la cual el enrejado debió ser desmontado. La desagradable pared que quedó en su lugar –agregó- sería temporal y protegería los materiales de construcción de los amigos de lo ajeno. 



Pintura al óleo del parque 23 se Septiembre, obra del español Victoriano Vicente Gil. Col. Gobernación de Aragua (Tomado de Botello 2007).



Columna y puerta en hierro forjado de entrada al sitio donde existió el viejo parque 23 de Septiembre, en la calle Páez (Detalle). Foto PH, 2006.



Vista general del enrejado que delimitaba el antiguo parque y de la pared levantada previo a su desmontaje. El inmueble al extremo izquierdo de esta imagen, que reemplazaba otra construcción que perteneciera al general patriota Santiago Mariño, fue derribado para el uso del sitio como estacionamiento del centro comercial. Foto: P.H. (2007).


Informé a nuestra anfitriona de que, así como el edificio de Telares Maracay, las rejas formaban también parte del Registro General del Patrimonio Cultural, y que por tanto estaban amparadas por la Providencia Administrativa Nº 012/05, del 30 de junio de 2005 (IPC 2006, pp. 267-271). Respondiendo a una solicitud nuestra, nos condujo al sitio donde se encontraban “a buen resguardo” las rejas en cuestión, descritas por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) de la siguiente manera: “estructura realizada con barras de sección cuadrada y pletinas en hierro, forjadas en forma de volutas y con aplicaciones florales, unidas mediante remaches y abrazaderas. Las barras terminan en flor de lis y pequeñas esferas. Las puertas de dos hojas son sostenidas por columnas también realizadas en hierro forjado. Con el tiempo la estructura perdió el coronamiento de acceso principal al parque” (op. cit., p. 33). Cabe señalar que dicha descripción culmina con la siguiente advertencia: “La edificación Telares Maracay está siendo intervenida para el funcionamiento de  un centro comercial, lo que hace temer por la integridad de las rejas del parque 23 de Septiembre… La institución responsable de estos bienes está en la obligación legal de tomar las medidas necesarias para conservarlos y salvaguardarlos, notificando al Instituto del Patrimonio Cultural sobre estas actuaciones”. Más claro, ni el mejor de los gallos.  

Nuestra recomendación en esa ocasión fue que las rejas se reinstalaran a su debido tiempo en algún espacio apropiado del futuro centro comercial. 



Vista de las rejas del antiguo parque 23 de Septiembre, ya desmontadas y depositadas luego en las instalaciones de Telares Maracay. Foto: P.H. (2007).


En mi visita al reciente centro comercial, esta vez como un ciudadano más, no divisé las rejas por ningún lado, al menos en los sectores hasta donde los trabajos de rehabilitación permiten el acceso. La inquietud de una duda quedó entonces suspendida en el aire todavía fresco de la mañana: ¿permanecen aún las rejas en su sitio de resguardo, esperando su colocación definitiva una vez que culmine la rehabilitación del edificio, o deberé suponer que nuestra recomendación haya sido obviada, en contravención de las disposiciones del instituto patrimonial?

La ignorancia sobre las leyes y reglamentos que norman nuestro accionar cotidiano es mal que afecta a todos los que no nos servimos habitualmente de ellas para el desempeño de las diarias funciones que nos corresponde ejercer, de manera que avanzamos siempre, las más de las veces sin saberlo, en la frontera entre lo lícito y lo indebido. Para advertirnos, y reprendernos si fuese el caso, están las autoridades pertinentes, en quienes no es en modo alguno excusable el desconocimiento y la desidia en la aplicación de los instrumentos jurídicos de su competencia. Existen una ley específica, un registro general de patrimonio (accesible a nivel municipal mediante  catálogos disponibles por Internet) y una providencia administrativa de obligado cumplimiento; y existen también un instituto nacional y una secretaría estatal como mínimo, encargados de velar por la cabal aplicación de dichos instrumentos.

Como maracayero, guardo la esperanza terca de ver restituidas oportunamente y en el lugar adecuado estas rejas, que forman parte de nuestro patrimonio urbano. 



FUENTES

Botello, O. (2007). Toponimia antigua de Maracay: Calles, plazas, esquinas, casas, sitios. Maracay: Concejo Municipal de Girardot.

Hernández de Lasala, S. (1990). Malaussena: Arquitectura académica en la Venezuela moderna. Caracas: Fundación Pampero [Transcripción del artículo de Rafael Seijas Cook intitulado “Una de las siete maravillas de la arquitectura venezolana” y publicado en Élite, Nº 41, en Junio de 1926].

