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lunes, 28 de noviembre de 2011

Una luz para nuestro patrimonio artístico urbano

A raíz del descubrimiento del hurto y agresión a la estatua del monumento al mítico Cacique Maracay, el domingo 4 de septiembre de 2011, publiqué tres entradas en este blog, los días 9, 12 y 20 de septiembre, que sin duda no agotaron el tema sobre el general estado crítico de las obras de arte en los espacios públicos de la ciudad.

En dichas entradas insistí en señalar que esta situación lamentable era en gran parte producto del descuido y la inconsciencia con que las autoridades y los ciudadanos tratamos la estatuaria y el equipamiento urbanos, que incluye no sólo las esculturas (estatuas y obras de arte) y los monumentos, sino también las fuentes, luminarias, bancos, rejas, jardineras, papeleras y otros elementos decorativos y utilitarios destinados a hacer más grato el espacio en el que hacemos vida.

No faltaron los ejemplos gráficos para constatar lo dicho, escogidos, por su contundencia y su significación, entre muchos otros que se perciben a lo largo y ancho de Maracay.

Entre los casos mencionados se encontraba una obra de Rafael Martínez (en el cruce de las avenidas Universidad y Narváez), de la que desconocía el título pues no llegué a ver su placa identificadora, que me imagino tuvo alguna vez, probablemente en hierro colado, como la que perduró hasta 2010 al pie de otra obra de Martínez, ubicada frente al mercado municipal (avenida Ayacucho).



Obra de Rafael Martínez, en el cruce de las avenidas Universidad y Narváez (Foto P.H., 2006)


Decía entonces que este era un caso ilustrativo de obras que, dado su estado lamentable y su desamparo, constituyen una diaria lección de indolencia, desvalorización, irresponsabilidad y negligencia para los habitantes de la ciudad: en el transcurso de varios meses la referida obra de Martínez se mantuvo sobre su pedestal colapsada desde su base, y cubierta de polvo y telarañas. Ante lamentable espectáculo, sugería también entonces su retiro por parte de la Alcaldía de Girardot, propietaria de la misma, en la convicción de que un pedestal vacío sería siempre una visión menos vergonzante y pervertidora.



Obra de R. Martínez colapsada (Foto P.H., 2011)


En un tono más irritado que derrotista, cerraba el asunto con estas frases: “Sin duda éstos son asuntos sobre los que las autoridades y los ciudadanos debemos reflexionar largo y tendido… ¡y con urgencia! De lo contrario, apaguemos la luz, y a otra cosa”.


Y bien… ¡al César lo que es del César!

En la segunda semana de noviembre me sorprendió (e inquietó) la ausencia en el sitio de la obra de Martínez. La inquietud, por fortuna, duró poco: alrededor de la base se había levantado una especie de jardinera, lo cual reducía la posibilidad de que hubiese sido objeto de hurto o vandalismo.



Pedestal sin la obra de R. Martínez (Foto: P.H., 2011)


¡La cuarta semana nos recibió con la obra de Martínez recuperada! Y digo recuperada en lugar de restaurada porque su color ha sido cambiado de azul a naranja, e ignoro si en ello tendría que ver la decisión de su autor. Prefiero pensar que sí.



Obra de Rafael Martínez recuperada y restituida en su pedestal (Foto: P.H., 2011) 


En todo caso, celebro la vuelta de la pieza de Martínez, titulada “Equilibrio” según reza la placa identificadora en la pared este del pedestal. Con su recuperación (y ojalá que también con su mantenimiento), la Alcaldía está cumpliendo con su parte; a los ciudadanos nos corresponde respetar su integridad física y artística, y colaborar en su salvaguarda.



Placa identificadora de la obra "Equilibrio", de Rafael Martínez. Sólo se echa en falta la fecha de creación (Foto: P.H., 2011).


Pero el significado de esta acción va más allá del hecho de reintegrar este bien cultural al patrimonio de la ciudad. Abre sobretodo una rendija de esperanza para otras obras de importancia al tiempo que restablece la credibilidad en la administración pública: en reciente edición del programa Escenario, conducido por Ydelise Rincón en la televisora regional TIC TV, William Hernández, Secretario de Cultura del estado Aragua informó sobre la futura recuperación de los espacios exteriores del Complejo Cultural Santos Michelena, y señaló expresamente la intervención con fines de conservación de “Tres figuras” y de “Tótem”, creaciones de dos artistas venezolanos internacionalmente consagrados: Marisol Escobar y Pedro Barreto, respectivamente.



Estado actual de "Tres figuras", obra de Marisol Escobar, 1968 (Foto: P.H., 2011).



Estado actual de "Tótem", de Pedro Barreto, 1968 (Foto: P.H., 2011).


Nada se habla por ahora de la “Vertical vibrante” de Alejandro Otero (en la redoma El Óvalo, sector Tapatapa), una de las obras de arte de mayor relieve en nuestros espacios públicos, dado el significado que posee para la historia del arte nacional. Insisto en que su restauración puede ser posible por mediación del Centro de Arte La Estancia-PDVSA, institución que ha tenido bajo su responsabilidad un trabajo similar, probablemente más complejo, con “Abra Solar”, otra obra de Otero, ubicada en la Plaza Venezuela de Caracas.



Estado en 2006 de "Vertical vibrante" de Alejandro Otero, 1968 (Foto: IPC, 2006).


Esperemos sinceramente que esta luz que ha sido encendida con la pieza de Rafael Martínez alumbre el camino para bien del resto del patrimonio artístico maracayero.



FUENTE:

Instituto del Patrimonio Cultural-IPC. (2006). Municipio Girardot y Francisco Linares Alcántara, estado Aragua: Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano. Región Centro-Oriente: AR-03-17. Caracas: Autor.

2 comentarios:

  1. Ah, una buena noticia, sin duda, aunque lo del color hace levantar mis más profundas sospechas de que ha sido "deliberado". En cuanto a las promesas de restaurar las dos esculturas que mencionaste, crucemos los dedos. La de Alejandro Otero, es una verdadera pena que continúe así. Son más de siete años... qué desidia... pero veamos el rayito de luz que se abre.
    Saludos

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  2. Pedro Hernández dice:
    Pues sí Claudia. Ya sabemos, la esperanza es lo último que se pierde... Y es sano para nuestro espíritu alimentarse de estos destellos que, todavía ocasionales y dispersos,nos sorprenden gratamente.

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