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martes, 6 de septiembre de 2011

Apartamientos judíos en el cementerio “La Primavera” de Maracay (I)



Plano de "La Primavera" de Maracay. Los rectágulos rojos señalan la ubicación aproximada de los dos apartamientos judíos existentes en dicho cementerio. Las líneas blancas delimitan áreas que pertenecieron a este recinto funerario y que en los últimos años han sido ocupadas por desarrollos urbanísticos espontáneos y planificados.


Un artículo sobre la muerte en el judaísmo (Muerte, s.f.) señala que cuando los judíos llegan a cualquier lugar de la diáspora (1) una de sus primeras preocupaciones en la organización de la vida comunitaria es asegurar un lugar digno para enterrar a sus muertos, para cuyo efecto se suele buscar un lugar cercano al núcleo de población (s.n/p).

Acosta (2006, p.46) extrae por su parte la siguiente cita de la página Web del “Centro Comunitario Lamroth Hakol, de Argentina:

Un judío debe ser sepultado en un cementerio comunitario judío. Este acto manifiesta que así como uno quiso ser parte de la comunidad en vida, quiere seguir siendo parte de la misma aún después de su muerte…Los cementerios comunitarios judíos -a diferencia de otros cementerios privados-no son propiedad de inversores particulares, por lo tanto no tienen fines de lucro. El dinero que ingresa se redistribuye totalmente en la comunidad, para ayudar a familias e instituciones necesitadas. Ningún judío deja de ser enterrado en un cementerio comunitario por no tener medios para pagar… los únicos cementerios que pertenecen a la comunidad judía organizada y que se consideran judíos por estar bajo la supervisión rabínica, conforme a las normas de la tradición judía.

Ambos textos pueden tal vez explicar la presencia de dos apartamientos judíos (2) en “La Primavera”, un cementerio de carácter general, y por tanto abierto a diversas profesiones de fe y corrientes de pensamiento. Si bien el primer apartamiento data de la década de 1930, años críticos en la dilatada historia del pueblo hebreo, el segundo habría comenzado a funcionar hacia la década de 1970 (veintidós años después de la creación del Estado de Israel luego de culminada la segunda guerra mundial), según puede colegirse de la lectura de las fechas de fallecimiento entre las lápidas que se conservan en ambos apartamientos: la fecha más tardía observada en el primero es la de Hudie Edelstein, 1968; la más temprana en el segundo corresponde a Sose de Rosentul, 1971. De manera que, aun considerando una eventual actitud discriminatoria por parte de las autoridades municipales en Maracay durante los años 30 y 40 del pasado siglo, la existencia del segundo apartamiento no deja de restar fuerza a la posibilidad de una motivación involuntaria para la creación de los apartamientos en cuestión por parte de la comunidad judía local.

Estos recintos son de reducida superficie, están confinados por cercas y puertas en herrería artística de extrema sencillez, poseen monumentos modestos y carecen de imágenes religiosas. En tal sentido son reflejo de las costumbres funerarias del pueblo hebreo y de la comunidad judía local, y como tal poseen significación especial dentro del conjunto de bienes culturales del cementerio “La Primavera”.




Detalle de la herrería artística de forjado que delimita el apartamiento judío más antiguo (posiblemente de la década de 1930). Se trata de un enrejado de sencillo diseño compuesto de barras de hierro con puntas entorchadas y sujetas por pletinas perforadas, y de volutas simples fijadas mediante abrazaderas.