Inmobilia.com: Aragua: Guía de inmuebles, productos y servicios. Año 15, Nº 1042, junio 2011. 

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2006). Municipios Girardot y Francisco Linares Alcántara, estado Aragua. Caracas: IPC. Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano. Región Centro Oriente: AR 03-17.

Torres, E. (2014, Julio 14). Centro Comercial Paseo Estación Central abrió sus puertas. El Aragüeño [Periódico en línea]. Disponible:  http://www.prensaescrita.com/ adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.elaragueno.com.ve [Consulta: 2014, Noviembre 11].


viernes, 7 de noviembre de 2014

Cementerio "La Primavera" de Maracay. Arte funeraria. La colección de obras iconográficas: Cruz y crucifijo (I)

Señala Ruiz Montejo (1991) que hasta la primera mitad del siglo III d.C. no se conoce manifestación alguna de arte cristiano. Adelanta como posibles razones la posición iconoclasta de los Padres de la Iglesia por prescripción bíblica, así como la dificultad inicial de expresar mediante la materia contenidos de carácter trascendente. El cristiano primitivo provenía sin embargo de un pasado pagano, en el que la vinculación con los dioses se realizaba a través de la manifestación artística, lo cual suponía una actitud popular generalizada que quería ver en imágenes a los personajes y los acontecimientos propios de la novel religión que se abrazaba. Dicha actitud popular y las propias necesidades de catequesis llevan a la Iglesia a adoptar el simbolismo como vía de expresión plástica. Recurre entonces a imágenes paganas cuyas connotaciones morales fuesen congruentes con las cristianas, a fin de poder considerarlas propicias para adecuarlas a los nuevos contenidos. Símbolos, mitos y representaciones diversas de deidades de las antiguas religiones sustituidas, así como pasajes y episodios bíblicos constituyeron entonces la materia prima para la iconografía cristiana.

A lo largo de la historia, el cristianismo experimentará disensiones y cismas que determinarán actitudes diversas frente a la imagen religiosa, así como la adopción de formas expresivas propias. El catolicismo ha sido sin duda un medio fructífero para la evolución y enriquecimiento iconográfico mediante el usufructo, recreación y diversificación de signos, símbolos y alegorías. La representación de la Virgen María en sus numerosas advocaciones y la de los personajes del amplio santoral católico constituyen una muestra fehaciente de esta afirmación.

Cruz y crucifijo.

La cruz es uno de los símbolos más antiguos de la humanidad y ha sido adoptada por muchas religiones. Se conoce como símbolo del cristianismo desde el siglo III d.C., cuando comenzó a usarse para evocar la ejecución de Jesús y representar su triunfo sobre el madero de tormento. Este sentido primordial de la cruz cristiana se conserva en las iglesias evangélicas, extendido al de la fe en la resurrección. Es solo en la Edad Media cuando comienza a representarse a Jesús sufriente o fallecido sobre la cruz. Dicha modalidad, llamada crucifijo (derivado del latín crucificărefijar a la cruz), fue adoptada por la iglesia católica para enfatizar el sacrificio de Jesús, sin dejar por ello de lado el sentido primordial de triunfo sobre la muerte.

La cruz y el crucifijo son los motivos más frecuentes y variados en La Primavera. Salvo muy escasas excepciones, los elementos más notables de cruz son en herrería artística de forjado, en su mayoría de pequeño formato. Por su parte, las representaciones notables de crucifijo que subsisten apenas sobrepasan la veintena, y al menos la mitad de ellas se encuentran incompletas. Debe advertirse que la notabilidad o relevancia asignada a algunos de estos objetos no depende necesariamente de su calidad artística o riqueza de materiales; la singularidad es de hecho otro factor que determina la selección de obras notables, de las cuales serán reseñadas las más representativas.

Crucifijo. En el grupo de crucifijos, tres de ellos, obras de encargo y tal vez de procedencia europea, merecen destacarse por su calidad de factura. El primero forma parte del denominado Panteón de la familia Ruiz González (s.f.), monumento que lleva la firma de la empresa Fco. Pigna Sucs. Este crucifijo en mármol evidencia un trabajo cuya destreza y sensibilidad se manifiestan en una figura de Jesucristo grácil y proporcionada. El elaborado detalle del paño de pureza brinda dinamismo a la composición y aporta por contraste dramatismo a la escena. La belleza de esta obra se sobrepone a la mutilación de sus pies y de su brazo derecho.