A propósito de dichos recintos, es oportuno señalar que en el judaísmo existen normas precisas que rigen el ritual funerario, y que en general han sido seguidas por la comunidad profesante de esta fe en Venezuela.(3)

Señala Bodrodowski de Adaszko (2006) que el código de la Ley Judía o mishná dicta la colocación en el piso de la persona fallecida para acercarle a la tierra de donde proviene y habrá de retornar. Se cierran los ojos y la boca, y sus manos y brazos son extendidos y dispuestos a cada lado del cuerpo, el cual se cubre con una sábana pues se considera deshonrosa la exhibición del cadáver (Fallecimiento, s.f.). Se coloca una vela encendida cerca de su cabeza en señal de respeto a su alma y para facilitar el ascenso de la misma al cielo. Se procede luego al lavado del cuerpo del mismo modo en que es lavado al nacer, labor a cargo de los miembros de la sociedad piadosa (Jevrá Kadishá) de la comunidad. Luego de un lavado meticuloso – proceso que incluye el corte de uñas y el peinado, pero que no admite el maquillaje-, el cadáver se coloca en una mortaja en señal de igualdad ante la muerte entre todos los seres humanos, y a objeto de ser sepultado directamente en tierra de acuerdo con lo escrito en Génesis (3:19): …”ya que polvo eres y al polvo volverás”. Por esta razón la ley judía prohíbe la sepultura en mausoleos y la cremación. En países donde la legislación no permite el enterramiento directo (como es el caso de Venezuela), se recurre al uso de ataúdes en madera de pino, poco resistentes a los agentes naturales de desintegración o se les practica orificios para favorecer la acción de dichos agentes y la integración de los restos a la tierra (Muerte, op.cit.; Bodrodowski de Adaszko, op. cit.).

Salvo en casos de excepción, debe procurarse el enterramiento lo antes posible, preferiblemente el mismo día del fallecimiento (Fallecimiento, op. cit.). En el cementerio se lleva a cabo una breve ceremonia donde se manifiesta la aceptación de la Justicia del Decreto Divino (Tziduk Hadin) y el rabino reflexiona sobre la muerte y la persona fallecida. Seguidamente se realiza a los dolientes directos mayores de 12 años la rasgadura de sus ropas (Keriá o Kriá) en señal de dolor y angustia por la pérdida del ser querido. Luego de la aceptación, por parte de los dolientes, de los designios divinos mediante el recitado del Kadish (plegaria que culmina con las palabras…”el que hace la paz en las alturas nos dará la paz a nosotros”; Muerte. op.cit., s.n./p.), se procede de inmediato al enterramiento y despedida. No se acostumbra colocar flores por ser éstas símbolos de vida, hecho que puede explicar la ausencia de floreros en la mayoría de los monumentos funerarios observados en los apartamientos judíos de “La Primavera”. Cumplido el mes de fallecimiento –e incluso la primera semana- puede colocarse una losa (Matzevá) en el lugar de sepultura, pero se acostumbra hacerlo más bien al cabo de un año, ocasión en que culmina el duelo y se rinde homenaje (Iortzait) al difunto o difunta. La piedra es considerada un símbolo de respeto y afecto pues mantiene vivo el recuerdo de la persona fallecida (Muerte, op. cit.; Bodrodowski de Adaszko, op. cit.).

Señala el primero de estos últimos autores que, más allá de la colocación de la Matzevá, en los cementerios judíos no se hacen monumentos funerarios, lo cual no concuerda con su presencia en los apartamientos del cementerio maracayero. En todo caso, tal como anota Bodrodowski de Adaszko, éstos no deben ser ostentosos, y, a pesar de la oposición de los religiosos en extremo, además del nombre del difunto o difunta y la fecha hebrea de fallecimiento, el epitafio puede incluir el nombre secular y la fecha gregoriana de deceso. El empleo de imágenes humanas en las sepulturas se considera una violación al segundo mandamiento (“no harás para ti escultura ni imagen”), y aunque la presencia de un retrato del difunto o difunta no está prohibido, es en cambio considerado de mal gusto (op. cit.), por lo que es posible que el referido precepto haya estigmatizado su uso en “La Primavera”.




 Obelisco a la cabecera de uno de los monumentos funerarios presentes en el apartamiento de mayor antigüedad. Además de la estrella de David, muestra inscripciones en hebreo y español, así como las fechas gregorianas de nacimiento y deceso.


Los dos apartamientos, denominados “Panteón de la colonia [judía]” en los libros de inhumaciones de "La Primavera", se localizan muy próximos uno del otro en el sector centro-oriental del cementerio y presentan una morfología similar: una planta rectangular confinada, con un solo vano de entrada guardado por una puerta metálica a dos hojas. Dicho vano comunica desde el exterior a un espacio con un mesón (donde se coloca el ataúd durante la ceremonia previa al enterramiento), transpuesto el cual se llega al área de sepulturas propiamente dicho. Ambos lucen muy descuidados y muestran señales serias de vandalismo, reflejado en la sustracción de lápidas y del material de revestimiento de los monumentos.




Pórtico del apartamiento judío más reciente (posiblemente de inicios de la década de 1970). Al centro se divisa el mesón para la ceremonia previa al enterramiento.



NOTAS:

(1) Voz griega que designa la dispersión del pueblo hebreo a través del mundo en el siglo II de la era cristiana (García-Pelayo y Gross, 1979).

(2) Se utiliza en este trabajo el término apartamiento en la acepción de “acción y efecto de apartar o apartarse” (Real Academia Española, 2001), a fin de diferenciar estos espacios confinados (no necesariamente de forma involuntaria) de otros existentes en “La Primavera”, como el Mausoleo de Juan Vicente Gómez y el Panteón del Aviador Caído, también separados del resto del cementerio por muros o rejas, separación que, sin embargo, no connota una motivación religiosa.

(3) De Lima (2005) muestra el caso excepcional del Cementerio Judío de Coro, en el cual son frecuentes las imágenes religiosas católicas como posible resultado de la integración a la sociedad local -no siempre voluntaria- de la comunidad judía sefardita radicada en la capital falconiana.



FUENTES:

Acosta, M. (2006). La dinámica de la simbología funeraria: Transformaciones materiales en el cementerio judío de Linniers. Acervo [Revista en Línea], 5(1), 42-55. Disponible: www.acervohistoricozulia.com/descargas/acervo_rev1-vol5.pdf [Consulta: 2010, Febrero 18].

Bodrodowski de Adaszko, S. (2006). Historia, rituales religiosos, costumbres, leyendas y preceptos en los entierros judíos. Acervo [Revista en Línea], 5(1), 56-72. Disponible: www.acervohistoricozulia.com/descargas/acervo_rev1-vol5.pdf [Consulta: 2010, Febrero 18].

De Lima, B. (2005). Dolor y amor, ángeles y plañideras: Cementerio judío de Coro. Apuntes [Revista en línea], 18(1-2), 56-69. Disponible: http://revistas.javeriana.edu.co/sitio/apuntes/sccs/tabla_contenido.php?id_revista=30 [Consulta: 2009, Octubre 9].

Fallecimiento. (s.f.). [Artículo en línea]. Disponible: http://www.kehilacordoba.org/_sentir_ciclodelavida_fallecimiento.asp [Consulta: 2011, septiembre 4].

García-Pelayo y Gross, R. (1979). Pequeño Larousse Ilustrado. Buenos Aires: Ediciones Larousse.

Muerte. (s.f.). [Artículo en línea]. Disponible: http://www.sefarad.as/ciclovi/muerte.htm [Consulta: 2011, Agosto 29].

Real Academia Española. (2001). Diccionario de la Lengua Española (22ª. ed.). [Libro en línea]. Autor. Disponible: http://buscon.rae.es/draeI/ [Consulta: 2011, Septiembre 5]

4 comentarios:

  1. Qué ineteresante, la verdad es que desconocía todo lo que nos cuentas acerca de los ritos y costumbres funerarias judñias, así como nunca había reparado en estos apartados.
    Me ha encantado la entrada de hoy.
    Saludos

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  2. Así es Claudia. Las ciudades son como las viejas quincallerías: si te detienes a escudriñar un poco, ¡encontrarás maravillas!

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