La plataforma de Félix M. Pérez U., fallecido en 1932, tiene de cabecera un crucifijo cuya base figura un túmulo de piedra que evoca el Gólgota. En esta obra, realizada por entero en mármoles del mismo tono, y con dimensiones de 2.40 m. x 1.00 m. x 0.37 m., el énfasis parece estar dado precisamente en la postura de la figura de Jesucristo, cuyo realismo en el lógico desplome por causa de la muerte corporal, intentaría revelar más bien la faceta humana del personaje. La ubicación del crucifijo sobre un cipo de 1.10 m. de altura suplementa sus medidas, poco usuales en los monumentos funerarios de La Primavera, otorgándole impresión de monumentalidad.


La faceta humana de Jesucristo a la que se ha hecho alusión en el párrafo anterior se manifiesta con mayor evidencia en el crucifijo de la tumba de María Hermoso (fallecida en 1952), realizada por la firma F. Roversi. De dimensiones discretas (1.20 m. x 0.60 m.), y elaborada en caliza gris y mármol, esta obra parece mostrar al personaje en el trance del suplicio, padecimiento que intentaría ser expresado más en el adelantamiento del cuerpo - especie de vana actitud de resistencia - que en el ligero crispamiento de su rostro. La ausencia de ambos brazos afecta en este caso el equilibrio formal de la figura de Jesucristo, que luce desproporcionada.


El crucifijo que se emplaza acostado sobre el monumento donde yace Felipe Chacón, fallecido en 1944, destaca fundamentalmente por su singularidad. Está compuesto por una cruz moldeada en granito artificial y por un Cristo en mármol, el cual pareciera haber sido elaborado según el modelo de la eboraria hispano filipina (siglos XVI-XVII), mediante el cual se representaba al Cristo con rasgos orientales: ojos achinados, párpados gruesos, naríz achatada y pies rechonchos (Ruiz Gutiérrez, 2005). Sin obviar la calidad de su factura, esta obra, de solo 0.80 m. x 0.40 m., tiene carácter único en La Primavera, y en tal sentido posee valor excepcional. Dicha imagen se encuentra actualmente fracturada a la altura de sus pies y en su brazo izquierdo, cuyos fragmentos sueltos aún se conservan.


Otras tres obras con este motivo han sido seleccionadas como objeto de comentario, las tres de creación popular. La primera de ellas (0.74 m. x 0.50 m. x 0.08 m.) pudiera ser de autor y forma parte de la tumba de Wilfredo Abreu (fallecido en 1977) y Teresa Ortega (fallecida en 2009). De carácter minimalista, consiste en una simplificación del motivo crucifijo realizada en herrería artística de soldadura, y en la que la figura del Cristo está esbozada por una simple línea de cabilla y pletina.



La segunda obra, también de autoría anónima, pertenece a la tumba de la familia Hernández Montero (probablemente de 1954, según la fecha del primer enterramiento), y consiste en un mosaico de la figura de Jesucristo, aplicado sobre una cruz moldeada en granito artificial. El trazado elemental de la figura no disipa cierta sensación de simplicidad deliberada, que parece haber sido lograda con inusitada seguridad en la factura, lo cual podría ser producto de manos conocedoras del oficio.


El tercero de este grupo de crucifijos pareciera ser en cambio una obra de taller, de producción en serie y de descuidado montaje. Compuesta por una cruz en granito y una imagen aplicada del Cristo moldeada en cemento, esta obra evoca el arte románico y sus figuras alargadas, cargadas de realismo y gran fuerza expresiva. La atención en el detalle se concentra principalmente en el torso, de marcado costillar, y en la cabeza, de rostro enjuto y abundante cabellera. Difícil intuir, como en los casos anteriores, alguna intencionalidad en el logro de una producción determinada; sin embargo el resultado obtenido no deja de ser interesante entre los numerosos crucifijos convencionales elaborados en talleres de origen popular que pueden encontrarse en este cementerio.





FUENTES CONSULTADAS

Ruiz Gutiérrez, A. (2005). Las aportaciones artísticas de Filipinas [Documento en línea].            Disponible: http://docs.google.com/viewer?a=v&q=cache:
     yIZExo4uTusJ:www.ugr.es/~histarte/investigacion/grupo/proyecto/TEXTO/      
     ana1.pdf+cristos+filipinos&hl=es&gl=ve&sig=AHIEtbSZPJxtlv9ZX9OoLYS 
     KPxX_MuGksQ [Consulta: 2009, Diciembre 16]

Ruiz Montejo, I. (1991). El nacimiento de la iconografía cristiana. Cuadernos de Arte e Iconografía [Revista en línea], 4(7). Disponible: http://www.fuesp.com/revistas/pag/cai0701.html [Consulta: 2010, Enero 12]